Ombligos

Mientras la sociedad debatía sobre la desigual remuneración de hombres y mujeres, descubrimos que el Gobierno regional andaba ocupado en resolver la brecha salarial de sus asesores. Todo un traspié, por el modo y el momento

Alberto Aguirre de Cárcer
ALBERTO AGUIRRE DE CÁRCER

La onfaloscopia era una técnica de oración que practicaban los monjes de una antigua secta cristiana de Grecia. Sentados desnudos en el suelo, rezaban mirándose el ombligo durante días enteros con la esperanza de atisbar la luz divina. En España, un país con 17 ombligos, uno por comunidad autónoma, caemos con frecuencia en esa práctica. Despojada de todo misticismo, pero igualmente enfocada a una introspección que nos aleja de la realidad y nos impide resolver los problemas colectivos. Le ha pasado al Gobierno regional, que tuvo esta semana su momento onfaloscópico. Mientras la sociedad debatía sobre el menguante poder adquisitivo de los pensionistas y sobre la brecha salarial entre hombres y mujeres, descubrimos que, intramuros, los consejeros estuvieron, en apariencia al menos, ocupados parcialmente en resolver la brecha salarial de sus asesores. Así lo demuestran las actas del Consejo de Gobierno, donde algunos miembros del Ejecutivo proponían para su entrada en vigor en febrero subidas para doce asesores que llegaban hasta el 33%. Actas que no figuraban en el Portal de Transparencia, pero que salieron a la luz. Dice el Ejecutivo que todo fue un error subsanado en el siguiente Consejo. Que en realidad se trataba de propuestas para un estudio que permita la homologación retributiva del personal eventual de acuerdo a sus funciones, lo cual, en principio, sería razonable si no implica más gasto. Así lo hizo en su momento la Asamblea con los salarios públicos que paga por igual a los jefes de prensa de los grupos parlamentarios de PP, PSOE, Podemos y Cs, por cierto que con mejor retribución que la de algunos de sus homólogos del Gobierno regional. Pero con la filtración, por el modo y el momento, al Ejecutivo se le quedó el ombligo al aire (las actas no refrendan su relato) y sale de esta historia con una brecha autoinfligida en su discurso de transparencia y buen gobierno. Al menos parece que está sabiendo encajar las críticas y no me consta que se haya dedicado a idear en las redes sociales titulares alternativos para el asunto de los asesores, como por ejemplo hizo Podemos, con una información reciente de este periódico sobre el ‘ranking’ de la Fundación CYD, que sitúa al sistema universitario murciano formado por las dos públicas y la privada en el último lugar nacional por rendimiento en base a cinco criterios. A las universidades, como es natural, no les gustó el retrato del ‘ranking’ CYD y dos sacaron comunicados con los datos que consideraban más positivos. Podemos optó por una memez, entre injuriosa y amenazante. «Algún día la prensa regional será libre y objetiva... Digamos las cosas como son. Acabemos con la censura y la autocensura», escribía el diputado Miguel García Quesada, junto al titular alternativo «que hemos hecho en Podemos». Antes de que a alguien se le ocurra nacionalizarnos, y acabe con la libertad de prensa para que digamos «las cosas como son», visto lo visto, me limitaré a opinar libre y subjetivamente, como hacen todos los partidos políticos en este diario, que, para brechas, la profunda que ha dejado Antonio Urbina en su grupo parlamentario tras cumplir su palabra y marcharse a mitad de legislatura.

Incertidumbre en la UMU

Entre la votación del próximo martes, para elegir al próximo rector de la Universidad de Murcia, y la prevista para el próximo día 18, para designar al presidente regional del PP, no hay color en cuanto a incertidumbre. La victoria de Fernando López Miras se da por descontada. La única incógnita era cuántos afiliados votarían en las primeras elecciones directas, sin compromisarios, y hoy la desvelamos en ‘La Verdad’. Solo 1.430 militantes, de los teóricamente 37.640 que decían los populares contar en sus filas, se han registrado para depositar su papeleta en las urnas. Poco entusiasmo parece que han suscitado las ‘primarias’. Todo el interés se desplaza al contenido de las cinco comunicaciones del congreso. Ahí se verá hasta qué punto hay ruptura, discurso de futuro y acercamiento a la nueva realidad social. En las elecciones a la UMU, donde con toda seguridad habrá una segunda vuelta entre dos de los cinco candidatos, el principal interrogante será el grado de participación de los estudiantes, que con el sistema de voto ponderado puede resultar decisivo si la distribución de apoyos en el grupo de catedráticos y profesores titulares es amplia. Con sus diferencias apreciables, los cinco aspirantes son buenos candidatos y es imposible hacer pronósticos con un mínimo de base. Menos aún para un observador externo al mundo universitario, donde se vota con otro tipo de claves. Estoy convencido de que profesores, personal administrativo y estudiantes sabrán elegir a quién debe dirigir una institución académica tan relevante para el desarrollo de toda la sociedad murciana.

Luchadoras y valientes

Nunca la Región de Murcia había tenido tantas alcaldesas. Quince primeras ediles que se han reunido por primera vez a petición de ‘La Verdad’. Luchadoras y valientes, ellas han roto el techo de cristal de la política municipal. No lo han tenido fácil, pero ahí están, liderando municipios en tiempos complejos para la actividad pública. A todas las dificultades económicas o las derivadas de la desafección ciudadana con sus dirigentes, las alcaldesas suman la larga lista de obstáculos habituales por su condición de mujeres. Alguna incluso debe soportar a rivales con perfiles psicológicos inquietantes porque maltratan, por la vía del agresivo insulto de taberna, a sus adversarios, a periodistas, a ciudadanos de otros municipios... Visibilizar sus méritos, sus opiniones y sus experiencias personales debería contribuir a combatir la desigualdad de género. No fueron las primeras ni serán las últimas, pero todas ellas son un testimonio real de que los tiempos están cambiando. Para bien.

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