El pequeño Lenin

Demasiado perro

Como todo paranoide filocomunista, Pablo Iglesias es capaz de laminar a un tipo por una cosa y a otro por exactamente lo contrario

Jerónimo Tristante
JERÓNIMO TRISTANTE

Ha decepcionado a millones de españoles. Y no me extraña. Menudo fulano. Recuerdo perfectamente la primera vez que lo vi. Zapeando un sábado por la noche, me di de bruces con un tipo con coleta, 'repantiago' en un sofá, relajado, se descojonaba y despachaba sopapos verbales en todas direcciones. Había cinco periodistas a su alrededor y tenía para todos. Daba bien, dominaba el medio y sabía comunicar. Pero hubo algo que me llamó la atención: su tono, faltón, llegó incluso a insultar a algún interlocutor. Había conseguido unos resultados aceptables en las europeas e iba 'sobrao'. La primera impresión es la que cuenta. Y fue mala. Pensé: ¿si actúa así ahora, cómo la hará si llega a tener el BOE a su servicio? Sentí pánico.

Decían lo que queríamos oír. Luego cometí el error de prestar atención a lo que decían. Eran jóvenes y proponían no gobernar contra la gente sino para la gente. Aquello nos gustó. He sufrido a un partido que gobierna contra el pueblo a nivel nacional y sobre todo, a nivel regional -que se lo digan a los vecinos de Santiago el Mayor- y aquello sonaba 'muuuuy' bien. Hablaban de dación en pago, de «la casta». Me dejé embaucar.

Primeras señales de alarma. Si Rajoy gobierna en Madrid es porque Pablo Iglesias quiso. No lo olviden. Mariano no tuvo pelotas para presentarse ante el Congreso y Pedro Sánchez sí. Y ahí, vino Pablito y jodió el invento. Me pareció muy significativa la manera en que boicoteó un gobierno de izquierdas porque creía que si se presentaba con Izquierda Hundida, protagonizaría el 'sorpaso' en unas nuevas elecciones. Ya escribí un artículo sobre el tamaño de su ego, que se ve desde el espacio como la muralla China. Hizo que el PSOE no pudiera llegar al gobierno y provocó mi suspicacia en aquel momento. ¿Por qué? Pues porque después de años de ataques feroces del PP a la sanidad y enseñanza públicas, Pablo Iglesias no pedía al PSOE dichas carteras para desfacer el entuerto, no. Pidió Interior, pidió Economía, pidió el CNI, pidió Defensa… Las pistolas y las perras. Eso quería.

Asomó la patita bajo la puerta. Ahí lo vi claro. No venían a ayudar a los desfavorecidos, a los embargados, a los dependientes. ¡Estos tíos venían a tomar el Palacio de Invierno! El tipo, de turbias relaciones con Venezuela, estaba en 1917. Vive en otra época, un delirio. Ahí comprendí que no era trigo limpio, que era un revolucionario de otro siglo y de otro lugar. Un fulano que no encaja, ni de coña, en una Europa civilizada del siglo XXI. Encima, como buen aprendiz de Lenin, o mejor, de Stalin, ha ido dejando fiambres políticos a su paso. De los cinco de Vistalegre solo queda él. Y conserva el poder. Sus compañeras sentimentales han sido aupadas a puestos preclaros. Montero ya no vive con él. A ver cuánto tarda en perder los cargos que ostenta en el Congreso. Como todo paranoide filocomunista, es capaz de laminar a un tipo por una cosa y a otro por exactamente lo contrario. Así se explica que finiquitara a Bescansa por decir que Podemos necesitaba tener un proyecto claro en lo que se refiere España, y a Fachín por independentista. Se cargó a Monedero por sus tejemanejes y a Errejón porque es mil veces mejor que él.

Lo de Cataluña, la puntilla. Alguien dijo que se puede engañar a unos pocos mucho tiempo o a todos durante un ratito, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo. El asunto de Cataluña puso en relieve su verdadera forma de pensar: izquierdista trasnochado, caduco, frentista y, sobre todo, adanista. La ha liado parda. Poca gente en España le votará, aún siendo de izquierdas, porque rezuma odio al país que, pretende, le vote. Ha hundido a su partido. De nada sirvió la ilusión. Aquellos discursos, la renovación de una sociedad. Era todo mentira. El avión estaba pilotado por un primate desquiciado. Un tío que vive en la Guerra Civil. La gente no es tonta y no va a votar eso. «¡Visca Catalunya Lliure!», grita el menda, y a continuación quiere que le voten en Triana, Chamberí o Logroño. Así no salen las cuentas, y es lógico. Lo siento por Urralburu, que es un tío cojonudo. Pero el ego de Pablito, sus excentricidades y su patología, han hundido un proyecto que fue ilusionante. El proyecto fue monopolizado por alguien que tiene muchos conflictos internos que aclarar, necesita muchas horas de psicólogo. Se ha 'cargao' su partido. DEP.

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