Los pescadores del Mar Menor preparan sus redes para 'la racha'

Un barco preparado para salir a las primeras señales de descenso térmico./Alexia Salas
Un barco preparado para salir a las primeras señales de descenso térmico. / Alexia Salas

Los días de noviembre con descenso térmico llevan a la lonja el 50% de las capturas anuales. Los trabajos de extracción de barcos junto al Estacio ponen en peligro la mayor campaña de pesca del año

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

No hay pescador del Mar Menor que en estos días no tenga todas las redes en perfecto pase de revista, que no haya tensado las relingas de plomo, y puesto en estado de alerta a su tripulación para salir pitando a la primera señal de 'la racha', como conocen los trabajadores de la laguna esos días de noviembre que llenan la lonja con el 50% de las capturas de todo el año. El único secreto es estar preparado, ya que «resulta difícil saber cuándo llegará», explica Jesús Gómez, patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de San Pedro, que agrupa a todos los del Mar Menor. Al menos tres factores tienen que confluir en la laguna: la luna creciente, un descenso térmico que, en un descuido del persistente verano, de pronto eriza la piel, y el viento Mistral que alborota la quietud de la laguna.

«Con la primera borrasca y la primera bajada de temperatura, las doradas que estaban tranquilas buscando alimento en el agua cálida del Mar Menor se alteran y comienzan su huida hacia las golas», anuncia el patrón. Llega de forma inesperada, como suceden los cambios climáticos en la albufera, así que los armadores se mantienen alerta para llegar a la franja de La Manga antes que la gran mancha de doradas. Es una carrera a vida o muerte. Ellas huyen en éxodo hacia el Mediterráneo al toque de campana de la naturaleza. Los pescadores se dejan quemar la piel al sol y el salitre por su supervivencia. Juegan con la ventaja de la observación de la laguna durante siglos, así que la carrera siempre es desigual. «Los pescadores las esperan en ciertas zonas, que llamamos los 'reosos', porque en las golas hay mucha corriente y rompe las redes», explica Gómez.

La 'racha' dejó el año pasado en su primer día casi 19.000 kilos de pescado y 68.000 kilos en cuatro jornadas en las que la lonja de Lo Pagán se llenó de rascacielos blancos con las cajas dispuestas en torres para la subasta. Una actividad frenética se desencadena junto a la euforia de la recompensa por las duras madrugadas de insomnio en la laguna, las preocupaciones por los altibajos de los precios y, sobre todo, la incertidumbre de asomarse por la borda y no ver los interiores del Mar Menor con la claridad de antes.

Con el pescado, la Cofradía de San Pedro descarta todo temor. «Los controles sanitarios analizan el pescado de forma constante y queda patente que tiene la misma calidad de siempre», explica con frecuencia el patrón.

Los cambios en la pesquería que han detectado en las últimas décadas centran el foco en la predominancia de unas especies sobre otras. No siempre fue el Mar Menor un reino de la dorada, ya que su antecesor en mayoría fue siempre el mújol, actualmente en franca recesión. En el origen de estos cambios señalan la apertura del canal de El Estacio en los años setenta, por eso se oponen al dragado de las golas. «El Mar Menor tenía más especies. Con el canal, entraron especies invasoras como la caulerpa que hicieron perderse los salmonetes, el mújol y el magre», explica el patrón. No duda de que «la apertura del canal le costó dinero a los pescadores. Con la pérdida de salinidad bajó también la cantidad». Por eso se alinean con la comunidad científica, que siempre vio con recelo el dragado de las golas. La Cofradía solo se muestra partidaria de «recuperar el calado natural de las golas».

El patrón mayor cree que solo la gola del Ventorrillo -cuya encañizada se proyecta recuperar- «está ciega desde hace 20 años, ya que La Charca tiene una compuerta que regula la entrada de agua a los canales de Veneciola». La de Marchamalo ya la dragaron la pasada primavera, dando lugar a la polémica de las arenas destinadas a revestir las playas. La encañizada de La Torre, explotada y mantenida por la mercantil Pescados Albaladejo, deja ver en su horizonte una draga para la recuperación puntual del calado sin el cual la circulación de las doradas y lubinas impediría la eficacia de este sistema de pesca ancestral.

La cofradía teme que «un dragado general pueda alterar el ecosistema». «La solución es cortar de una vez los vertidos y no pasar los problemas del Mar Menor al Mediterráneo, donde tenemos una franja de posidonia que hay que preservar», señala Gómez.

Fondos removidos

La principal preocupación de los pescadores estos días se encuentra junto al canal de El Estacio. En la compañía -caladero- conocida como el Seco Grande, trabaja la Unidad de Buceo de la Armada a petición de la Consejería de Turismo para extraer unas embarcaciones hundidas, cuyas labores ponen en peligro el resultado de la 'racha'. «Es una zona importante de pesca para nosotros y nos perjudica mucho que remuevan los fondos, ya que no es bueno ni para el Mar Menor ni para los pescadores», afirma el patrón.

La cofradía no oculta su malestar por la elección de la fecha con mayores expectativas de pesca para extraer barcos en la laguna. Unos trabajos que no han tenido aviso previo a navegantes ni a los pescadores. De hecho, el pescador al que le tocó en el sorteo la compañía del Seco Grande ya ha sufrido las consecuencias: en los últimos días se han encontrado las redes rotas, por lo que estudia reclamar indemnización. Ya han solicitado la suspensión temporal de los trabajos.

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