Un murciano lidera el equipo cuyos algoritmos ayudarán a frenar el cáncer

Los investigadores de la Escuela de Ingenieros de la Universidad de Navarra prueban ya la fórmula con el alzhéimer, y pronto lo harán con otras alteraciones metabólicas

Pepa García
PEPA GARCÍA

Francisco Planes Pedreño (Murcia, 1981), subdirector del Departamento de Ingeniería Biomédica y Ciencias de Tecnun en la Universidad de Navarra (San Sebastián), no podía imaginarse, cuando hace «media vida» hizo las maletas para salir de Murcia a estudiar Ingeniería Industrial en Tecnun, que las máquinas que se dedicaría a mejorar son las humanas: «Para nada», recalca.

Quería centrarse en las redes logísticas y volver a la empresa de su padre, Inforges. Por eso profundizó en las matemáticas, pero, tras su doctorado en Londres, hubo una baja en Tecnun y su vida cambió. Ahora, tras arrancar en 2008 la línea de investigación en Ingeniería Biomédica en Tecnun, está al frente del equipo investigador -Tecnun, CEIT-IK4, CIMA y Clínica Universidad de Navarra- que acaba de publicar en 'Nature Communications' los algoritmos matemáticos que pueden localizar los «puntos débiles» del metabolismo de los tumores y que pondrán coto al desarrollo de células cancerígenas.

«Nuestro algoritmo identifica las vulnerabilidades del tumor para su crecimiento metabólico. El tumor para crecer necesita producir una serie de compuestos y, utilizando información genética del tumor, intentamos encontrar esos puntos débiles para atacarlos con una intervención farmacológica. Con nuestro algoritmo obtenemos dianas terapéuticas, que, luego, equipos experimentales como los del CIMA y la Clínica Universitaria pueden validar. Esperamos que estos algoritmos den nuevas posibilidades terapéuticas para la batalla contra el cáncer; abrir nuevos frentes en una medicina personalizada», explica para que se comprenda el alcance de esta investigación.

Según Planes, la fórmula que han desarrollado permite aprovechar la ingente información molecular que se extrae con el actual 'boom' de las tecnologías de secuenciación masiva y, además de encontrar puntos débiles en los tumores, buscarles puntos diferenciales con respecto a las células normales «para hacer unas terapias más eficientes y dirigidas, con menos efectos secundarios».

Aunque, como aclara Francisco Planes, en cáncer se observa cada vez más que «un mismo cáncer es muy heterogéneo» -de ahí la alta variabilidad en la respuesta de los pacientes al tratamiento-, «nuestro algoritmo también busca biomarcadores de respuesta, que nos informan si ese tratamiento puede funcionar». Así, pueden saber con garantías si, dado el perfil genético del paciente, responderá a la terapia o habrá que complementarla. «A veces un tumor tiene una vía de escape al tratamiento y habrá que buscar otra que inhiba esa vía de escape. Pero es importante, para no perder el tiempo. Conocer desde el principio al enemigo es clave».

«Nuestro algoritmo no es una fórmula universal para atacar el cáncer porque falta información y los tumores, a veces, son muy plásticos y se adaptan, pero sí que es una forma general de atacar el metabolismo de cualquier tumor», resume.

Contra enfermedades raras

No obstante, los beneficios del hallazgo de estos investigadores de bioinformática y biología computacional van más allá del cáncer. «Ya lo estamos intentando trasladar a otras enfermedades. La idea es un poco distinta, pero todas las enfermedades complejas (diabetes, alzhéimer, párkinson...) tienen un metabolismo alterado y tratamos de buscar estrategias para su normalización», avanza Planes. El equipo que dirige ya ha hecho pruebas con alzhéimer y está intentando extender toda la metodología desarrollada en cáncer. Especial énfasis ponen en las enfermedades raras «porque no suelen tener recursos y nuestro grupo, al ser computacional, tiene costes muy bajos».

La idea, explica Planes, es empezar por la porfiria, «y, en general, por enfermedades metabólicas de las que se sabe poco, además de todas las enfermedades complejas». Otro de los campos que empiezan a abordar es el de la flora intestinal y su papel en las enfermedades, «con efectos hasta a nivel neurológico, ya que la flora intestinal es como un reactor bioquímico que lanza mensajes a todo el cuerpo. Y también en toxicidad de fármacos en desarrollo embrionario (que pueden dañar al feto), una gran necesidad del sector farmacéutico». Trabajan con embriones de pez cebra para que, «cuando una empresa farmacéutica desarrolla una molécula, se pueda prevenir y no tengamos que esperar a que haya una catástrofe para que se vea que tiene efectos secundarios». Todos los controles son pocos y esta línea permitirá evitar casos dramáticos como el de la Talidomida.

Los frentes son muchos porque, como añade Planes, la biotecnología abre un mundo de posibilidades. «Ahora viene una nueva ola con la tecnología CRISPR/CAS9 de edición genética. Ya no es descabellado que se pueda editar el genoma de nuestras células y, por ejemplo, en personas con enfermedades raras por la mutación de un gen, podría editarse ese genoma alterado y devolverlo a la normalidad. Eso abre también muchas cuestiones éticas que hay que abordar en el futuro». Unos avances en los que está inmerso este equipo y que conseguirá, «pienso, que el cáncer se cure en unas décadas; y otras enfermedades también».

Más

Fotos

Vídeos