El murciano que conocía a Jaruzelski

El murciano que conocía a Jaruzelski
Álex

El ganador de 'Pasapalabra', que consiguió un premio de más de un millón de euros, es músico en paro y le encantan los guisos de cuchara

Antonio Botías
ANTONIO BOTÍASMurcia

Contaba el genial Quevedo que las palabras son «como monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por una». Y eso que el pasado 4 de diciembre el célebre escritor no pudo ver, muerto como anda desde 1645, el programa 'Pasapalabra'. En ese instante se demostró que tenía razón. Porque una palabra es verdad que vale muchas monedas. Tantas como son necesarias para reunir más de un millón de euros. Exactamente, 1.164.000, que es la cantidad que consiguió el murciano Antonio Ruiz cuando, para pasmo de los miles de seguidores del programa, abrió sus labios y dijo: «Jaruzelski». Olé.

A Antonio solo le faltaba acertar la 'j' en el popular rosco que, una vez completado, lo convirtió en ganador. Era la primera letra de un endiablado término, incluso en su pronunciación. Jaruzelski es el apellido del último jefe del Gobierno comunista polaco.

Casi nada. Y Antonio lo sabía, según explicó a sus amigos, porque recordaba aquellos años del sindicato Solidaridad y el más conocido Lech WalÄ&tradesa, presidente de Polonia entre 1990 a 1995. Y porque el director de su colegio «le traía un aire al polaco». Hay quien nace, como dirían en la huerta, con una rosa en el culo. Pero también porque, en el paro como está, lleva mucho tiempo preparándose para este tipo de concursos.

Antonio Ruiz (Murcia, 1970), de hecho, ya concursó en otro programa, 'Saber y ganar', donde venció. Aunque no obtuvo tanto dinero. Eso sí, fue perfeccionando el método. Algo así, reconoce, como quien se prepara una oposición. Por tanto, dedicó muchas horas cada día a ver y volver a contemplar el programa, anotando los términos más complicados en libretas, auténticos diarios de la historia de un éxito.

Músico de profesión, desde muy pequeño aprendió en el Conservatorio Superior de Música, en Murcia, aunque no logró convertir su afición en una forma de ganarse la vida. Aunque domina con soltura el bajo, la guitarra y el saxofón. Sin contar que tampoco afina malamente al cantar. Y, como aseguran quienes lo conocen, aparte de oído y compás, tiene cierta maestría. Aunque luego las cajas registradoras de los bares suenen menos -y peor- que los instrumentos en las manos de Antonio.

También hizo en su juventud un módulo de Formación Profesional de Imagen y Sonido, que le permitió un trabajo como profesor de Fotografía en Barcelona. Quizá de entre todos los recuerdos que atesora de su niñez figura uno que, con el paso de los años, ha resultado determinante para ganar el concurso. Su madre tenía la sana costumbre de enseñarle palabras y el origen latino y griego de las mismas. Sano ejercicio que aún hoy mantiene Antonio, para su bien intelectual y el de su cartera.

Ahora vive en Castellón. Pero su residencia desde el pasado mes de mayo estaba en Madrid, donde se graba el programa. Atrás dejaba su hogar y a su hija, de apenas tres añitos, con la que está deseando ahora recuperar el tiempo perdido. Atrás dejaba también, si bien entonces ni lo imaginaba, la falta de liquidez.

De aquel día en que se alzó con el millonario premio, que se quedará en casi la mitad cuando pague sus impuestos, recuerda cierto sentimiento de satisfacción. Y descanso. Pocos supieron que era el vencedor, puesto que el programa se emitía varias semanas más tarde. Y como la costumbre es que el presentador, Christian Gálvez , rape a los ganadores, Antonio tuvo que proveerse de un gorrito para evitar el dar explicaciones.

Ahora las da, gozoso, todas juntas. Y asegura que le encantaría no dilapidar su reciente fortuna, para que su hija pudiera también beneficiarse de ella. Claro que eso, como resulta lógico, queda aún muy lejos. Más cerca parece la idea de abrir una librería, pues Antonio es un enamorado de los libros. Sobre todo de la literatura espiritual. Si tuviera que elegir su obra favorita se quedaría con 'Autobiografía de un Yogui'. La escribió el gurú hindú Paramahansa Yogananda. Otro nombre impronunciable. Es el más destacado impulsor del yoga y la meditación en occidente. Meditación que tampoco le ha venido mal a Antonio mientras preparaba su participación en el concurso. Eso, y su espíritu roquero, como él lo define.

Pese a todo, entre los lugares donde se perdería el murciano no figura la India. Pero sí París y Nueva York, que ya ha visitado. O, sin ir tan lejos aunque siempre anhele hacerlo, disfrutar de Toledo. Incluso del Noroeste murciano, que también le apasiona casi tanto como los guisos de cuchara, de los que suele dar cuenta. Sin pasarse. «No soy muy 'comiente'», asegura Antonio, si bien le encantan las comidas navideñas en familia y montar el Belén. Porque en la casa de sus padres eran más de Belén y poco de árbol.

Coma más o menos, tampoco engordará mucho, dada su afición a la práctica del tenis. O a los paseos. Y a mantener su voluntad inquebrantable frente a los desafíos. Por algo advertía Confucio de que es posible conseguir algo luego de tres horas de pelea, pero es seguro que se podrá conseguir con apenas tres palabras impregnadas de afecto. A Antonio Ruiz le bastó con una: Jaruzelski. Hay que echarle roscos a la cosa.

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