María Ángeles Durán: «Las mujeres nacemos con una hipoteca sobre nuestro tiempo»

La socióloga María Ángeles Durán./José Ramón Ladra
La socióloga María Ángeles Durán. / José Ramón Ladra

«El trabajo no remunerado es superior en volumen de horas al remunerado; y va a aumentar, porque hay una población creciente de personas mayores», advierte la socióloga e investigadora 'ad honorem' del CSIC

Fuensanta Carreres
FUENSANTA CARRERESMurcia

La socióloga María Ángeles Durán (Madrid, 1942) lleva años volcada en la investigación de lo invisible, en hacer aflorar cifras y datos desconocidos que pasan por el reconocimiento de que los trabajos no remunerados, desempeñados de forma mayoritaria por las mujeres, implican un gasto de tiempo y una aportación poco reconocida al Producto Interior Bruto de cualquier país. Autora del libro 'El valor del tiempo. ¿Cuántas horas te faltan al día?', es una de las más reconocidas figuras de la investigación social española. Premio Nacional de Investigación en 2002 y profesora 'ad honorem' del CSIC, es pionera en la investigación social sobre el trabajo no remunerado, la situación social de las mujeres, la economía de la salud y la desigualdad en el uso del tiempo. Participa mañana (10 horas) en la Semana de las Mujeres 'MU y MU', promovida por el Ayuntamiento de Murcia y 'La Verdad', en el Auditorio Víctor Villegas.

-Fue la segunda mujer en ser reconocida con el Premio Nacional de Investigación. Hoy son solo cinco, ¿por qué siguen las mujeres relegadas también en ese campo, el de la investigación, y cuesta tanto que se las reconozca?

-Hay dos tipos distintos de razones. Por una parte, hay que dedicarle mucho tiempo, y muchas de las mujeres no pueden porque tienen que dedicarle mucho tiempo al cuidado de la familia. Además, aun reuniendo las mismas condiciones, en cualquier campo, no solo en este, la mujer lo tiene más difícil porque hay muchos elementos tradicionales que hacen que le sea más complicado, que se prefiera a un varón, que se piense que ellas pueden esperar o que a ellas no les importa quedar en un segundo plano.

«Para los salarios medios-bajos conciliar es imposible. Es más rentable no trabajar»

«La enfermedad es una tremenda circunstancia que te corroe todos los derechos cívicos»

-Eso las relega a un eterno segundo escalón...

-Es difícil, muy difícil. Se exige una dedicación muy intensa, difícil de compatibilizar con la familia, e incluso las mujeres que sí tienen esa dedicación tienen unos 'handicaps' con los que la mayor parte de los varones no tienen que luchar.

-Es pionera en la investigación social sobre el trabajo no remunerado, la situación social de las mujeres y la desigualdad en el uso del tiempo. Calcula que el trabajo no remunerado es superior en volumen de horas al remunerado...

-Sí, en todo el mundo, y en España también. Hay que tener cuidado con cómo se define el concepto de trabajo no remunerado, hay definiciones amplias y restringidas. Aún así, en muchas de las estadísticas y estudios, tiene más peso el trabajo que no pasa por mercado, que no se remunera, e incluso en España, un país desarrollado, también es así. Y, lo más interesante, va a aumentar, porque tenemos una población creciente de personas jubiladas y mayores que dedican muchas horas a cuidar a otras personas y a cuidarse a sí mismas.

-En España, el 70% de los abuelos cuidan de sus nietos, en la mayoría de las ocasiones para que la madre pueda trabajar.

-He hecho un estudio recientemente con el Banco de España sobre la capacidad de las familias para comprar cuidado, y es escasísimo el porcentaje de familias que podrían hacerlo. Hay que hacerlo gratis y con recursos de la propia familia.

-¿Cómo podría calcularse ese trabajo no remunerado como actividad productiva?

-Yo no tengo ninguna duda de que es súper productiva. Otra cosa es que se quiera equiparar con las actividades productivas remuneradas. El trabajo no remunerado en el cuidado es más productivo: produce más bienestar, es más necesario, salva más vidas... que casi todo el que se produce fuera de las casas y que se convierte en dinero. No hay ninguna fórmula buena para interpretarlo, y estamos los investigadores intentándolo desde que en 1995 Naciones Unidas alertó de que olvidábamos el trabajo no remunerado en el ámbito del análisis macroeconómico. Poco a poco se van haciendo estadísticas e investigaciones más completas. La fórmula más sencilla de calcularlo es en tiempo para calcular el impacto, y calcular así cuánto costaría si se sacara al mercado monetarizado.

-La Ley de Dependencia trata de hacer algo similar, ¿con qué resultado?

-La Ley de Dependencia trató de hacer algo así. Fue la más importante y democrática de la Democracia, pero se ha quedado a medias en la aplicación, ha tenido muy mala suerte porque le llegó la crisis y además no estaba bien dimensionada la proporción entre el trabajo remunerado y no remunerado. Como además estamos envejeciendo y hay que incrementar el cuidado a las personas con enfermedades que consumen mucho tiempo, es creciente, y la ley de ha quedado a medias en la aplicación.

-Estos días se ha publicado que el trabajo del hogar representa el 55% del PIB. ¿Es correcto el cálculo?

-Si se incluye todo el trabajo de cuidado sí. Las mujeres trabajan una hora más que los hombres.

-La carga de ese trabajo no remunerado recae, tres a uno, en las mujeres... ¿Es una expropiación del tiempo de las mujeres?

-Es una expropiación, lo dije hace años. Las mujeres en nuestra cultura nacemos con una hipoteca sobre nuestro tiempo. Estructuralmente se expropia en beneficio de la comunidad.

-Sin remuneración...

-Es complicado. El Código Civil dice que en una pareja, los bienes que ha reunido durante el tiempo de su convivencia pertenecen por igual a los dos. Así que quien lo hace dentro de una pareja, no está siendo remunerado directamente, pero está haciéndose dueño de un patrimonio conjuntamente con su pareja. En la sociedad de rentas es más difícil, ya que la renta es de cada uno, y si uno se divorcia, se lleva la renta puesta. En caso de problemas, quien no tiene rentas propias lo pasa muy mal. Y el 30% de las mujeres españolas no tienen rentas propias.

-La cuestión del trabajo y el tiempo no remunerado no está en la agenda política. ¿No interesa?

-Debería estar, sobre todo en los países que envejecen. Si tuviésemos una demografía potente, y en los próximos años fuéramos a tener una exuberancia de gente joven que se incorpora al mercado, a lo mejor nos podríamos olvidar del sector de la economía que no se monetariza y no es mercado. Pero es al contrario, somos un país que tiene que pensar que estamos envejeciendo y tenemos una proporción muy alta de población que no volverá a estar en el mercado de trabajo y que consume gran cantidad de cuidados. ¿Quién produce esos cuidados? Debería estar en primera fila, es ganas de no querer ver la realidad.

-La caída de la natalidad nos lleva a la disminución de esa oferta de trabajadores y al incremento de la demanda. ¿Cómo se equilibra?

-Son habas contadas. Solo hay cuatro variables: natalidad, mortalidad, emigración e inmigración, no hay más. Por una parte, es estupendo que consigamos buena longevidad, es un cambio estructural que hay celebrar. Pero se tienen que poner los medios para ajustar esa realidad.

-Fomentar la natalidad, ¿es posible con las actuales medidas de conciliación?

-No hay conciliación. Conciliar es muy difícil. Hay sitios peores, pero en España es muy difícil. En salarios medios-bajos es imposible. Es más rentable no trabajar, solo en casos realmente de hambre vale la pena que las mujeres trabajen por salarios bajos. La producción dentro de casa vale más que lo que conseguirían fuera. Pero las mujeres son racionales y piensan: esto es lo que sucede en el corto plazo, pero a medio plazo es distinto. Y a veces te mantienes en el puesto de trabajo pensando en el medio plazo, es como una póliza de seguro. También está el elemento de la seguridad y de la libertad individual.

-Llegó al feminismo durante sus oposiciones a catedrática. Fue la primera de Sociología

-Es cierto. Bueno, yo no vivía fuera del mundo. Había sido delegada estudiantil, había sacado muy buenas notas en la universidad, en mi familia siempre pensaron que las chicas tenían que estudiar, y yo llevaba ya muchos años de profesora de Universidad. Cuando hice las oposiciones a cátedra había que profundizar bastante en temas de Filosofía de la Ciencia y Epistemología. Ese esfuerzo intelectual fue muy revelador. Entendí que tenía que moverme dentro de la ciencia con unas herramientas intelectuales que no estaban pensadas para mí. Me fascinó esa dimensión intelectual del feminismo que me abrió un mundo. Creemos que la ciencia no podría haber sido de otra manera, y a mí me conmovió hasta los cimientos darme cuenta de que la ciencia podía haber sido de otra manera, y que si peleábamos por ello en el futuro tendríamos la posibilidad de una ciencia distinta, con otros intereses y criterios.

-Inició su carrera criando niños...

-Yo creo que ahora es peor, o yo tuve más suerte que las mujeres jóvenes que tengo a mi alrededor. En mi caso fue difícil porque no se suponía que las mujeres íbamos en serio en una carrera intelectual. Ahora de boquilla se acepta, pero las familias son muy pequeñas. Ahora las madres de las chicas jóvenes están trabajando, y no hay tantas hermanas. Se hace el servicio para una sola persona, la tribu es más pequeña.

-Ha estudiado también la evolución en el uso del tiempo. ¿Cuántas horas le faltan al día?

-Puedo decir que no me he acostado todavía porque estoy escribiendo, anoche entré en buena veta, y llega el día y hay compromisos. Pero no sé qué es escribir un libro sin pasar ese ayuno de sueño. Cuando estoy escribiendo es una exaltación intelectual, pero no me entero de que estoy cansada.

-En 1995 sufrió un cáncer de mama y escribió sobre ello. Estar enfermo supone una merma de los derechos, reflexionó entonces. ¿Cuáles se pierden?

-Son tantos, el derecho al empleo en la práctica, que te puede llevar a acabar perdiendo el derecho a la vivienda, y si no tienes vivienda no tienes derecho a nada. La enfermedad es una tremenda circunstancia que te corroe todos los derechos cívicos. Y sobre todo la autonomía del enfermo para decidir en qué circunstancias quiere seguir un tratamiento, quiere dejar de luchar, quiere que se le apliquen medidas para una sedación. Esto afortunadamente ha cambiado muchísimo. Yo fui a dos notarios para intentar dejar expresadas mis opiniones, porque yo pensé que me iba a morir, para dejar cuál era mi opinión ante la cercanía de la muerte, y se negaron en los dos casos.

-¿Qué radiografía hace hoy de la sociedad?

-Nos dividimos. Las sociedades nacionales son azucarillos disolviéndose en agua. Tenemos poca potencia demográfica y estamos rodeados de un mundo en el que hay mucha potencia demográfica. Los países que estamos en riesgo demográfico sobrevivimos porque tenemos algunos aportes de inmigración. Desaparecemos, y en lo que han sido nuestras esencias, estamos en un proceso permanente de mestizaje. El mundo es global y nos mestizamos. Estamos en una situación muy líquida.

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