Un peligroso cóctel de alcohol y genes

María Eugenia de la Morena, Toñi Miñano, José Padilla y Javier Corral, en el laboratorio del Centro Regional de Hemodonación-IMIB./N. García / AGM
María Eugenia de la Morena, Toñi Miñano, José Padilla y Javier Corral, en el laboratorio del Centro Regional de Hemodonación-IMIB. / N. García / AGM

Investigadores del Centro Regional de Hemodonación descubren que una alteración genética aumenta el riesgo de síndrome alcohólico fetal

Javier Pérez Parra
JAVIER PÉREZ PARRAMurcia

Beber durante el embarazo, por muy poca que sea la cantidad, puede tener graves consecuencias en el recién nacido. Lo advierten todos los pediatras porque es algo que la ciencia determinó hace tiempo, como también las secuelas que conlleva el síndrome alcohólico fetal: desde retraso en el desarrollo psicomotor y daño cerebral a anomalías faciales e incluso cardiopatías. El efecto del alcohol sobre el desarrollo embrionario ha sido ampliamente estudiado, pero hasta ahora faltaba una pieza en el puzzle, y esa pieza la ha encontrado, escrita en los genes, el Grupo de Investigación en Hemostasia y Trombosis del Centro Regional de Hemodonación y la Universidad de Murcia.

Los investigadores murcianos han descubierto que determinadas alteraciones genéticas que afectan a la glicosilación -un proceso esencial para el correcto funcionamiento de las proteínas- incrementan considerablemente el riesgo de padecer síndrome alcohólico fetal (SAF). Esto implica que en esta enfermedad hay una base, o al menos un componente genético, que hasta ahora se desconocía.

Síndrome alcohólico fetal
Se produce por el consumo de alcohol durante el embarazo. Los bebés afectados nacen con déficit del desarrollo cognitivo, retraso psicomotor y un menor peso al nacer. También pueden aparecer anormalidades faciales. La incidencia se estima en entre dos a cuatro casos por cada 1.000 nacimientos.
La alteración genética
Los investigadores han determinado que variantes en genes implicados en la glicosilación (un proceso esencial para el correcto funcionamiento de las proteínas) incrementan el riesgo de padecer el síndrome.

El estudio, coordinado por Javier Corral, tiene como primera firmante a la investigadora postdoctoral María Eugenia de la Morena, y acaba de ser publicado en la revista científica 'Pediatric Research'. Para este proyecto, el Grupo de Investigación en Hemostasia y Trombosis ha contado con la colaboración de la unidad de Genética Médica y Dismorfología del Virgen de La Arrixaca, que dirige Encarna Guillén. También han participado el servicio de Genética Clínica del Vall D'Hebron, la unidad de Investigación sobre Infancia y Entorno del Hospital Clínico (ambos en Barcelona), y el departamento de Dismorfología y Teratología de la Universidad de California, en San Diego (EE UU).

«Ha sido un proceso apasionante, en el que hemos ido tirando del hilo hasta dar con este hallazgo», explica Javier Corral. El Centro Regional de Hemodonación es una referencia en el estudio de la deficiencia de antitrombina, una enfermedad hereditaria rara provocada por el déficit de esta proteína, implicada en el proceso de coagulación. Los afectados sufren mayor riesgo de trombosis. En Murcia se analizan muestras de pacientes de toda España y de otros países. «El 80% de los casos están relacionados con mutaciones genéticas perfectamente descritas que provocan la deficiencia de antitrombina. Pero en el otro 20% de pacientes nos encontramos con que no hay tal alteración», explica Corral. Los investigadores murcianos se pusieron manos a la obra para tratar de desentrañar las causas en este 20% de casos. El estudio, liderado por María Eugenia de la Morena, permitió encontrar variaciones en los genes implicados en la ruta de la N-glucosilación de la antitrombina que explicaban su deficiencia y con ello la trombosis. Las conclusiones fueron publicadas en el 'Journal of Thrombosis and Haemostasis'.

Trastornos de glicosilación

Pero el hallazgo abría muchos interrogantes. Las alteraciones que habían sido descritas coincidían con las mutaciones que provocan una enfermedad rara muy poco frecuente y extraordinariamente grave, el trastorno de glicosilación congénito (CDG). La diferencia estriba en que mientras en el CDG la mutación afecta a los dos alelos del gen (es una enfermedad autosómica recesiva, y por tanto el paciente hereda dicha alteración de los dos progenitores), en los afectados por deficiencia de antitrombina solo está presente en uno de los dos alelos (un solo progenitor). Los investigadores detectaron, además, una llamativa coincidencia: sin llegar a ser alcohólicos, todos estos pacientes bebían. Así, María Eugenia de la Morena puso sobre la mesa una hipótesis: el alcohol potencia el efecto patogénico de la alteración genética, dando lugar a la deficiencia de antitrombina y, con ello, a la trombosis. Sin el alcohol, no hay deficiencia. Esto orientó la búsqueda hacia el síndrome alcohólico fetal, porque en esta enfermedad coincide el consumo de alcohol en las madres con síntomas muy similares a los trastornos de glicosilación congénitos (CDG).

En definitiva, ¿y si estos bebés son portadores de estas alteraciones genéticas pero solo en uno de los dos alelos, y por eso no desarrollan CDG pero sí el síndrome alcohólico fetal debido a que sus madres beben, potenciando con ello el efecto patógeno de la mutación? Dicho de otro modo: ¿y si es un cóctel de genética y ambiente el que desencadena el trastorno? La respuesta, tras un largo estudio con 25 niños con síndrome y otros 20 sanos, ha sido afirmativa. Después de secuenciar 74 genes que intervienen en la N-glucosilación, se detectaron tres casos entre los 25 niños afectados por el síndrome alcohólico fetal, cuando la prevalencia de estas alteraciones en la población general es bajísima, por debajo del 1% de la población. La conclusión, por tanto, no puede ser otra que la del incremento del riesgo cuando estas variantes están presentes. Esto no significa, advierten los investigadores, que desaparezca el peligro en aquellos embriones que no son portadores de estas alteraciones. Además, no todas las variantes están descritas, ni se conocen sus implicaciones. Pero el Grupo de Hemostasia y Trombosis ya está en ello, dispuesto a seguir desentrañando lo que está escrito en nuestros genes.

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