Así murió el libro de texto

Alrededor de 300 asistentes llenaron el Aula de la Fundación Caja Mediterráneo en la última jornada del Proyecto Aula./Vicente Vicéns / AGM
Alrededor de 300 asistentes llenaron el Aula de la Fundación Caja Mediterráneo en la última jornada del Proyecto Aula. / Vicente Vicéns / AGM

Proyecto Aula exhibe una educación alejada de convencionalismos que ya está sobre muchos pupitres: «La tiza tiene poco que hacer contra la realidad aumentada»

Daniel Vidal
DANIEL VIDALMurcia

Aprender es un juego, y además es un placer. Esto lo tuvieron que recordar ayer algunos de los ponentes que pasaron por la última jornada del Proyecto Aula (Paula), el 'festival educativo' que ha tratado de demostrar que otra educación es posible (y necesaria). Así lo expusieron en el 'encerado' los responsables de romper el hielo en la primera ponencia de la mañana, Matthieu Kessler y Daniel Pérez, creadores de 'Rétame y aprendo', un juego de preguntas y respuestas 'online' que revolucionó un buen puñado de institutos a principios de este año.

Kessler, vicerrector de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), y Pérez, ingeniero informático, han ideado un 'trivial' virtual «innovador, sencillo y divertido», según definen los propios alumnos que compitieron entre sí a principios de año. El proyecto logró la atención de casi 4.000 participantes de ESO y Bachillerato en torno a un concurso que dejó premios para los ganadores como teléfonos móviles de última generación, ordenadores, consolas, tabletas y hasta viajes a Madrid y Londres con todos los gastos pagados. Recompensas «atractivas» para incentivar una participación que resultó abrumadora y que desembocó en una motivación arrolladora, representada en la forma de desenfundar el dedo a lo Billy 'El Niño' de algún alumno para ser el más rápido en dar al dichoso pulsador durante la final, celebrada en la Politécnica. Rememorando la ilusión desbordante de aquellos alumnos comenzó la última jornada de Paula, organizado por 'La Verdad', patrocinado por la Fundación Caja Mediterráneo y la Consejería de Educación en colaboración con la Universidad de Murcia (UMU) y la UPCT, e ideado por el educador y gestor cultural Miguel Ángel Cayuela. Paula ha cosechado una participación sobresaliente en su primera edición.

Y no es de extrañar, atendiendo a exposiciones como la del asesor tecnológico y emprendedor Víctor Sánchez, que dejó en el ambiente una de las conclusiones de la jornada: que el final de los libros de texto y la muerte de la vieja tiza blanca, como vehículos de aprendizaje en el aula, están más cerca que nunca. «La tiza tiene poco que hacer contra la realidad aumentada», resolvió Sánchez. Con lo divertida que podía ser la tiza.

«La mayor innovación atemporal que ha existido ha sido querer al alumno», dijo Velasco

Contrato de uso de 'tablet'

Así lo demostró Carmen Pérez, maestra de Infantil del CEIP Purísima Concepción, de Puerto Lumbreras, al detallar el proyecto que elaboraron sus alumnos de cuatro años. «Comenzó con una pequeña herida» de una niña y acabó con una campaña de hemodonación en toda regla organizada por los propios renacuajos... y sin tocar un solo libro. Sí muchas pegatinas, y pancartas, y plastilina, y hasta gafas de realidad virtual. Solo algunos de los elementos que forman parte de esa forma diferente de enseñar «que no es la que nos dice un libro de texto», remató. Carmen Pérez compartió 'encerado' durante un buen rato con Carmen Montoya y Rafael Pérez, profesores del CEIP Hernández Ardieta, quienes desgranaron las experiencias educativas puestas en marcha con la ayuda de un buen puñado de aplicaciones tecnológicas con el principal objetivo de mejorar la motivación de los alumnos. 'Crazytalk', 'Chatterkid', 'Chromville', 'Chatterpix', 'BuddyPoke', 'iFunFace'... Todas ellas para aprender, y aunque sea jugando, lo que no quiere decir que los chavales puedan descargarse el FIFA. Deben ser responsables con las pocas 'tablets' que consiguió el centro, y por eso tienen que firmar un contrato de uso. Así «se genera respeto y esfuerzo. Eso es la educación, no la página 25 de un libro de texto», apoyó Montoya.

Víctor Sánchez, claro, no podía estar más de acuerdo con sus predecesores en el estrado. Empezó hablando de aquellas fotos de la nave espacial 'Voyager I' que demuestran «lo pequeños y a la vez lo grandes que somos» y terminó prácticamente implorando a los participantes en las jornadas: «No seáis malos gestores de la ilusión de los alumnos. No hay nada sin ilusión; el aprendizaje sin emoción no existe». No fue la única lección que dejó Sánchez sobre el escenario: «La tecnología es transversal, como las palabras; es una forma de comunicación tan importante como la literatura. Forma parte de todos los ámbitos de la vida, incluida por supuesto la Educación, y si no lo vemos así tenemos un problema». También dijo que «tan peligroso es el tecnólogo sin moral como el educador con valores sin idea de tecnología», para advertir después de que «el analfabetismo digital nos llevará a ser un país menos competitivo».

Para cerrar la mañana, el doctor en Ciencias de la Educación Raúl Santiago explicó a los asistentes la metodología 'Flipped learning', o cómo dar la vuelta a los métodos tradicionales de aprendizaje. Una charla en la que se puso de manifiesto, con una encuesta en tiempo real, que el 67% del tiempo empleado por los docentes en el aula se dedica a explicar contenido nuevo en clase. Santiago detalló los aspectos del 'Flipped learning' que pueden ayudar a cambiar esa realidad.

Después de la hora de la comida, los asistentes se encontraron una sandía en el 'encerado'. La había colocado allí la investigadora Clara Megías, quien comparó el sistema educativo actual con el día de la marmota de Bill Murray en 'Atrapado en el tiempo'. Sus clases, dijo, buscan ser «críticas, emocionantes, creativas y generadoras de empatía y compromiso social». Y así llegó el arte a sus clases como fuente de herramientas con las que conseguir esos objetivos. El 'Art thinking' que presentó ayer Megías, sin embargo, va mucho más allá de «fabricar collares de macarrones en serie por el día de la madre», sonrió. Se trata de «pensar como un artista». La sandía, que hasta ese momento solo había ejercido de espectadora, sirvió a Megías para explicar cómo hacer «clases más sexis, con más expectativas». Al final, la sandía acabó pelada y cuadrada, y troceada por un asistente a las jornadas para poder ser repartida entre el público. Aunque la sandía sirvió para algo más que para el postre.

«Leer miradas»

El leonés Manu Velasco, por su parte, desgranó algunos de los retos del docente del siglo XXI. Uno de ellos, «aprender a leer miradas». Otro, «formar a personas que sepan autogobernarse». Los maestros, dijo, «tienen que ser jardineros, porque vemos y cuidamos flores». Y hasta «tejedores, cocineros, boticarios y surfistas», entre otras muchas cosas. Velasco quiso reivindicar, además, que «la mayor innovación atemporal que ha existido es querer al alumno, que de lo que más aprende es del ejemplo». Dijo que «educar al estilo correcaminos es tan nutritivo como la bollería industrial», y dejó en el aire una reflexión: «La educación no puede ser una mercancía política». Finalizó Velasco asegurando que «vienen vientos de cambio en la educación; hagamos molinos de viento, no muros».

El encargado de clausurar Proyecto Aula fue el pedagogo Juanjo Vergara, quien salió al 'encerado' con una camiseta de Darth Vader para dejar claro que «estamos ante una de las generaciones de jóvenes más participativas de las últimas décadas, aunque las condiciones de la participación han cambiado». «¿Cuál es vuestro sueño como docente?», preguntó. Y cada uno de los asistentes escribió ese sueño en una cartulina de color, lo firmó con su personaje de ficción favorito y lo lanzó al aire. Para terminar la jornada como empezó: aprendiendo a través de la emoción.

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