Confiesa que apuñaló ocho veces a su mujer pero ella quiere «olvidar todo lo que pasó»

Iliya T.A. durante la vista del juicio en la sala de la Audiencia Provincial de Murcia. /Edu Botella / AGM
Iliya T.A. durante la vista del juicio en la sala de la Audiencia Provincial de Murcia. / Edu Botella / AGM

El búlgaro Iliya T. reconoce que asestó ocho puñaladas a su pareja en un bar de la pedanía de Canara en un «ataque de celos», pero niega que quisiera matarla

Alicia Negre
ALICIA NEGREMurcia

La mujer de Iliya T. A. le ha perdonado. Esta búlgara de curvas rotundas y mirada profunda quiere enterrar el pasado y recuperar la vida con su marido, pese a las ocho puñaladas que éste le propinó, guiado por "los celos", el pasado junio en la terraza de un bar de la pedanía ceheginera de Canara. "Él se arrepintió enseguida y quería ayudarme. Nunca quiso matarme", ha sostenido hoy ante el tribunal la mujer. "Quiero vivir con él y olvidar todo lo que pasó".

La mujer de Iliya T. A. le ha perdonado. Esta búlgara de curvas rotundas y mirada profunda quiere enterrar cuanto antes el pasado y recuperar la vida con su marido, pese a las ocho puñaladas que este le propinó, guiado por «los celos», el pasado junio en la terraza de un bar de la pedanía ceheginera de Canara. «Él se arrepintió enseguida y quería ayudarme. Nunca quiso matarme», sostuvo ayer ante el tribunal la mujer, con un hilo de voz. «Quiero vivir con él y olvidar todo lo que ha pasado».

La víctima, que quedó con la hoja del cuchillo clavada en la espalda, dice que quiere retomar su vida con su esposo y «olvidar lo que pasó»

Pese a las pretensiones de la víctima, la fiscal encargada del caso, Dolores Ruiz, cerró la puerta ayer a un posible acuerdo de conformidad y mantuvo su petición de ocho años de prisión para el acusado por un presunto delito de tentativa de homicidio. Además reclamó una orden de alejamiento que le impida acercarse a su mujer durante una década. La representante del Ministerio Público sí entiende que el búlgaro tenía intención de acabar con su esposa dada la brutalidad de la agresión. «No desistió de su ataque», remarcó. «Se vio impedido».

El abogado de la defensa, Vicente Sanmartín, sin embargo, consideró que Iliya no tuvo en ningún momento intención de acabar con la vida de su mujer, con la que tiene dos hijos, y solicitó que sea condenado por un delito de lesiones con las atenuantes de arrebato -al actuar guiado por su «celopatía»- y confesión. La pena, en este caso, podría no exceder los dos años de cárcel, con lo que saldría en libertad.

El sospechoso, que precisó de la ayuda de una traductora, lleva cerca de 15 años ganándose la vida en España, principalmente como jornalero en el campo. El pasado 1 de junio trabajaba, junto a su mujer, en un almacén de Canara. A la hora de comer, ambos se sentaron en la terraza del bar Júpiter, sin realizar consumición alguna. En ese momento, según explicaron ambos, surgió entre ellos una discusión motivada por los celos de Iliya. «Mi mujer hablaba por teléfono, le pregunté con quién y me gritó», relató. «No sé qué me pasó en un minuto. Estaba furioso y no sé por qué lo hice».

El procesado aseguró no recordar numerosos detalles de la agresión debido a su «nerviosismo». Sí recalcó, en varias ocasiones, que estaba borracho, pese a encontrarse en jornada laboral. «Me bebí dos litros de cerveza con mi jefe». Insistió, además, en que tras la agresión, en lugar de huir, se quedó en el bar. «Mi mujer me decía 'corre, corre, que va a venir la policía', pero yo estaba muy preocupado y me quedé con ella hasta el último minuto».

Los forenses que analizaron las lesiones de la víctima explicaron que esta recibió ocho puñaladas, de unos dos centímetros de profundidad que no llegaron a afectar a ningún órgano vital. En el transcurso de la agresión, el mango del cuchillo se partió y la hoja quedó clavada en la espalda de la víctima, de donde la extrajeron los médicos.

El tribunal también escuchó el testimonio de la dueña del bar, que fue testigo de la agresión y que se enfrentó al acusado, fregona en mano, para proteger a la víctima. «Estaba en la cocina y escuché que la estaba apuñalando. Salí y vi que ella se arrastraba por el suelo para protegerse y él le daba patadas», recordó la testigo, que declaró protegida por un biombo. «Solo entendí una palabra, que dijo en castellano: puta».

La Audiencia deberá decidir ahora si, en contra de la voluntad de la propia víctima, debe condenar a Iliya a permanecer en prisión y obligar a la pareja a mantenerse alejada.

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