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A vista de águila

PLANES | LA RUTA

A vista de águila

El Pico del Águila, en la sierra de Orihuela, es un mirador excepcional que permite ver de Santa Pola a Cabo de Palos y buena parte de las montañas de la Región

11.11.11 - 01:10 -
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Si el día amanece despejado y el calor no es bochornoso (lo que inunda de bruma el horizonte), aproveche la oportunidad para subir a un mirador excepcional desde el que -en un día despejado- se puede ver desde Tabarca y el Cabo de Santa Pola hasta Cabo de Palos; desde El Valle y Carrascoy hasta La Sagra; desde la Sierra de Ricote hasta La Atalaya de Cieza, desde el Caramucel y La Pila hasta la sierra Caprés: es el Pico del Águila (609 m.) en la Sierra de Orihuela.
Con 609 metros de altitud, el Pico del Águila -su perfil desde el lado norte dibuja casi a la perfección su puntiagudo pico y desde el lado sur aparenta ser una cabeza de ballena- es un promontorio ideal para disfrutar de la zona de la huerta mejor conservada: un 'patchwork' de diferentes colores y texturas que corresponden a los distintos cultivos que crecen en la parcelada vega o a los terrenos en barbecho de la Vega Baja del Segura. A vista de águila, desde el punto de destino se distingue con claridad el embalse de Torremendo y las salinas de San Miguel, y también el Mediterráneo bañando la isla Grosa.
Este pico, al que se asciende por una ruta que comienza junto al Cabezo de la Mina, forma parte de la doméstica sierra de Orihuela (1.677 hectáreas), una pequeña cordillera independiente, declarada Lugar de Interés Comunitario y Zona de Especial Protección para la Aves (ZEPA), que pudo formarse hace unos cien millones de años y haber sido una isla a la deriva hasta que los fondos blandos de yesos sobre los que flotaba encontraron una superficie más dura en la que quedar anclados, nos cuenta Octavio, educador medioambiental que ha heredado su pasión por estas tierras de su maestro Blas Rubio, uno de los mejores conocedores del municipio santomerano, que con la rodilla lesionada se queda con las ganas de poder acompañarnos.
La ruta, corta (3,5 km de ida y otros tantos de vuelta), es una dura ascensión por cortados vertiginosos; un esfuerzo que exige estar en forma pero que se recompensa con creces cuando se disfruta del promontorio. No tiene pérdida. Se deja el coche junto al Cabezo de la Mina y el camino comienza, junto a la balsa de riego, en dirección este, y va ascendiendo por la escarpada ladera sur. Nos reciben un par de cigüeñuelas, que aprovechan la balsa para darse un remojón, y alzan el vuelo en cuanto nos oyen. Los primeros metros no están muy bien marcados -estamos en territorio de la Región de Murcia-, pero en cuanto se pasa la frontera («la marca en lo alto el Callejón del Moro -explica Blas Rubio-, un collado en el que nace el barranco de Castilla, límite histórico de los reinos de Castilla y Aragón, y que siempre marcó la división entre Orihuela y Santomera»), el itinerario está perfectamente señalizado y los pinos carrascos de la repoblación -se hizo en el pasado siglo- aportan al caminante las escasas sombras que encontrará durante el itinerario.
Nada más entrar en el bosque, además de pinos, podrá empezar a disfrutar de su gran diversidad vegetal: algarrobo, enebro, acebuche, coscoja, palmito, tomillo, romero, hinojo, lentisco, esparto, jara, albaida, uña de gato, rabo de gato rosa ('Sideritis glauca'), siempreviva ('Sedum sediforme') o tomillo amargo ('Teucrium Libanitis'), muchas de ellas especies endémicas y protegidas.
No tardará mucho en percatarse de que esta sierra, de escasas precipitaciones y más bien árida, tienen también una inmensa riqueza faunística. Nos recibe un pequeño mochuelo, al que se oye pero no se ve; y Octavio y Blaqui nos explican que un grupo de investigación (del Centro de Estudios de la Cuenca del Segura) está realizando un trabajo, mediante cámaras trampa, para localizar al gato montés, la comadreja, el tejón y el turón, que sospechan que habitan esta pequeña elevación montañosa, así como a la garduña y la gineta, detectadas en trabajos preliminares realizados por el equipo de investigación de esta asociación. También encontramos durante la marcha el cráneo de un zorro, mamífero que sirve de alimento, en ocasiones, al búho real -hasta cinco han habitado esta sierra-, que campea este territorio junto a una pareja de águilas reales (también las hubo perdiceras e imperiales), a algún halcón peregrino, a gavilanes y piquituertos: «Todas estas piñas se las han comido ellos, se sabe por cómo son los restos que dejan», explica Octavio e ilustra las diferencias. Para culminar con éxito la ascensión, deberá hacer ojos ciegos al vértigo (si lo tiene) e ir dosificando las fuerzas, ya que encontrará enormes pendientes como el tobogán o el K-1 («ca'uno la sube como puede», bromean nuestros cicerones), antes de llegar a su destino final. Ya en la cima, puede descansar junto al buzón de cumbre y dejar un mensaje a los valientes que suban tras usted, pero no deje de abrir bien los ojos y otear hasta donde se pierde el horizonte (con prismáticos, mejor).
Primeros pobladores
Esta sierra, que en su parte murciana tiene en el Quijar de la Vieja su punto más alto (534 m.), alberga muchos otros valores. «En 1986 subí a enseñarles el Cabezo de la Mina a mis alumnos del Ricardo Campillo y me di cuenta de que había restos de cerámica; también vi una cista y que había enterramientos». Por esas fechas avisó del hallazgo a la Universidad, que tardó seis largos meses en ir a comprobarlo; «cuando lo hicieron estaba expoliado», informa Rubio, que asegura que es «el único poblado argárico construido a pie de mina», una mina que ya se explotaba en esa época (1.800 a.C.) y de donde se sacaba el cobre para alearlo con el estaño -traído de fuera- y fabricar bronce; también se explotó en el siglo XV y en el siglo XX, por una empresa francesa. «Incluso hace 20 años una compañía canadiense hizo prospecciones en busca de oro», relata Rubio.
También el Cabezo Malnombre cuenta con restos de un poblado del Calcolítico (2000 a.C) y de época islámica, un patrimonio histórico que la explotación de la cantera podría destruir, con permiso de la Administración, y pese a ser un espacio protegido (en su parte alicantina) por su rica biodiversidad.
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Impresionante panorámica de la huerta de Santomera desde media ladera, durante la ascensión al Pico del Águila (609 m), con El Valle y Carrascoy al fondo, a la izquierda.

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Inflorescencia seca de uña de gato ('Sedum sediforme').

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La ascensión es corta pero por empinadas y abruptas laderas.