Había mucho nivel

MENUDA POLÍTICA

Mientras que el PP deshojaba la margarita de PAS, este recomendaba el ‘arroz aparte’ de El Poli, FER perdía al dominó, Urralburu asistía a una «tradicional cohetada», y un restaurante colgaba en la pared la foto de Miguel Sánchez

Joaquín García Cruz
JOAQUÍN GARCÍA CRUZ

Ignoro quién es Ana Sharife. Atea, hija de musulmana y de cristiano, según reza su perfil en Twitter, contaba 4.000 seguidores cuando el lunes pasado fijó un tuit con la imagen de un montón de libros apilados y una sola palabra: bolardos. Me pareció un mensaje irrebatible, terminante y más directo, al corazón y a la mente, que la mayoría de los propalados tras la barbarie de Cataluña. El tuit de Ana Sharife fue también muy compartido en su día, aunque no tanto como la despreciativa respuesta que alguien arrojó sobre la pantalla del móvil de Kiko Rivera cuando el hombre se ofreció a ayudar a la ciudad de Barcelona en todo lo que su colaboración pudiera resultar útil. «De bolardo, lo petas», le escupió alguien a la cara, en todo un zasca característico de las legiones de imbéciles que han convertido Twitter en una red social dañina y adictiva como la nicotina, un mundo paralelo al que muchos políticos siguen enganchados en la creencia de que sus consignas llegarán más lejos y ganarán efectividad.

Es probable que, si Trump decide golpear al payaso de Corea, lo comunique, dado que así lo hace con todas sus bravatas, por Twitter, algo que sería tan demencial como las consecuencias del ataque. Estas cosas se hacían mejor ya en la Edad Media, cuando los señores feudales enviaban a sus reyes de armas para formalizar a los pies del castillo de sus nuevos enemigos, pergamino en mano, cualquier declaración de hostilidades. Qué menos que una carta certificada para desatar una guerra.

Una gentileza del catedrático de la UMU Ismael Crespo me ha llevado a leer estos días las recomendaciones de un especialista en comunicación política, Fran Carrillo, consultor y director de la Fábrica de los Discursos, que escribe en la revista ‘Más poder local’ un artículo dirigido a los políticos que quieran armar un mejor discurso y sacarle rédito en las redes sociales. Que sean directos, básicamente, que vayan al grano y que no se anden por las ramas, viene a decir. Que no cuenten su vida, vaya, que transmitan lo importante y -añado yo- reserven las gracietas y los chascarrillos para los grupos de amigos. Y que midan sus pasos, antes de darlos. «Promesas unidireccionales, advierte Fran Carrillo, solo sirven para hipotecar el crédito y credibilidad del gobernante o candidato a medio plazo, hipoteca con intereses altos que, en ocasiones, cuestan gobiernos. Por ello, para hacerlo compatible, recordable, sostenible, se necesita un relato creíble detrás y un orador auténtico narrándolo». A nadie importa de un político la playa donde se baña ni la capital europea que visitó en el puente de la Virgen. Pero la mayoría de los políticos hacen caso omiso a estos consejos (y al sentido común), se prodigan en bagatelas y acaban por erosionar su propia imagen pública, al contrario de lo que pretendían. Gobernantes y aspirantes nos han mostrado en agosto sus caminos de Santiago, las procesiones marítimas a las que asistían, sus travesías a la isla del Ciervo y las cintas que cortaban. Mientras que todo el PP pasaba el verano con el alma en vilo, deshojando la margarita de Pedro Antonio Sánchez (¿abandonará su escaño en la Asamblea?, ¿nos dejará huérfanos?), Sánchez se relamía en Twitter con los «buenísimos rollitos de almendra rellenos de chocolate blanco y con salsa de frutas de la pasión» que Arturo sirve en Los Collados Beach, o alababa el «‘arroz aparte’, único, de El Poli, en Águilas». Fernando López Miras, el presidente regional, reveló el miércoles pasado que estaba «pasando un rato estupendo en el Centro de Mayores de Mazarrón», donde «había mucho nivel al dominó y fue imposible ganar la partida». De Rafael González Tovar, el mandatario del PSOE, supimos que disfrutó de las fiestas de Ojós con amigos de «este pintoresco pueblo del Valle de Ricote», al que también aireó que había acudido Óscar Urralburu, el líder de Podemos, para celebrar «la tradicional cohetada que pone punto final a las fiestas populares». Por Twitter nos enteramos de que Miguel Sánchez, el portavoz parlamentario de Ciudadanos, forma parte ya «del elenco de fotos de Paco, del restaurante del Santuario Virgen de la Esperanza», donde lo han colocado en la pared, aunque yo hubiera elegido otra en la que figura caracterizado de Cristóbal Colón, que es con la que ha ilustrado durante una parte del verano su perfil en la red del pajarito azul.

A ver si, ya metidos en septiembre, dejamos las tonterías a un lado y vamos centrándonos, que hay mucho tajo por delante.

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