Mandad a los primeros de la clase

Demasiado perro

Tenemos que empezar ya a trabajar nuestra imagen, a hacer que se nos conozca, que se sepa lo que hacemos y lo que producimos

Jerónimo Tristante
JERÓNIMO TRISTANTE

En estos días he estado de periplo nacional por el lanzamiento de mi última novela, 'Nunca es tarde'. Dicen que el nacionalismo se cura viajando. Y es verdad. No solo tienes tiempo para pensar sino que entras en contacto con otras realidades y eso te permite poner la tuya más en valor. Cuando comencé en este oficio de contar historias y juntar letras hace más de 17 años me di de bruces con una realidad que no me agradaba. El concepto que tenía la gente de Murcia y los murcianos no era bueno. No me gustó percibirlo, claro, y se basaba en un gran desconocimiento de lo que es la Región de Murcia y sus habitantes. A mí, una vez, en Bilbao me preguntaron «si en Murcia había semáforos». Con eso lo digo todo.

Profesionales de primer orden. Lejos de enfadarme al comprobar que la imagen que llegaba de nosotros no era la idónea, intenté indagar en el porqué de aquello. A mí me constaba que teníamos profesionales de primera línea en muchos campos, por no decir todos. A muchos los conocía personalmente y los admiro muchísimo: Pérez-Reverte, Marta Garaulet, el grupo Second, Roque Baños, Pepa Aniorte, Maldita Nerea, el doctor Guillén o Pedro Cano… No sigo porque la lista es larga, ojo. Y debemos estar orgullosos de ello. Enseguida comprendí que desde los gobiernos regionales -y no me refiero sólo a los del PP- se había acometido una nula, nefasta o, incluso, inexistente campaña mediática que nos pusiera en el mapa. Todo lo contrario de lo que ha hecho el independentismo catalán. Comprobé que la gente nos conocía por el joven de la catana o el 'acho pijo', poco más. No tenían ni idea de cómo se vive aquí, de la relación ocio/trabajo/horas de luz que solo igualan en California o Florida, de los hospitales punteros, de los colegios, servicios y el entorno, que nos hacen ser el destino elegido por miles y miles de turistas europeos para venir a pasar aquí sus años dorados disfrutando de la vida.

¿Por qué? Pues esto sucede por dos motivos: primero porque hemos enviado a Madrid a algunos políticos indocumentados que no son capaces ni de hilar dos frases seguidas. No hace falta que recuerde aquel momento de triste recuerdo para todos nosotros en que toda una presidenta de la Comunidad dijo en el Senado: «Aquí habemos doscientos». Claro, en Madrid nos toman por idiotas, cuando se supone que la primera de los murcianos va transmitiendo esa imagen, ¿qué van a pensar de nosotros? Segundo: la obsesión por el enchufismo del politiqueo murciano. Todos esos jovencitos titulados en universidades privadas de dudoso prestigio que, sin experiencia alguna en los medios de comunicación, y tras la correspondiente cena de matrimonios en la Dehesa de Campoamor donde se coloca al 'nenico', aparecen como jefes de prensa de tal o cual consejería, nos han hundido. En el resto de España creen que somos unos garrulos, que vamos en burro y que regamos a manta. Porque estos chicos, al igual que sus jefes, que tampoco han trabajado nunca en nada, nos han llevado a la debacle.

Todo se paga. Y esa imagen que hemos transmitido, mal que nos pese, esos políticos tan flojos, el enchufismo de los menos capacitados, esa 'Antiselección natural' que pondría los pelos como escarpias al mismísimo Darwin, esa selección del menos adaptado, del menos preparado, del más inepto... nos ha llevado a que en Madrid no existamos. Nadie ha clamado contra el cielo porque el presidente del Gobierno haya tardado ¡siete meses! -lo repito, ¡siete meses!- en recibir a Fernando López Miras. ¡Y eso que es de su mismo partido! Eso es un desprecio brutal a todos los murcianos. Esto demuestra el peso específico que tiene Murcia a nivel nacional, para su propio partido, para Pablito Iglesias, para el PSOE, para Mariano Rajoy.

Y ahora, ¿qué hacemos? Esto que acabamos de analizar es la causa de que sigamos con las mismas reivindicaciones de hace 30 años -sí, amigos, miren la hemeroteca- esto es, agua e infraestructuras. Y es por esto que debemos de cambiar el chip y comenzar a enviar a Madrid a gente preparada, solvente y capaz. Gente con el valor suficiente como para poder sacarnos de la situación en que nos encontramos. Tenemos que empezar ya a trabajar nuestra imagen, a hacer que se nos conozca, que se sepa lo que hacemos y lo que producimos. Es imprescindible que empecemos de inmediato a comunicar mejor. Si trabajamos en esto y mandamos a los primeros de la clase, saldremos adelante.

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