Manteniendo en la memoria el tremendo fracaso cosechado en la cumbre de junio pasado, en la que no consiguió entrevistarse con ningún líder europeo y a la que llegó diciendo que formábamos parte del eje hispano-franco-alemán, pero acabó votando junto a Reino Unido y Holanda, es totalmente lógico que el presidente Rodríguez Zapatero, haya calificado de «éxito indiscutible» el resultado de la última cumbre, en la que consiguió ser recibido tres veces por Chirac y una por Merkel, la fracasada, verdadera protagonista de la cumbre, pese a ser la primera vez que intervenía en una de ellas.
El Ministerio de Asuntos Exteriores del señor Moratinos, ya manejaba en el mes de enero un papel titulado The spanish problem in the 2007-2013. Financial perspectives negotiations. En dicho documento ya se daba como inevitable una pérdida de 43.715 millones de euros, es decir 6.245 millones de euros menos por año. Los expertos de Exteriores aseguraban que «el cambio de situación producirá un shock financiero en España de consecuencias sociales y económicas políticamente inaceptables».
En las vísperas de la cumbre, Fernando Molaleda intentó justificar que el desastre que se avecinaba, era consecuencia de la «herencia recibida» del anterior Gobierno del PP. Con este alto espíritu de lucha, el presidente Rodríguez Zapatero llegó a Bruselas, con el casco puesto y a la espera de que al menos las heridas no fueran mortales.
Tras las primeras escaramuzas, mientras Toni Blair se mantenía firme en su límite del 1'03%, y en mantener a toda costa el llamado cheque británico y Jacques Chirac no permitía en absoluto que se cuestionara el dinero destinado de la PAC, hasta 2013, tuvo que ser la novata Angela Merkel, en representación de Alemania, quien propiciara la solución al problema, proponiendo una subida del gasto hasta el 1'045 del PIB, arrancando a Blair parte de su cheque y a Chirac la promesa de revisar los gastos de la PAC en el horizonte de 2008-2009, cuando ya no estarán ninguno de los dos, pero con una aplicación efectiva siempre a partir de 2014.
El resultado final de la batalla lo dio el socialista Blair cuando en su rueda de prensa del sábado dijo que «Europa salía enormemente beneficiada y que los grandes perjudicados del acuerdo eran España e Irlanda».
Si analizamos las cifras netas de la cumbre vemos que efectivamente España se convierte en el mayor contribuyente a la ampliación y en el que mayor porcentaje del PIB nacional aporta a las arcas comunitarias y además somos el país que más fondos pierde, frente a países mucho más ricos como Francia y Alemania, que tienen unos 30.000 millones de euros de pérdida. El propio Blair se defendía de las criticas de sus compatriotas, por una perdida neta cifrada en 10.000 millones, diciendo que no se podía mantener una postura inamovible cuando países como España perdían el 85% de sus ayudas.
España, representada por Rodríguez Zapatero ha vuelto a ser de nuevo un figurante. Hemos negociado mal, al asumir como inevitable tanto el recorte del gasto, como que debíamos perder una parte importante de los fondos estructurales y aceptado una oferta muy inferior a la que rechazamos en junio, aunque ahora vaya adornada por las guindas de la prórroga de los fondos de cohesión hasta 2013 y la concesión de un fondo de 2.000 millones de euros para I+D.
Si hablamos en términos agrícolas, se ha respetado el acuerdo alcanzado en 2002 para medidas de mercado y ayudas directas, pero se ha reducido de forma muy importante las ayudas al desarrollo rural, hasta los 60.625 millones de euros, cifra muy inferior a la propuesta en la presidencia de Luxemburgo. Se ha aceptado además una peligrosa revisión a medio plazo, en el horizonte 2008-2009, de la que saldrá con toda posibilidad un drástico recorte para todas las ayudas agrarias.
Todo lo ocurrido viene a ratificar que una vez más que Rodríguez Zapatero ha acudido a la cumbre en una actitud de inaceptable sumisión a los grandes países europeos, la misma que presenta ante las regiones nacionalistas españolas y con los deberes sin hacer, recuérdese el viaje de Moratinos a África en vísperas de la cumbre. En Europa lo importante es trabajar, llevar los temas bien estudiados y no la palabrería hueca y las buenas intenciones. España ha perdido otra oportunidad histórica y es que una cosa es el talante y el buen rollito y otra los fondos europeos.
Joaquín Maestre Albert es director general para la Política Agraria Común de la Comunidad Autónoma de Murcia.