La Navidad no hace fijos

Un hombre consulta su teléfono a las puertas de la oficina del SEF en Ronda Norte de Murcia, ayer por la mañana./Edu Botella / AGM
Un hombre consulta su teléfono a las puertas de la oficina del SEF en Ronda Norte de Murcia, ayer por la mañana. / Edu Botella / AGM

Los desempleados que ayer acudieron a la oficina de Ronda Norte asumen que los contratos en estas fechas rara vez se prolongan más de un mes

MINERVA PIÑEROMURCIA

Aseguran que la experiencia es importante, pero que la actitud lo es más. Jóvenes o adultos, cada vez son más los murcianos a los que les gustaría conseguir un puesto de trabajo como regalo de Navidad, y los que deciden constatarlo inscribiéndose en las listas de desempleados del Servicio Regional de Empleo y Formación (SEF), como es el caso de Miguel García Santos. «Llevo un año y nueve meses trabajando en la hostelería y casi todos mis contratos han sido temporales. El año que viene empezaré en Semana Santa a trabajar en el mismo restaurante, que es cuando la empresa vuelve a funcionar», asegura el camarero de 23 años, quien, enamorado del sector hostelero, espera encontrar un puesto de trabajo en alguna cafetería durante los meses intermedios. «Me encanta mi profesión. Por ello, he realizado cursos para formarme como barista. Tener interés y demostrarlo es importante», apunta con seguridad.

Santos es uno de los desempleados que ayer se acercaron hasta la oficina del SEF en Ronda Norte de Murcia para dejar constancia formal de su interés en hallar un empleo. Pese a que los últimos datos del paro indican un aumento de casi 1.500 personas, ayer la actividad en esas dependencias era más bien escasa.

Con menos esperanzas que el camarero, pero con las mismas ganas, Luz Divina Sánchez también se ha embarcado en la búsqueda de un puesto de trabajo. «A estas alturas no creo que me llamen para la campaña de Navidad», reconoce. Inquieta y dinámica, desde hace cuatro años, momento en el que decidió sumergirse en el mundo laboral para financiarse el alquiler de su vivienda, la joven estudiante de Periodismo ha ejercido de manipuladora de alimentos en diversos almacenes de frutas durante las campañas estivales. «Los dos últimos veranos he trabajado en Abarán. No es el trabajo de mi vida, pero a los estudiantes nos viene bien para ahorrar algo de dinero», reconoce.

Miguel: «Llevo un año y nueve meses como camarero y casi siempre ha sido de forma temporal»

Los contratos temporales no solo funcionan como puntuales salvavidas de los universitarios, también aceptan sus efímeras condiciones quienes no encuentran un hueco en el ámbito de su vocación, como ha experimentado Azucena Cerezo, desempleada desde hace una semana. Graduada en Magisterio Infantil, la duración de sus últimos seis contratos no ha superado los treinta días. «He trabajado seis meses en supermercados, pero solo con contratos de un mes. En esta campaña aún no me han llamado, pero volvería a hacerlo», indica, desencantada.

Perteneciente al gremio educativo, la suerte tampoco ha llamado a la puerta de Jenny Salvador, profesora que se mudó a España hace nueve años. Desde que cruzó las fronteras ibéricas, sustituye las aulas de sus alumnos por domicilios privados en los que ejerce como empleada del hogar. «Por el hecho de tener menos años parece que los jóvenes tienen más oportunidades. No debería ser así: me siento tan hábil como ellos y tengo las mismas ganas al trabajo».

Secundando esa opinión, Nixon Agila, desempleado del sector agrícola cuyo último contrato no superaba el trimestre, también percibe que los jóvenes se adaptan mejor al abanico laboral. «Sin preguntar, las empresas suponen que son más aptos». «Nos encontramos en la época de contratos temporales. Desde diciembre hasta febrero se nota en la hostelería y el comercio», reconoce anónimamente una trabajadora del SEF.

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