Hay dos modalidades de criopreservación: la suspensión total, que mantiene el cuerpo completo, y la neurosuspensión, que consiste en guardar sólo la cabeza una vez separada quirúrgicamente del cuerpo. Igual que en la serie animada Futurama, en la que las cabezas de personajes famosos actuales viven en el futuro dentro de frascos de cristal. En este caso, desprenderse del cuerpo supone la mitad del precio, 60.000 euros. Esa cantidad se puede pagar de una vez o en cómodos plazos, como pasa con un electrodoméstico. Además, la persona criogenizada se asegura unos ahorros porque una parte de este dinero se guarda para que pueda sobrevivir al despertar, cuando su cabeza se una a un cuerpo artificial.
En la actualidad, Alcor mantiene a 65 pacientes declarados legalmente muertos, aunque se desconoce el porcentaje de cabezas y cuerpos. Un caso fallido fue el del matemático Thomas Donaldson, enfermo de cáncer de pulmón, que solicitó permiso legal para congelar su cabeza, pero un error de su mujer terminó con su deseo.
Alrededor de la criogenización hay muchas leyendas urbanas como las que aseguran que Walt Disney y John F. Kennedy estás congelados a la espera de tiempos mejores. Pero una cosa es cierta: hay cadáveres que se conservan en frío esperando regresar a la vida, sin que un bicho como Alien trunque sus expectativas.