Navidades de cuento

Primera Plana

Nadie pensaría que el Gobierno regional atraviesa un mal momento y sin embargo los dirigentes populares transmiten urgencias y gestos que delatan la preocupación por su futuro político

Alberto Aguirre de Cárcer
ALBERTO AGUIRRE DE CÁRCER

Como Ebenezer Scrooge, el protagonista de ‘Cuento de Navidad’ de Charles Dickens, el PP regional no está viviendo estas fechas con especial alegría. De alguna forma también se le apareció el fantasma de un antiguo socio para comunicarle que sería visitado por tres espíritus: el de las Navidades pasadas, el de las presentes y el espíritu de las Navidades futuras. El primero le habría transportado a tiempos remotos cuando, tras ocho años de plácido gobierno en momentos de despegue económico, la arrogancia epistémica frente a problemas mayúsculos y la sensación de invulnerabilidad por las repetidas mayorías absolutas les condujo a todo tipo de errores políticos o a impulsar algunas actuaciones que han revestido carácter de delito, como prueba la sentencia del caso ‘Zerrichera’, o pueden llegar a tenerlo, como el deterioro presuntamente consentido del Mar Menor. El segundo (el espíritu de las Navidades presentes) le muestra las consecuencias de lo anterior y a su principal rival en pleno éxtasis tras conseguir un resultado histórico en Cataluña que bien podría extenderse en el futuro al resto del país. En caso de repetirse al pie de la letra la historia de Dickens, el último fantasma exhibiría un cadáver (político) tapado con una sábana. Ni que decir tiene quién sería el finado. Esto es lo que aparece en las peores pesadillas de no pocos dirigentes populares, a la vista del panorama. El resultado de las catalanas es un estrepitoso batacazo. Es verdad que también para el PSOE de Pedro Sánchez y el Podemos de Pablo Iglesias, aunque en mucha menor medida. Los populares quedan residualmente diluidos en el grupo mixto del Parlament y ven cómo se revaloriza el potencial de Ciudadanos como alternativa de gobierno nacional. Con el órdago independentista totalmente vivo se pone cuesta arriba la recuperación económica y sigue abierto en canal el mayor problema de España, pasándole factura política. Ahora será más difícil aprobar los Presupuestos del Estado y negociar el nuevo modelo de financiación. En este contexto no es de extrañar que crezca la preocupación popular en la Región. Sobre todo a medida que se acercan unas elecciones autonómicas con circunscripción única, un candidato que electoralmente es una incógnita y la aparición de otros contendientes con quienes también se comparte espacio político, como la formación que liderará Alberto Garre.

La visita de Rajoy a Murcia del miércoles servirá para respaldar, interna y externamente, a López Miras y al tiempo exhibir el impulso del Gobierno nacional en materia de infraestructuras, desde la adjudicación del aeropuerto y la llegada del AVE en cuestión de meses a la culminación de la autovía de Yecla y el impulso a la variante de Camarillas. Si a lo anterior se suma la aprobación de los Presupuestos regionales, una tasa de crecimiento económico superior al 3%, la supresión del impuesto de donaciones y sucesiones y la oferta de empleo público prevista para el próximo año, nadie pensaría que el Gobierno regional atraviesa un mal momento. Sin embargo, transmite urgencias y gestos que delatan inquietud por su futuro político. El problema del agua, fundamental para la Región y de enorme incidencia electoral, tiene muy mal pronóstico a corto plazo si lo que se espera es una solución estructural. Y tras la ‘Zerrichera’, vienen los casos de la desaladora de Escombreras y ‘Novo Carthago’, todos ellos de profundo calado político porque tuvieron su origen en la cúpula del poder popular, más los juicios de los casos ‘Auditorio’ y ‘Púnica’.

Entretanto, no son pocos los marrones heredados de la larga etapa de Valcárcel que darán aún grandes quebraderos de cabeza. Corvera era uno de ellos. A finales de 2012, el entonces presidente regional pidió ayuda a Rajoy, que convenció a Aena para asumir su gestión y abrirlo en 2014, una vez que Sacyr fuera desprovista de la concesión, lo que sucedió en agosto de 2013. Lo que nadie podía intuir es que menos de una semana después de la retirada de la concesión, tras un sólido informe del Consejo Jurídico, Valcárcel ordenaría negociar de nuevo con la constructora, como ocurrió sin ningún éxito, por razones que nadie conoce. Desmadejar el ovillo jurídico y lanzar un nuevo concurso ha exigido tres años de trabajo y desgaste. Ver para creer.

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