El pastel presupuestario

Las cuentas estatales de 2018 elevan un 25% la inversión pública en la Región de Murcia, lo que sirve para recuperarnos del batacazo del pasado año y crecer ligeramente respecto a 2016. Mejoramos, pero no hay razones para la euforia

Alberto Aguirre de Cárcer
ALBERTO AGUIRRE DE CÁRCER

Los Presupuestos Generales del Estado hay que analizarlos como el currículum académico de Cristina Cifuentes y el de no pocos políticos. Con mucha cautela y un prudente distanciamiento. Más aún si se trata de las cuentas públicas previas a una cita en las urnas, donde siempre hay guiños a nichos del electorado (subidas para pensionistas y funcionarios, rebajas fiscales para las rentas más bajas...) o a comunidades autónomas cuyas fuerzas mayoritarias son claves para su aprobación. Desde una perspectiva regional, lógicamente la mirada se focaliza en la inversión pública territorializada. Es la fórmula habitual para comprobar cómo salimos parados en el reparto del pastel. Y lo primero que cabe decir de los Presupuestos presentados por Montoro es que ni son tan maravillosos para la Región de Murcia como sostiene el Gobierno de López Miras y el PP, ni tan horrorosos como afirma el principal partido de la oposición.

Sin duda, en cuanto a inversión pública, son mejores que los del año pasado. Para Murcia y para el resto de comunidades. En todas ellas, excepto en Canarias, cayó la inversión estatal en las cuentas de 2017. El recorte fue especialmente duro para nuestra región, que perdió 58 millones, nada menos que un 19%. Por el contrario, en el Presupuesto para 2018 la inversión repunta en todas las comunidades, salvo en La Rioja y Navarra. Murcia es la quinta donde más sube. Un 25%, hasta alcanzar los 340 millones. Pero si comparamos la inversión territorializada de los últimos tres años, veremos que en realidad solo crecemos en una decena de millones respecto a 2016. De aprobarse en el Congreso, estos Presupuestos servirán fundamentalmente para recuperarnos del batacazo del pasado año, crecer ligeramente y dar continuidad a esos proyectos estratégicos regionales cuyos presupuestos se deslizan de un año para otro sin que parezcan tener fin. Si la única alternativa es una prórroga de las cuentas vigentes, mejor será que se aprueben estas nuevas, donde aparecen consignados todos los proyectos regionales relevantes, aunque algunos sin asignación concreta sino englobados en partidas más amplias o mencionados en las memorias aportadas por los distintos ministerios. Dicho eso, por favor, que nadie repita que son «los mejores de la historia de la Región». Hay hipérboles que producen bochorno. Recibimos 340 millones en 2018 cuando en 2015 se nos asignaron 428. Y ya no solo por la cifra global prometida. Aunque parte de la financiación para la recuperación del Mar Menor llegará a través de fondos comunitarios Feder, es clamorosa la ausencia de fondos destinados directamente por el Ministerio de Medio Ambiente. Tampoco constan las necesarias inversiones ferroviarias en Cercanías, que se concentran en Madrid y Cataluña.

Existen otros elementos de valoración que tampoco pueden perderse de vista. Por un lado, la inversión estatal per cápita. En gasto por habitante salimos a 231,7 euros por murciano. Ligeramente por encima de la media nacional y mejor que valencianos, catalanes, andaluces y baleares, pero muy lejos de cántabros (468 euros), castellanoleoneses, extremeños, gallegos y aragoneses. Por otro lado, está el nivel de ejecución de los Presupuestos, lo que realmente luego se gasta, que siempre es mucho menos de lo que aparece en las cuentas del ministro de Hacienda de turno.

Así, según la Intervención General del Estado, se invirtieron 82 millones menos de los presupuestados en la Región para 2016. Adif fue la sociedad pública que ese año dejó más dinero sin gastar y el AVE, el proyecto más perjudicado por los incumplimientos. La Mancomunidad de Canales de Taibilla solo ejecutó el 27% de sus inversiones previstas y Acuamed, la empresa pública de las desaladoras, el 4,5%. Según un estudio de Croem, el nivel de ejecución presupuestaria en el trienio 2014-2016 fue del 50,2%, el tercero más bajo del país. Y si el rango temporal se amplía a diez años, desde 2006 a 2016, la ejecución fue del 57,6%, dejándose de gastar un total de 1.871 millones en la Región. Las partidas se fueron deslizando de un Presupuesto a otro, con el PSOE y el PP, condenando a perpetuidad a los proyectos estratégicos regionales. De ahí que el AVE aparezca en los Presupuestos desde tiempos inmemoriales. Y no se ven visos de cambio. El último informe de la Intervención General del Estado, relativo al primer semestre de 2017, muestra que sigue esta tónica en la Región de Murcia. El nivel de ejecución presupuestaria fue del 41%, cifra que baja en el sector público empresarial (Adif, Acuamed, Sepi, Puertos del Estado...) hasta el 18,4%.

Con la economía en crecimiento y el déficit bajo control, Montoro y Rajoy abrieron un poco la mano y, pese a la mareante deuda, impulsan un 15% la inversión en las autonomías, que irá sobre todo a obra pública. Sin embargo, la realidad es que la inversión en España sigue por debajo del 2% del PIB y los calendarios de ejecución de los proyectos se dilatan tanto en el tiempo que pierden toda credibilidad y se reciben con generalizado descreimiento, por muy frenética que sea la campaña de compromisos lanzada por el ministro Íñigo De la Serna en todo el país. Con las cuentas de 2018, si resultan aprobadas, se podrá recuperar una parte del terreno perdido, fundamentalmente a través de Fomento, dado que el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente sigue estancado en los bajos niveles del pasado año. En suma, las cuentas públicas son mejores sobre el papel que las de 2017, pero no hay ninguna razón para recibirlas con especial euforia en una región que tendrá menos inversión que en 2015 y donde el incumplimiento presupuestario se ha convertido en la norma.

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