«El autor de los incendios conoce el monte y cómo trabajan los medios de extinción»

Dos forestales, ayer, refrescando el perímetro calcinado en las fincas de El Chopillo y Architana, entre los términos de Calasparra y Moratalla. / Alfonso Durán / AGM

El Consistorio dice que el pirómano que ha quemado 28,6 hectáreas en los últimos tres días es de «un perfil medio-alto»

Jorge García Badía
JORGE GARCÍA BADÍAMurcia

No podía pegar ojo y a las tres y media de la madrugada decidió plantarse en su casa de campo, junto al puente del río Moratalla, porque tenía miedo de que el fuego devorase su propiedad. «Había dos kilómetros de llamas a las espaldas de mi casa y vine a vigilarla porque tardé cuarenta años en construirla», explicaba ayer Alonso Torrente. «El fuego se inició en la Cañada del Molino y ha sido un pirómano», denunciaba indignado este calasparreño, de 67 años. Y no se equivocaba en su denuncia, ya que los agentes medioambientales sospechan que fueron provocados los cinco incendios que, entre las 21.30 y las 21.50 horas del sábado, se iniciaron entre la estación de tren, cerca de la Sierra del Puerto, y las fincas de El Chopillo, Architana, Cañaverosa y El Campillo, a caballo entre los términos de Calasparra y Moratalla.

Los incendios forestales de las fincas, sumados al de la Sierra de San Miguel, se han cobrado 28,6 hectáreas en las últimas 72 horas en ambos municipios, según las brigadas forestales. «¡Esto es un desastre!», clama Alonso mientras llora con rabia. El fuego no llegó a afectar la propiedad en la que este jubilado construyó con mimo unos columpios para sus cuatro nietas y un almacén para guardar la alfalfa y la aceituna que produce por la zona, pero Alonso no podía contener las lágrimas al ver el panorama: «Soy un amante de la naturaleza». Un equipo de 'La Verdad' se adentra por la vía de un coto de caza que da a El Campillo, donde un retén de la Brifor de Totana refresca el terreno, que escupe humo como si el infierno estuviese justo debajo.

15
hectáreas en la Sierra de San Miguel.
11,8
en El Campillo y Cañaverosa.
1,5
en El Chopillo y Architana.

Uno de los brigadas, equipado con una azada, inspecciona la zona para cerciorarse de que no hay rescoldos ni tocones que puedan reavivar las llamas. De repente se detiene, se quita el casco para cazar un lagarto, lo mete dentro y camina varios metros hasta liberarlo en una zona a la que no llegó el fuego. «Hay que ponerlo a salvo», sonríe el brigadista.

Entre la finca moratallera de El Campillo y la calasparreña Cañaverosa, el fuego arrasó 11,8 hectáreas, debido a que hay barrancos y las llamas cogieron más fuerza porque los árboles eran ejemplares adultos. Las consecuencias sobre el terreno: un gran manto negro de hollín que se abría paso entre los ejemplares de pino carrasco, esparteras, lentiscos... Todo estaba achicharrado.

A unos kilómetros, en las fincas de El Chopillo y Architana, en Moratalla, los forestales continúan trabajando a más de treinta grados centígrados para estabilizar 1,5 hectáreas abrasadas. «Esto lo hemos apagado a base de cojones porque el viento era infernal», asegura un agente de medio ambiente. «La lengua de fuego podría haber llegado hasta Tazona, una pedanía de Castilla-La Mancha». Tantos incendios en tan breve espacio de tiempo provocaron que los brigadistas estallasen ayer y denunciasen «la falta de labores de mantenimiento en el monte» y un déficit de medios.

«Somos 18 brigadas y nos faltan diez camiones». El malestar de los retenes era lógico, ya que muchos se incorporaron el sábado a las labores de extinción y, pasadas las doce del mediodía de ayer, solo habían parado a descansar dos horas. «Hemos trabajado toda la noche con una temperatura muy elevada». Desde la carretera seguía con detalle las labores de extinción Milu Lebsir, responsable de 2.000 hectáreas de terreno en la finca El Chopillo, de las que 500 están cultivadas con olivos. «Cada hectárea cultivada me cuesta 3.000 euros, estoy muy preocupado con lo que está pasando». De hecho, Milu no dudó en colaborar en las labores de extinción la noche del sábado y aportó dos tractores para hacer cortafuegos. «Esto es provocado».

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Esta teoría es la que manejan los agentes medioambientales de la Comunidad Autónoma. Las primeras hipótesis apuntan a que el incendio de la Sierra de San Miguel, ocurrido el viernes, está supuestamente relacionado con los del sábado, en la estación de tren y las fincas de El Chopillo, Cañaverosa, Architana y El Campillo. «Todos estos incendios están conectados porque ocurrieron en una distancia de veinte kilómetros», explica un agente de medio ambiente. «O se trata de varias personas que están actuando de manera simultánea, por el número de focos que hubo el sábado, o es un solo hombre que está empleando medios retardantes».

El incendio de la Sierra del Puerto fue el más pequeño; solo afectó a una superficie de 0,3 hectáreas y tuvo tres focos en una distancia de 300 metros: otro indicio que invita a pensar en que fueron intencionados. La Brigada de Delitos Ambientales de la Comunidad (Brida) estuvo ayer por los distintos puntos afectados por el fuego para seguir recabando información. Jordi Arce, edil de Seguridad Ciudadana, afirma que tenemos «claro que al menos hay una persona detrás de esto, porque hubo un momento en el que se trabajó en cinco focos».

Desde que el Ayuntamiento de Calasparra hizo un llamamiento a los vecinos para informar a la Policía Local (696 442200) de cualquier movimiento sospechoso que hayan observado en los parajes quemados o de indicios acerca de la identidad del autor o autores de los incendios, se han recibido una veintena de llamadas. «El autor tiene que tener un perfil medio-alto, con conocimientos del monte y de cómo trabajan los medios de extinción porque siempre actúa a última hora de la tarde».

Arce precisa que algunos de los testigos que han llamado a la Policía Local han confirmado que «hubo explosiones en la Sierra de San Miguel». También se escucharon detonaciones en las fincas la noche del sábado, pero algunos forestales consultados por este diario indican que fueron litronas y aerosoles que la gente abandona de manera irresponsable en el monte. El alcalde, José Vélez, tiene previsto ponerse en contacto esta semana con la Delegación del Gobierno para que se intensifique la presencia de la Guardia Civil en la zona. «Estamos desesperados», reconoce el concejal.

Un sentimiento distinto era el que embargaba ayer a Felipe Marín, voluntario de Protección Civil de Calasparra, tras haber pasado toda la noche combatiendo las llamas. «Siento rabia porque nos están quitando nuestro pulmón verde». Felipe se hizo voluntario en el incendio de julio de 1994, que arrasó 28.000 hectáreas en la Comarca del Noroeste, y el fin de semana le estaba recordando al esfuerzo que hizo aquel verano. «Estoy que se me cae la cabeza de tanto trabajar».

El Ayuntamiento emitió un comunicado pidiendo a los vecinos «serenidad y calma». En primer lugar, porque varias familias que residen a un kilómetro de El Chopillo abandonaron en plena madrugada del sábado sus residencias por el temor a que el fuego llegase a dañarlas y, en segundo lugar, porque los ánimos de algunos lugareños se están caldeando. «¡El tío que está haciendo esto es un loco y hay que cortarle el cuello!», gritaba ayer un cliente después de almorzar en el restaurante Mi Antonia. Dentro del establecimiento, a pie de barra, Fernando López apuraba un café y reconocía que, «entre los vecinos, existe mucha preocupación porque no entendemos el beneficio que hay en esto».

Sin embargo, desde Ecologistas en Acción apuntan precisamente en la línea de intereses ocultos: «Habría que preguntarse si existe alguna motivación». La organización explica que en la Comarca del Noroeste «se están intentando comprar fincas grandes con intereses de riego y estas operaciones coinciden con estos incendios. Se trata de una zona con espacios forestales grandes y después de un incendio es más fácil justificar el cambio de uso del suelo, de forestal a agrícola y de regadío». Ecologistas rec uerda a la Consejería de Medio Ambiente que, aunque las zonas afectadas por las llamas no pertenecen a la Reserva Natural de Cañaverosa, «sí que existen hábitats de interés que podrían haber sido incluidos y protegidos por la Red Natura 2000».

La organización pidió que se refuerce «la seguridad» en los montes. Al cierre de esta edición, en la Sierra de San Miguel había seis efectivos realizando labores de vigilancia. En las fincas de El Chopillo, Architana, Cañaverosa y El Campillo los retenes se habían retirado a las 18.53 horas porque el fuego y el miedo ya estaban extinguidos.

Detenidos unos menores por quemar un olivo

El fuego llegó a afectar el pasado sábado al casco urbano de Calasparra. Unos menores de edad supuestamente calcinaron un olivo, cerca de la iglesia de Los Santos, lo que generó momentos de alarma entre el vecindario porque este suceso se produjo al mismo tiempo que los incendios de las fincas de El Chopillo, Architana, Cañaverosa y El Campillo. Fuentes de Protección Civil explicaron que «agentes del Seprona se personaron en el paraje de La Zaraílla, buscando a los autores del incendio, y les tiraron piedras». Desde la Concejalía de Seguridad Ciudadana confirmaron que, finalmente, fueron identificados «entre dos y tres» menores por la Policía Local. La Concejalía también avanzó que se informará del incendio que provocaron a la Fiscalía de Menores.

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