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La fortaleza del Quípar

LA RUTA

La fortaleza del Quípar

El Parque Arqueológico de Begastri cuenta la historia de los cehegineros, desde la Edad de Hierro hasta la llegada de los árabes, aún oculta bajo toneladas de tierra

29.06.12 - 00:53 -
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Si es de esas 'rara avis' que recién inaugurado oficialmente el verano y renovados en la hoguera de los juanes (felicidades con retraso), no se decanta por un baño de sol y playa, la comarca del Noroeste nunca es una mala opción. Quizá pueda disfrutar de una aventura diferente: ármese de gorra, gafas de sol y protector solar a mansalva... Y láncese a descubrir la 'Ciudad perdida de Begastri', eso sí, o en fin de semana o previa reserva en la Oficina de Turismo si van con un grupo numeroso.
Rodeado por el curso del Quípar, un afluente del Segura rico pero sobrexplotado hoy, el Cabezo Roenas -«de ruinas», se apresura a anotar Paco, que lleva desde los 14 años mamando los imponentes restos- alberga en su cúspide la historia de una importante ciudad que hasta el año 1878 se situó en Bigastro (de ahí el nombre). Salimos del barrio de San Antonio, que hace unas semanas estuvo en fiestas, para llegar por el Camino del Escobar y el Chaparral al centro de recepción del Parque Arqueológico de Begastri, BIC ocupado desde tiempos inmemoriales y con monumentales vestigios que se remontan a la Edad de Hierro. A algo más de 500 metros de altitud, este antiguo cono volcánico es un excelente promontorio que siempre permitió dominar las principales vías de comunicación y gozó de excepcionales recursos (agua, cultivos de secano y regadío, bosque de ribera, esparto, pastos para el ganado y pesca de río) que posibilitaron que fuera una élite poderosa la que habitara esta acrópolis.
Después de más de tres décadas excavando en las acolmatadas tierras que lo coronan, los hallazgos no dejan de sorprender cada campaña. El pasado más remoto y la más rabiosa actualidad se han aliado en esta ocasión. Con las últimas tecnologías desarrolladas en el Centro Tecnológico del Mármol, se ha descubierto que, sepultadas bajo tierra y posteriores construcciones, se siguen escondiendo 14 metros de historia de un insigne pueblo todavía por descubrir. Un eje en torno al que siempre ha girado la vida y en el que 'desde siempre' se dispuso de agua corriente -un profundísimo pozo, «un ladrón», en mitad del cerro lo narra-, además de otros lujos que hablan del alto poder de los habitantes de esta ciudad, que llegó a tener entre 12.000 y 15.000 moradores.
La impresionante cruz monogramática de Begastri (en los orígenes del cristianismo), el ara de Júpiter (en el periodo romano), el sarcófago de Adán (importado desde la capital del imperio romano y hallado en la campaña de 2009)..., no hacen más que constatar la trascendencia de este enclave en la historia e inocular el virus de la curiosidad para que se quiera conocer más. Un más infinito e inabarcable.
Cuenta el director del Museo Arqueológico de Cehegín, Francisco Peñalver -'Paco'- , que ha mamado su profesión jugando en esos cerros e internándose en las cuevas que jalonan el curso del Quípar, que se le han donado al Ayuntamiento unos terrenos adyacentes (unos ingleses) y que quieren ampliar los dominios de este parque porque está constatada la presencia de restos en varios kilómetros a la redonda. «Esto es solo la acrópolis, pero la ciudad se extendía por todo el llano». También el pintor ceheginero Nicolás de Maya, otro guía de lujo, ha pisado las laderas, hoy todavía mudas, del cabezo correteando por huertos de su familia y de niños se hartaban a ver tejas con acanaladuras y hasta sillares que se fueron reaprovechando para nuevas construcciones, como puso de manifiesto la lápida que se encontró incrustada en un muro de la Iglesia de la Soledad y que esta fechada entre el siglo IV y V d.C. Pero aunque Begastri oculta todavía en sus entrañas muchas sorpresas; lo que muestra ya es impresionante.
Una muralla, que pudo medir entre 7 y 9 metros de ancha y que, aún hoy, se eleva 4 o 5 metros, conserva torres y contiene sillares tallados de origen visigodo, recibe al visitante. «Aquí tenía que haber una maquinaria tremenda: catapulta, ballesteros, calderos con agua hirviendo para rechazar ataques,... Tenemos cientos de balas de plomo de las hondas». A la acrópolis se accede por una grandiosa puerta, en codo y con hasta tres portones consecutivos que, como deduce el arqueólogo «debía proteger algo muy valioso» y la hacían infranqueable. No es difícil imaginar cómo se apostarían los soldados para frenar los ataques. «Tiene las murallas más anchas que Roma y no hay ninguna puerta de época romana que esté mejor conservada, tiene 6 metros en pie», ilustra ufano Paco. Es la del flanco este, pero ahora, en estas fechas en las que el calor aprieta, los arqueológos y sus aprendices se afanarán en una nueva campaña para descubrir los secretos enterrados en la parte occidental del cerro, que promete muchos y suculentos descubrimientos.
De momento, acérquese, disfrute conociendo a fondo la historia y el entorno natural en el que se gestó y si quiere estirar las piernas, puede luego pasear a los pies del Cabezo Roenas siguiendo la Vía Verde del Noroeste, antigua vía férrea que se construyó en 1920 y que arrasó una buena parte de este cabezo. Y, después, no se permita irse de Cehegín sin probar los cuidados menús temáticos de Las Cocinas del Convento, que Miguel Miñano prepara con dedicación y esmero cada mes. Y hágalo cuanto antes, porque, ya en edad de jubilarse está pensando en colgar el delantal, se quedará sin probar sus bombones de sardina, su brandada de bacalao con parmesano, sus alcachofas rellenas envueltas en paz de arroz o su alabado pato a la naranja, la especialidad. Todo ello con los productos de la tierra y la calidad por bandera.
Si le queda tiempo, no deje de visitar el Museo Arqueológico, entre la Casa del Concejo y el Palacio de los Fajardo, y en plena y monumental Plaza del Castillo.
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Panorámica de la zona de cultivos que rodea la acrópolis, por donde se extendía la antigua ciudad.

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Vista aérea del casco antiguo de Cehegín.

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Puente de la antigua vía férrea, hoy convertida en vía verde, que salva el río Quípar.

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Una de las torres de la muralla defensiva de Begastri.

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Reproducción de un mosaico romano.

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La doble puerta de acceso a la ciudad.



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