Directas desde Chicago llegan al Teatro Circo de Murcia (TCM) unas curiosas perversiones. Estrenada ayer, la obra de David Mamet 'Perversiones sexuales en Chicago' se representará también hoy y mañana. De sexo -¿visto y no visto?-, juventud -¡vista y no vista!-, amistad -algo más duradera, si se cuida con mucho cuidado...- y amores al borde de un ataque de nervios (o de celos o de dudas o de hastío). De todo eso y de mucho más -los personajes viven en una sociedad en la que todos los desengaños son posibles, y la huida hacia adelante está a la orden del día, acompañada de alcohol o a palo seco- se habla, con un lenguaje desnudo de todo recato-, en este montaje que ha dirigido Juan Pedro Campoy. La obra de Mamet (Chicago, 1947), estrenada por fin en España, en versión del dramaturgo y cineasta Roberto Santiago (¿recuerdan 'El penalti más largo del mundo'?) es una coproducción entre la compañía murciana La Ruta Teatro y el Teatro Circo de Murcia (TCM), que dirige César Oliva y cuya gestión depende de la Concejalía de Cultura, de la que es responsable Rafael Gómez.
'Perversiones sexuales en Chicago' fue una de las primeras obras del dramaturgo, guionista y director estadounidense, ganador de un premio Pullitzer y autor de títulos como 'El búfalo americano' y la magnífica 'Tío Vania en la calle 42'. El montaje de La Ruta Teatro está protagonizado por los televisivos actores Fernando Gil, Úrsula Corberó, Javier Pereira y Cristina Alcázar. Los responsables del montaje creen que «en esta comedia ácida y atrevida, en la que se habla abiertamente de sexo, ya se aprecia el ritmo vertiginoso» del estilo de Mamet. Un estilo puesto al servicio de un texto que «cuenta la historia de dos parejas de amigos. Danny Shapiro y Bernard Litko compaginan sus trabajos de oficina mundana con historias sobre sus experiencias y preferencias en la cama. Del mismo modo, Joan Weber y Deborah Soloman frecuentemente discuten sobre las deficiencias de los hombres. El punto de la trama principal es la relación de Danny y de Deborah. Su romance se establece rápidamente por una atracción sexual».
Muy bien, ¿y qué? Pues que «el juego progresa y Deborah se muda al apartamento de Danny. Pero, a partir de ahí, el juego se convierte en relación seria y ambos son incapaces de afrontarlo». Vaya, aparecieron: «¡Dudas, celos, frustraciones, el día a día de una relación que les supera!». Así es que, finalmente, «la pareja se rompe, y Danny y Bernard vuelven a su habitual charla sobre mujeres y sobre lo mal que va el mundo». Juan Pedro Campoy, que ha dirigido obras de autores tan distintos como Jean Genet y Lope de Vega, se ha enfrentado a un reto de alto riesgo.