Las bodas en las playas serán por fin legales

Los novios y varios invitados, durante la celebración de una boda en La Manga./José Espinosa
Los novios y varios invitados, durante la celebración de una boda en La Manga. / José Espinosa

Hasta ahora contraer matrimonio en la arena podía conllevar una sanción a razón de 120 euros por cada metro cuadrado ocupado sin permiso

ALEXIA SALAS

Paula veraneaba desde niña en El Arpón. Juan Carlos, en la Cala del Pino. Ella, madrileña. Él cartagenero. Era casi inevitable que se conocieran cerca del Mar Menor, por eso han decidido casarse el próximo 8 de junio en la playa del Pedruchillo, a esa hora en que el sol cae como un disco de oro derretido en puro fuego.

Esa imagen idílica del 'sunset' de La Manga, tan rabiosamente 'instagramera', le ha dado a este enclave turístico el potencial para convertirse en destino de bodas hasta convertir el sector de eventos en un motor económico con más cilindradas que el sol y playa, a pesar de que los enlaces se celebraban a hurtadillas de cara a la administración, pues la Demarcación de Costas del Estado prohíbe la ocupación del Dominio Público Marítimo Terrestre con cualquier actividad que no requiera realizarse en los primeros metros de costa.

Hasta ahora, Costas consideraba que casarse no requería de la brisa marina, así que los novios que se daban el sí quiero de forma furtiva junto al mar, con toda la parafernalia de flores y alfombras, se encontraban en ocasiones con un fotógrafo más de los contratados: un inspector de Costas que se llevaba un recuerdo, y tenía la deferencia de devolverlo en forma de multa, a razón de 120 euros por metro cuadrado ocupado y día. Los hosteleros que organizaban los banquetes nupciales se hacían cargo de las sanciones para evitar a sus clientes el mal trago de una infracción, pero la situación cambiará de forma radical a partir de ahora.

Ante la demanda de los empresarios y las expectativas de negocio de un sector que, a pesar de sus problemas legales, registra un impacto económico de más de 3 millones de euros –y solo en los 10 kilómetros que separan las playas del Pedruchillo y Veneciola–, el Ayuntamiento de San Javier se propuso buscar una cobertura legal a la celebración de ceremonias en la playa, que son el gancho real de las 150 bodas que se organizan cada año entre los dos mares. Solo en 2015, más de 150.000 invitados desfilaron por la Gran Vía de La Manga con galas nupciales.

«Tras más de tres años de tramitaciones, hemos declarado la celebración de bodas de Interés Turístico Local», explicó ayer el concejal de Turismo, Antonio Martínez. San Javier será el primer municipio de la Región, y uno de los pocos de la costa española –La Manga recibía a parejas que les negaban el ritual playero en Alicante–, en autorizar estos eventos en el DPMT. El Consistorio se ocupará de recibir las solicitudes de autorización de los hosteleros y las trasladará a Costas para que dé su visto bueno.

El Ayuntamiento y Costas permiten ocupar el dominio público después de varios años de denuncias y sanciones

«El Ayuntamiento es responsable subsidiario. Tan seguros estamos de que es una actividad segura, sostenible y positiva para la desestacionalización turística de la zona», señala el alcalde, José Miguel Luengo. «Cualquier pareja que haya tramitado un expediente de matrimonio civil en el Ayuntamiento de San Javier podrá casarse en la playa y por el mismo precio», aseguró el edil. El portavoz de Ganar San Javier, Matías Cantabella, quien casará a la pareja Paula y Juan Carlos, reclama una rebaja en la tasa de 200 euros para que «sea más asequible casarse en San Javier». Según el jefe de Costas, Francisco Marín, «los eventos autorizados serán desmontables y su incidencia ambiental será escasa».

2.428 empleos al año

Lo que ha permitido dar amparo legal a los casamientos en la playa ha sido en realidad el estudio económico del subsector, que le atribuye en 2015 la creación anual de 400 empleos directos –sobre todo camareros y cocineros– y 2.028 indirectos en taxistas, floristas, fotógrafos, peluqueros, animadores infantiles y servicios de barco. Se une la alta ocupación en los hoteles del entorno, ya que el 90% de los invitados pernocta una media de dos días o más si vienen de otros continentes. Solo en 2015, las bodas generaron 27.397 pernoctaciones de hotel en La Manga. Si el 72% de los asistentes proceden de regiones españolas, el 22% llega de países europeos y el 6% de orígenes más lejanos. Y el filón no ha tocado techo. Con el espaldarazo legal, La Manga se prepara para vivir un nuevo auge de las bodas, que podrá generar nuevos yacimientos de negocio en una zona que languidece cuando se marchan los bañistas.

Quien quiera contraer nupcias en una playa murciana solo podrá hacerlo, de momento, en las de La Ribera o La Manga, ya que el resto de los ayuntamientos costeros aún no han realizado los trámites para abrir el camino a sus hosteleros en el negocio de las bodas. Bien es verdad, que será difícil competir con la puesta de sol de La Manga.

En busca de atardeceres

Desde Estados Unidos, Australia y de varios países europeos llegan novios a las puertas de los dos principales establecimientos que organizan banquetes nupciales, el Área Sunset en el Pedruchillo, y Collados en Veneciola. La moda de los esponsales sobre la arena de La Manga llena ya la agenda de ambos locales hasta el próximo año, aunque sus gerentes aclaran que aún quedan huecos para algunos finales felices. «Hasta noviembre tenemos previstas unas 60 bodas. Son el 30% de nuestro negocio», explica José Antonio Trujillo, gerente de Collados, donde festejó el año pasado sus nupcias el hijo del exfutbolista Michel.

Los establecimientos acumulan una abultada lista de multas pagadas por las ceremonias que sus clientes organizaban en la playa, a pesar de que los convites no vulneraban la normativa porque se realizan en el interior o en las terrazas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos