«El método para escribir juntos era ir dejándole una pista al otro»

Enrique Arroyas y Francesca./V. Vicéns / AGM
Enrique Arroyas y Francesca. / V. Vicéns / AGM

Enrique Arroyas y Francesca Cañas. Autores de 'Después del diluvio'

BOTÍAS SAUS

¿Queda algo del amor cuando el tiempo pasa? ¿Cuántas cosas hemos de inventar para reconstruir un pasado que la historia se encargó de desdibujar? Esas son las cuestiones que aborda la novela 'Después del diluvio', flamante obra del periodista y profesor universitario Enrique Arroyas y la socióloga barcelonesa Francesca Cañas Francisca Cañas. Se trata de una auténtica catarata literaria que atrapa al lector en una historia de sentimientos y ausencias, anhelos y esperanzas que fluyen en torno a una idea esencial: la constante búsqueda de quiénes son realmente los protagonistas.

-¿Cómo surgió la idea de componer una novela juntos?

Enrique: Escribimos juntos en el 'blog' literario 'El club de los domingos'. Habíamos escrito relatos y un buen día Francesca me envió una escena, yo la continué y ya teníamos a los protagonistas. Nos preguntamos quiénes eran, qué les pasaba, fuimos tirando del hilo y pensamos que valía la pena contar su historia. No fue premeditado. Los personajes nos atrajeron a sus vidas.

Francesca: Escribir juntos no fue una idea, fue una forma de disfrutar leyendo las escenas que intercambiábamos. El sistema era ir dejándole una pista al otro para que continuase.

-¿Qué encontrará el lector?

-Enrique. Si una novela es buena es un pozo sin fondo. Cada lector la hace suya y la incorpora a su vida. Los personajes son tan suyos como nuestros. Y creo que aquí encontrará personas, vidas y sentimientos muy reconocibles. Personas con necesidad de amar, aunque no sepan cómo. Y, de vez en cuando, el milagro de un encuentro.

-Francesca: Es una historia sobre los claroscuros del amor y la amistad, sobre la capacidad de autoengaño del ser humano, sobre el abandono y la nostalgia... La historia pretendía mostrar, a través de sus personajes, la dosis de infelicidad que cada uno necesita para darle valor a la vida.

-¿Pero queda algo del amor cuando pasa el tiempo?

-Enrique: Para mí, esa es la gran pregunta. El amor está suspendido en el tiempo, vivo, surge por azar y hay que inventarlo constantemente, con la dificultad de que depende de dos.

-Julia y Manuel se reencuentran, ¿segundas partes fueron buenas?

-Francesca: Cuando se reencuentran, ya no son los mismos. Pueden reconocerse y decidir recordar lo bueno del amor que vivieron, pero esa segunda parte -si se diese- no sería tal; representaría una experiencia nueva entre dos adultos que, con suerte, han aprendido cada uno por su cuenta, el valor del amor en sus vidas.

-Enrique: El arte y la memoria te permiten rectificar la vida. No hay dos partes sino muchas. Vivimos la vida a trozos y el reto es unirlos todos para construir un relato con sentido.

-¿En qué se inspiran al escribir?

-Enrique: En lo rara que es la vida. En lo poco que sabemos de nosotros y de los demás, en la cantidad de emociones contradictorias que nos dominan.

-Francesca: Y en lo que ocurre a nuestro alrededor, en lo que nos cuentan, en lo que leemos. El escritor debe ser observador y tener sensibilidad para percibir las emociones, porque las novelas, al menos las que a nosotros nos gusta escribir, versan sobre ellas.

-¿Qué ha sido lo más difícil en la creación de esta novela?

-Enrique: Lo de cualquier novela. Conseguir que los personajes tengan vida, transmitir el transcurso del tiempo y crear imágenes que emocionen y hagan reflexionar.

-Francesca: Uno mira alrededor y ve las dificultades para la consecución de la felicidad, las carencias, los anhelos... Cualquiera de esas cosas puede ser la chispa que encienda la mecha. Luego la historia avanza hasta que los personajes han crecido lo suficiente como para que el abanico de sus opciones se limiten, para que haya decisiones que no puedan tomar porque sería inconcebible que lo hicieran.

-¿Habrá una segunda parte?

-Enrique: La segunda la escriben los lectores. Ellos saben ahora mucho más que nosotros. No hay más que escuchar lo que nos dicen quienes la han leído para darnos cuenta de eso.

-¿Dónde y cuándo recomienda leer su obra?

-Enrique: Ahora mismo.

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