«Me paso la primavera y el otoño estornudando»

J. P. P. MURCIA

Miguel Ángel Tomás, informático de 37 años, padece alergias desde que tiene uso de razón. «Cuando tenía unos cuatro años, me puse a comer pipas y empecé a hincharme. Mi hermano, que estaba conmigo, me dijo: 'Pareces un monstruo'. Menos mal que estaba él y avisó a mi madre». Terminó en Urgencias y se acabaron las pipas. Pero después llegó el melocotón, y también el azafrán. «Pasaba lo mismo cada vez que comía algo con esa especia, me ponía rojo, tenía una reacción alérgica y me tenían que poner Urbason».

Ya en la consulta del médico, a Miguel Ángel le detectaron también sensibilidad a la penicilina. Desde entonces, lleva siempre una cadena al cuello donde lo advierte, para que no haya riesgos en caso de una hipotética urgencia. Tampoco se libra de la rinitis por pólenes de olivo y salsola, los más comunes en la Región. «Me paso la primavera y el otoño estornudando», resume. Por eso, ha decidido vacunarse, siguiendo las indicaciones de su alergólogo. Aparte de los antihistamínicos para mitigar los síntomas, la inmunoterapia específica (las vacunas) representan la única herramienta verdaderamente eficaz.

Las alergias pueden aparecer en cualquier momento. Miguel Ángel Tomás las sufre desde niño, pero Juan José López, de 31 años, no había notado síntomas hasta hace «tres o cuatro meses». «Empecé con picor en la nariz, estornudos, irritación en los ojos, y le pedí a mi médico de familia que me derivara al alergólogo», explica. Las pruebas no han dejado lugar a dudas: ha desarrollado alergia al ciprés, al plátano de sombra y también al epitelio de perros y gatos. Toca echar mano de antihistamínicos y esperar a que llegue el verano.

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