«Queremos pasar en La Manga lo que nos queda de vida»

Alec observa un plano del proyecto con Margarete Hellings./A. Gil
Alec observa un plano del proyecto con Margarete Hellings. / A. Gil

La pareja británica que forman Alec y Jill se imaginan ya en el primer residencial comunitario de lujo para mayores que habrá en la Región

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

«Queremos morir aquí», afirma la londinense Jill, residente desde hace 20 años en La Manga Club. Alec, su marido, camina con el apoyo de un andador metálico sin perder la sonrisa, aunque ambos saben que el reloj no duerme en su afán de hacernos vulnerables al dolor de huesos, a un corazón descacharrado o a la soledad. Esta pareja británica sopesa las ventajas de instalarse en La Manzana, el primer residencial comunitario que se construirá en la Región según el diseño del arquitecto Pedro Martín, del estudio madrileño Artefacto, para que sea una realidad dentro de dos años en Las Acacias, un paraje dentro de los dominios de La Manga Club.

Habrá otros clones de La Manzana en el Mar de Cristal y en Los Nietos, pero no tendrán la exclusividad del pionero, pensado para mayores con elevado poder adquisitivo.

La fórmula de vida comunitaria, que surgió en Dinamarca en los años sesenta, combina la privacidad del hogar con los espacios y servicios compartidos que, de otra manera, no se podrían financiar. «No podría tener una piscina climatizada y otra al aire libre en casa, ni servicio de fisioterapia o catering, si no es con el método del 'cohousing', que permite financiar instalaciones y servicios para una comunidad», explica el arquitecto.

El concepto de vivienda colaborativa en cooperativa se impulsó en los años 80

Fue ya en los años 80, cuando los arquitectos norteamericanos Charles Durrett y Kathryn McCamant perfeccionan la idea con la incorporación del cooperativismo y el concepto de vivienda colaborativa.

Al norte de Madrid funciona desde hace años Trabensol, «un proyecto joven para mayores», como se define la cooperativa sin ánimo de lucro. A los cuatro años de crearse la cooperativa, ya tenían lista de espera. Han proliferado después en Málaga, Valladolid, Cuenca, Cantabria o Tarragona, aunque nunca hasta ahora en la Región.

La solución del 'cohousing'

«El 'cohousing' (residencial comunitario) es una solución interesante que vamos a tener en cuenta porque queremos pasar aquí lo que nos queda de vida», explica Jill. La responsabilidad laboral de Alec, quien se ha ocupado de la Comunicación de IBM en diversos países del mundo, les ha llevado a infinidad de hogares, aunque para Jill «este lugar es perfecto porque hago senderismo y golf, nos encanta la playa y la vida social es impresionante». El sonriente Alec, nacido en el mismo pueblecito encantador que Shakespeare, Stratford upon Avon, lo redondea: «Es un paraíso».

Lo descubrieron hace más de 20 años, a través de un anuncio en un periódico de La Manga Club, que ahora cumple 45 años. «Es un entorno perfecto para nosotros, porque no hay muchas escaleras, un paisaje bonito y tenemos cerca El Batel de Cartagena, a donde vamos a ver el ballet y también teatro, ya que estoy aprendiendo español», explica Jill. No le cabe duda a la pareja: «Hemos sido muy felices aquí y es donde queremos morir».

Ni siquiera la locomotora del 'Brexit' los sacará de su edén en la costa murciana. Ni a ellos ni a la mayoría de los más de 20.000 británicos empadronados en la Región, según explica el cónsul del Reino Unido en la Región, Enrique Berdonces, abogado del proyecto comunitario. «Habrá residentes que elijan comprar un apartamento para el resto de su vida y otro por unos años, podrán vender, alquilar o tener la propiedad vitalicia, y los servicios se pagarán colectivamente», explica Berdonces. Al hablar de un residencial para mayores, pide desterrar la idea de un geriátrico o un hospital: «Estará totalmente abierto. Entrarán y saldrán las familias, los amigos y los niños», afirma.

Compañía y servicios

«Hay gente con mucho dinero pero que sin embargo es infeliz», les explica la agente de Quality Homes, Margarete Helling, que comercializa los apartamentos. «Tienen una gran casa que compraron en otras circunstancias de su vida, cuando la compartían con los hijos o la pareja, y ahora se ven debilitados por la edad y se encuentran solos. Algunos piensan en regresar a sus ciudades, pero allí ya no tienen conexiones. Creo que hay que tomar decisiones a tiempo», explica Helling.

«El cohousing es para gente interesada en unirse», señala, ya que los servicios como la atención médica permanente, la fisioterapia, el catering, la limpieza y la lavandería, e incluso las actividades lúdicas y culturales, se financiarán a través de cooperativa. El residencial ha sido trazado con calles provistas de locales para hacer talleres, una biblioteca, un salón de actos, salas de juegos y gimnasio. «Siempre proyecto lo que yo desearía», afirma el arquitecto. Por eso no ha prescindido de «la plaza, tan mediterránea, para encontrarse en terrazas y restaurantes para comer y cenar a la sombra de árboles». Terrazas, huertos urbanos, una piscina climatizada y otra descubierta, zona de barbacoa y jardines pintan el destino ideal para pasar los últimos años de la vida.

Reducir costes

«La arquitectura tiene que dar soluciones a las necesidades de la gente», explica Martín, quien no ha olvidado dotar de accesibilidad todo el recinto, puertas anchas y pasos holgados para que los residentes no encuentren obstáculos.

También está previsto reducir costes con las energías alternativas y con la financiación comunitaria. «Vivir solo es caro. En comunidad es más barato», explica. Para el arquitecto, «la vida tiene que entrar en este recinto, por eso el circuito de campo para pasear, las sombras para compartir una ensalada de tomates cultivados allí mismo. Es la filosofía de vida mediterránea».

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