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Tras los pasos de Beltrí

LA RUTA

Tras los pasos de Beltrí

Ahora que Cartagena celebra sus fiestas de Carthagineses y Romanos, aproveche para seguir la huella del ondulante y elegante movimiento modernista que dejó en la ciudad la obra del arquitecto de Tortosa

21.09.12 - 01:27 -
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Estos días en los que el pasado romano de Cartagena se hace más patente y sus calles se llenan de visitantes, puede aprovechar un plan complementario para descubrir otros pasados. Como es el 150 aniversario del nacimiento de Víctor Beltrí (Tortosa, 1862-Cartagena, 1935), siga los pasos de este arquitecto a través del legado que atesora la ciudad.
La ruta por la ciudad soñada por Beltrí comienza en la Casa de la Misericordia (1923), actual Rectorado de la UPCT, en la calle San Diego; de su reforma destacan los remates gaudinianos de piedra de la arcada de la valla y los detalles decorativos de la portada.
A escasos metros de la Misericordia se encuentra la iglesia de San Diego, de estilo neorrománico y con gran parecido al templo donde se casó en Barcelona, una reforma que acometió en 1926 y a la que dio su toque particular.
El movimiento que imprimía el modernismo se hace patente a lo largo del recorrido. Calle abajo, observe el latiguillo o 'coup de fouet' en la rejería de la Casa Paredes (c/ Gloria 1). Lamentablemente, el mirador de madera original desapareció, pero el zócalo de la escalera sigue siendo un atractivo.
Por la misma calle se llega a la Plaza de la Merced y a una de las obras más espectaculares y conocidas de Beltrí, el Palacio Aguirre, el primer edificio de la ciudad que usa azulejos en su fachada y su cúpula.
Solo admirar los exteriores de la obra firmada por Beltrí exige un paseo reposado, pero si deciden y pueden entrar dentro, prepárense para perderse. El precioso salón de baile, realizado por la Casa Amaré (como la puerta de madera) y una capilla muy coqueta son otros de los elementos interesantes de la hoy sede del Muram.
Desde la misma plaza de la Merced, a lo lejos, puede observar el Colegio del Patronato del Sagrado Corazón (1898-1900), con unas amplísimas escaleras. También en la misma plaza está el edificio Conesa (1904), con balcones únicos y sin precedentes en Cartagena, originales miradores de madera y una cornisa muy parecida a la de la Casa Cervantes, cuya integridad, como los promotores de la ruta Beltrí denuncian, está en peligro. Igual ocurre con otros edificios que salieron de las manos de este arquitecto modernista adelantado a su tiempo, pero, les recomiendo, disfruten de lo recuperado y no se dejen llevar por la desesperanza cuando descubran otros muchos de sus trabajos en deplorable estado.
Unos metros más adelante, se encontrarán el edificio Botí (1927), de color amarillo y en la calle Duque, con unos excepcionales balcones. Hacia la derecha, en la plaza de Risueño, está Casa Berruezo (1906): una reforma de fachada a la que dio su toque personal con azulejos florales en la cornisa, muy frecuentes en el modernismo, y la original puerta, cuyo dintel recuerda al arrasado y reconstruido Club de Regatas cartagenero.
Calle del Duque abajo, la plaza de San Ginés reúne un par de sus obras, ambas en chaflán: el Edificio Lizana (1905), a mano izquierda, que conserva un vestíbulo de techo floreado, y el Abril-Vila (1927) o del bar Sol, con la fachada esgrafiada, sus balconadas de piedra y azulejos incrustados en los miradores.
En la línea actual, Beltrí consideró que su profesión exigía cuidar hasta el mínimo detalle. Puede entretenerse en buscar detalles como las iniciales de los primeros propietarios, sus falsas bisagras, su motivo vegetal preferido o sus habituales dragones, sus columnas sobre ménsulas y sus floridas forjas. Pero su arquitectura también aspira a mejorar la calidad de vida de sus moradores. Por eso, las estancias buscan la salida al exterior por majestuosos miradores y balcones que ventilan e iluminan casi todas sus salas y facilitan el tránsito con amplias y enmarcadas portadas y grandiosas cajas de escalera.
Por la calle de San Antonio el Pobre se llega a la plaza de San Francisco y a la Casa Maestre (1906), en la que colaboró con Marcelino Coquillat. Es el ejemplo de modernismo más 'barcelonés' que se puede ver en Cartagena y una de las más espectaculares. Sus sinuosos y volumétricos balcones, ocultos tras los ficus, dan la impresión de mecer su fachada. Propiedad de uno de los mitos políticos de la Región de la época, José Maestre -fue Ministro y Gobernador del Banco de España-, es obligado detenerse frente al mirador del eje central, disfrutar con la rica decoración y maravillarse ante la trabajada rejería de sus balcones.
No debe dejar de visitar, la escasamente conocida Casa Dorda-Bofarull (1903), en la calle Campos. Muy modificada por posteriores reformas, todavía permanece la original pintura de la fachada y sus cornisas, y el llamativo diseño de los balcones, un atrevimiento en la Cartagena de los albores del siglo XX. El mirador, igual que el de la casa Lizana, fue sustituido a mediados de los 50 y se añadieron el torreón y el reloj que lo coronan.
De estilo «renacimiento español», lo definió Beltrí, encontrará en la calle Jara la Casa Pedro Marín (1927), donde aparecen sus falsas bisagras, elemento recurrente y clave para identificar 'los Beltrí', y un enorme mirador de piedra con gemelo en el Edificio Gómez (c/ Mayor).
La impresionante Casa Alesson (1907), en plena calle Jara, trasluce la influencia de la Casa Maestre. De tonos rojizos y blancos, su imagen la afea una mano de pintura verde sin criterio y con muy mal gusto -hoy es la Pensión Oriente-. Su espectacular portada es una entrada al universo onírico modernista y, si penetra en el vestíbulo, podrá palparlo en la barandilla de la escalera, los techos florales y una puerta tallada con esmero (como la de Lizana, pero sin conservar).
El Gran Hotel (c/ Jara con c/ del Aire) emerge desde su esquina como la proa de un barco entregando a la ciudad su potente presencia. La obra, que no inició Beltrí pero sí concluyó para el potentado propietario de minas Celestino Martínez Vidal, es espectacular. Pasear bajo este grandioso edificio transporta a una floreciente Cartagena, plagada de fortunas en manos de emprendedores burgueses, sus principales clientes. Las impresionantes marquesinas metálicas, los balcones y la grandiosa cúpula que lo domina todo hablan por si solos.
La Casa Galiana (1926), en la c/ del Cañón, da paso a la calle Mayor, 'la de Víctor Beltrí', que recibe a los visitantes en la Casa Gómez.
Unos pasos adelante está, blanca radiante, la Casa Cervantes (1895), su primera obra impresionante y con la que rompió con los cánones habituales. Encargo de Serafín Cervantes, el objetivo era lograr un edificio que quitara protagonismo al Casino. Lo consiguió: hasta en Madrid se habló de ella. Con sus artesonados de madera, las mejores puertas de toda Cartagena y materiales nobles como el mármol rosa de Novelda, sus bajos acogieron el Café España, donde el maestro Álvarez compuso el pasodoble 'Suspiros de España' entre columnas de fundición y llamativos frescos en los techos (perdidos para siempre).
También para el Casino prestó su genio en torno a 1897. El patio de carruajes del Palacio del Marqués de Casatilli otorga sus dimensiones al enorme vestíbulo. Un edificio que en la reforma adquirió la impronta Beltrí. Como el Casino solo permite la entrada a socios, se puede conformar con admirar las columnas de la cornisa. Y, si es largo de vista, la riquísima decoración alegórica de la fachada deja con la boca abierta.
La Casa Llagostera (1916), todavía en obras, ha sido protegida, lo que ha permitido conservar los balcones de madera y muchas de sus cerámicas (decoradas con Mercurio, Minerva y escudos de Barcelona, Manlleu, Murcia y Cartagena). Lamentablemente, ya nunca disfrutaremos del espectacular interior (derruido), en el que cada habitación y sus zócalos eran un ejercicio de estilo y creatividad.
Los dos edificios Torres también llevan su firma, uno al final de la calle Mayor (1923), restaurado, con balcones de obra y fachada florida a base de guirnaldas y ladrillos de cerámica verdes; y otro en la Puerta de Murcia, muy original en su parte superior y que es más un ejercicio de neoclasicismo. Ya en la calle del Carmen, 19, está la pequeña Casa de Blas Davia (1917) con sus guirnaldas y la Casa de Alonso Martínez. Pero no deje de asomarse a la Casa Dorda (1908), rehabilitada por Martín Lejarraga. Sus puertas de cristal dejan que los paseantes puedan adivinar su espectacular interior: un abigarrado patio neomudéjar que asombra, y una amplia y elegante caja de escalera con rejerías originales.
Antes de dar por finiquitado su paseo tras la huella de Beltrí, no olvide acercarse hasta la Casa del Niño, una obra que la Comisión Beltrí 2012 considera en peligro desde que el Cehiform cerró su sede allí; y llegue hasta la Casa Zapata (hoy Colegio de las Hermanas Carmelitas), en el que, si puede entrar, tendrá un viaje gratis al hedonismo caminando por su patio neomudejar y frente a las seductoras curvas de su puertas de madera con cristales al ácido, sus cuidadas rejerías, sus decoraciones cerámicas,…
El sueño modernista de Víctor Beltrí fue un círculo cerrado que no dejó ni un solo detalle al azar y que bien merece, por si solo, una visita pausada a Cartagena.
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Tras los pasos de Beltrí

Patio neomudéjar de la Casa Zapata, hoy Colegio de las Hermanas Carmelitas de Cartagena.

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Portada Casa Alesson.

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Fachada de la Casa Maestre (1906).

Tras los pasos de Beltrí

Interior del patio neomudéjar de la Casa Dorda (1908).

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Fachada de la casa Dorda-Bofarull.

Tras los pasos de Beltrí

Detalle de la casa Dorda-Bofarull.

Tras los pasos de Beltrí

Iglesia de San Diego, reformada en 1926.

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Escaleras del Sagrado Corazón.

Tras los pasos de Beltrí

Marquesina del Gran Hotel.

Tras los pasos de Beltrí

Fachada de la Casa Llagostera (1916).

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Chaflán del Palacio Aguirre (1901).

Tras los pasos de Beltrí

Detalles cerámicos de la fachada.

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Capilla del Palacio Aguirre.

Tras los pasos de Beltrí

La Casa Cervantes, al centro (1895).

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Hoja decorativa, en la casa Cervantes.

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Esquina del Gran Hotel (1912-1916).

Tras los pasos de Beltrí

Edificio Abril-Vila o del bar Sol.

Tras los pasos de Beltrí

Fachada esgrafiada

de la casa Abril-Vila.

Tras los pasos de Beltrí

Dragón del Casino.

Tras los pasos de Beltrí
Los ricos balcones de la fachada de la Casa Maestre, en la plaza de san Francisco