Casi medio millar de universitarios tienen que devolver la beca por no aprobar el mínimo de créditos

Los estudiantes que no han superado las asignaturas exigidas contraen, si no retornan el dinero, una deuda con la Agencia Tributaria

Fuensanta Carreres
FUENSANTA CARRERESMurcia

El alivio que sintieron el curso pasado al saber que el Ministerio les había concedido una beca para pagar sus estudios se ha tornado hoy en angustia. Centenares de estudiantes están recibiendo en las últimas semanas el requerimiento del Ministerio de Educación que les reclama la devolución del dinero de la ayuda de estudios que se les concedió porque no han cumplido los requisitos exigidos, al suspender la mitad de los créditos. Los estudiantes que reciben una asignación para hacer frente al pago de sus matrículas y estudios, además de acreditar unas condiciones mínimas de renta y calificaciones, están obligados a superar el 50% de los créditos matriculados -el 40% en las las ramas de Ciencias y de Enseñanzas Técnicas- y a acreditar su asistencia al 80% de las clases desde que el exministro Wert lo sancionó así en 2012. Hasta el curso anterior, bastaba con que los alumnos se presentaran a los exámenes. Si no cumplen con esas expectativas, tienen que devolver el dinero -ya gastado- de la asignación íntegro al Ministerio.

En esa angustiosa situación se encuentran ahora 310 estudiantes de la Universidad de Murcia (UMU) y otros 129 de la Politécnica de Cartagena (UPCT) que, completada la convocatoria de septiembre, no han superado los créditos necesarios.

Universidad de Murcia
alumnos han visto su beca -correspondiente al curso pasado- revocada este año
El anterior fueron 305. 10.244 alumnos lograron beca. A 4.689 les fue denegada.
310
Politécnica de Cartagena
alumnos han visto su beca -correspondiente al curso pasado- revocada este año
El anterior fueron 110. 1.060 estudiantes consiguieron beca de estudios. El anterior, 1.1

El 'castigo' por lo que el Ministerio considera «bajo rendimiento» no termina ahí. Los alumnos no pueden pedir beca este curso para proseguir con sus estudios, y si no reembolsan el dinero, la gestión de su deuda pasará a Hacienda y empezará a acumular intereses. Una situación que para los estudiantes es comparable a un desahucio hipotecario.

La justificación para que la beca se convierta en una deuda tributaria se basa en el presupuesto de que el dinero «no se ha destinado para la finalidad para la que fue concedido». Las condiciones no prevén ninguna excepción, por lo que hay que acudir a la legislación civil para intentar buscar algún motivo que poder alegar. Las únicas justificaciones aceptadas excepcionalmente se basan en supuestos de fuerza mayor, es decir, cuando el alumno acredite algún hecho «imprevisible o inevitable» (normalmente enfermedades muy graves o accidentes). En la Universidad de Murcia, solo diez alumnos consiguieron que sus recursos fuera tenidos en cuenta el curso pasado. Otros 61 no reintegraron el dinero, lo que les deja fuera del sistema hasta que salden la deuda.

Los alumnos que no reintegran el dinero quedan 'entrampados' por varios frentes. Este curso académico no tienen derecho a pedir de nuevo una beca. Y lo que más preocupa a los estudiantes, si no reembolsan y la gestión del cobro de la deuda termina trasladándose a la Agencia Tributaria, los créditos aprobados pueden quedar anulados. En el peor de los casos, terminarían en un listado de morosos y sin poder volver a matricularse en la Universidad hasta que transcurran cinco años.

Una penalización draconiana, a juicio del Defensor del Universitario de la UMU, José Palazón, y del Frente de Acción Estudiantil, quienes niegan la mayor y no admiten que los alumnos que suspendan la mitad de los créditos hayan hecho un uso indebido de la beca. «El hecho de que hayan suspendido la mitad de los créditos no significa que sean unos gandules. Pueden haber tenido un mal año, haberse equivocado de carrera, haber sufrido la enfermedad grave de un familiar... Hay muchas variables, no todas demostrables con un certificado médico», argumenta Palazón, indignado por el hecho de que «el Ministerio considere que los alumnos han incurrido en un fraude. Sería así si no se hubieran presentado a los exámenes, o no hubieron asistido a clase. El dinero lo han gastado en sus estudios, y suspender y pagar el recargo que suponen las segundas y terceras matrículas ya es bastante castigo», denuncia.

La cifra de becas revocadas se ha mantenido estable en los últimos años, tras una subida destacada en 2013, cuando los estudiantes aún no conocían la repercusión de suspender. Palazón sospecha que no aumenta «porque los alumnos limitan sus expectativas. Se matriculan solo de lo que saben que pueden aprobar, y si lo ven complicado, no piden la beca».

El sistema penaliza además a los alumnos con recursos económicos muy limitados, que son quienes reúnen los requisitos de renta para lograr una beca. Pero la realidad es que todos los universitarios españoles están 'becados', tengan o no ayuda, ya que las tasas de matrícula representan solo una séptima parte del coste real del curso. Así, quienes no tienen beca, pagan su matrícula y pueden permitirse suspender, también se están beneficiando de la inversión estatal en sus estudios universitarios.

Las condiciones para disfrutar y mantener una beca fueron endurecidas por el Ministerio de Educación en 2012. El decreto elevó la nota media para acceder de un 5,5 a un 6,5, aunque se mantiene el 5,5 para la exención de tasas. Además, los alumnos tienen que aprobar entre un 90% y un 65% (para las de Ciencias y las técnicas) para renovar la asignación el curso siguiente. Si no alcanzan ese mínimo, se quedan sin ayudas.

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