«Maduro, deje a Venezuela libre otra vez; no sabe el daño que nos ha hecho a todos»

Luis, Gabriela, Francis, Luis y Elsa, en el salón del piso que comparten en la pedanía de Cabezo de Torres tras huir de Venezuela. / Edu Botella / AGM

Tres familias de venezolanos relatan a 'La Verdad' cómo se han adaptado a su nueva vida en la Región tras emigrar

JORGE GARCÍA BADÍAMURCIA

A María Elisabeth le diagnosticaron un cáncer y desde julio de 2015 hasta enero de 2016 no recibió tratamiento alguno. Vivía en Venezuela y no tuvo la oportunidad de luchar contra la enfermedad porque los medicamentos tardaron seis meses en llegar. «Mi hermana era un amasijo de huesos», sentencia Francis Chacón. Contiene las lágrimas y acaba de resumir la muerte de su hermana María Elisabeth con otra frase demoledora: «Cuando empezó a recibir quimioterapia tenía metástasis por todo el cuerpo, murió el 16 de abril». Esta venezolana, de 46 años y madre de una adolescente de 14 años, tuvo claro que era el momento de cruzar el charco para dejar atrás el régimen del presidente Nicolás Maduro.

«No es fácil inmigrar, allá tenía mi casa, era la gerente de una empresa de seguros, con trabajadores bajo mi responsabilidad y aquí uno llega para empezar de cero». Francis llegó a España en abril de este año, «pesando solo 40 kilos porque en mi país pasaba hambre», y ahora solo dispone de una tarjeta de residencia temporal. «Hasta octubre no podré disponer de un permiso para buscar trabajo». No le importa estar pasando apreturas económicas porque huyó de su país para darle un futuro a su hija. «Ella sufre de migraña y necesita medicamentos intravenosos que allí no hay». También quiere evitar que la menor presencie escenas atroces: «Un día estábamos tomando un helado y mataron a un hombre a nuestro lado para robarle el celular. En Venezuela se ha perdido la sensibilidad humana. Allí te matan y la gente se echa a un lado».

- Si tuviera la oportunidad de decirle algo a Nicolás Maduro cara a cara, ¿qué le diría?

Hasta tres años pueden pasar antes de que se les permita renovar el pasaporte El Consulado no aclara por qué los jubilados no cobran su pensión desde hace un año ASÍ LO VEN Francis Chacón «Mi hermana era un amasijo de huesos, tenía cáncer y cuando llegaron las medicinas tenía metástasis por todo el cuerpo» Luis Hernández «Mi esposa y yo vivíamos en una urbanización de clase media y una vecina murió amordazada solo para robarle el coche» Gabriela Chacón «La primera vez que entré en un mercado en Murcia me puse a llorar porque había mucha comida» Luis Hernández «Llevo un año en Murcia sin cobrar la pensión de 125.000 bolívares y ahora la cruz la tiene mi hijo» Verónica Barcenilla «Para el Gobierno, los venezolanos que residimos fuera somos considerados apátridas» Elsa Hernández «Me pusieron una pistola en la cabeza y patearon a mi marido para robarnos»

- Que deje a Venezuela libre otra vez, que no sabe el daño que nos ha hecho a todos, la delincuencia y las Fuerzas Armadas lo manejan todo.

Francis y su hija han sido acogidas por su hermana, Gabriela, su marido, Luis Hernández, la hija de estos, de 7 años, y los abuelos, Luis y Elsa. Siete miembros de una misma familia están compartiendo un piso en la pedanía murciana de Cabezo de Torres. Todo ellos tienen un objetivo común, «somos solicitantes de asilo», como confirma al unísono la familia a un equipo de 'La Verdad' al que, a pesar de las dificultades que están pasando, no dudan en agasajar con unas deliciosas arepas con carne mechada.

«Los murcianos ha sido muy receptivos con nosotros desde que llegamos», agradece Luis Hernández, de 38 años. Aterrizó en Murcia en junio de 2016 dejando atrás el taller que había montado en Maracay, en el estado de Aragua, y tuvo que empezar a trabajar 'en negro' en la Región para mantener a su mujer, su hija y sus padres. «Me iba muy bien económicamente en Venezuela, pero no podía cubrir necesidades tan básicas como comprar papel higiénico».

Hasta tres años pueden pasar antes de que se les permita renovar el pasaporte

Tampoco veía cubierto otro aspecto básico para cualquier familia, como la seguridad. «Mi esposa y yo vivíamos en una urbanización de clase media y una vecina murió amordazada y semidesnuda para robarle el coche. Allá los que mandan son los malandros (ladrones)». Luis empezó a tener miedo porque manejaba todos los días 'plata' en su taller y después de que entrasen a robar en su casa hizo las maletas.

«En España, la vida humana sí que cuenta». Su mujer, Gabriela, explica con emoción lo que sintió cuando entró por primera vez a una plaza de abastos en Murcia y vio los puestos, como una paleta de colores, cargados de productos de la huerta: «Me puse a llorar, no había colas y tenían mucha comida». Atrás ha dejado las compras de productos en el 'bachaqueo' (mercado negro), la inflación del país -«por un kilo de ternera nos pedían 20.000 bolívares»- y la impactante imagen de las colas de compatriotras buscando en la basura del McDonald's algo que llevarse a la boca.

El Consulado no aclara por qué los jubilados no cobran su pensión desde hace un año

La Asociación Venezolana de la Región (Avemur) estima que en la Región residen 1.000 compatriotas, la mayoría de los cuales han llegado para huir de la situación en la que se encuentra el país bajo la dictadura de Maduro. «Lo que hay en Venezuela es una guerra civil, pero el Gobierno no lo reconoce», afirma con vehemencia Gabriela. Desde que el matrimonio se instaló en la pedanía murciana ha recuperado la sensación de seguridad. «Solo saber que podemos bajar al parque con nuestra hija sin que nada malo vaya a pasar, nos hace estar tranquilos».

La pequeña, de 7 años, se ha aclimatado este curso a su nuevo colegio, pero todavía echa de menos a sus primos y sus tres perritos. Los que también tienen nostalgia son sus abuelos: Luis, de 74 años, y Elsa, de 70. «En la Costa de Oro tenemos una parcela de una hectárea, con frutales de mango, aguacates, cocos... añoramos nuestra casa», recuerda el matrimonio. En ese terreno disfrutaban de una merecida jubilación hasta que aparecieron por allí unos 'malandros'. «Un hombre entró en mi casa y me puso una pistola en la cabeza, me dijo a mí y a mi marido que nos iban a matar». Elsa relata con una entereza asombrosa cómo permanecieron durante tres horas encañonados y tumbados contra el suelo. «A mi esposo lo pateaban mientras le preguntaban dónde estaba el dinero».

La pareja sobrevivió al robo y trató de olvidar lo sucedido, pero en abril de 2016, a Elsa le pusieron un cuchillo en el estómago para robarle el teléfono. Fue la gota que colmó el vaso. Primero se fueron a Toulouse (Francia) para pasar una temporada con una de sus hijas y luego se desplazaron a Cabezo de Torres para instalarse con su hijo. «En el tiempo que estamos viviendo en Murcia nos han informado de que han desvalijado nuestra casa». El sueldo de mecánico de Luis y la ayuda de Cáritas mantienen a flote a los siete miembros de esta familia. Podrían vivir mejor, pero ni Luis ni Elsa reciben la pensión que les corresponde a cada uno de 125.000 bolívares. «Llevamos un año sin cobrar y la cruz la tiene ahora mi hijo», se lamenta el septuagenario.

Este diario se puso en contacto con el Consulado de Venezuela en Madrid el pasado jueves para preguntar el motivo de los retrasos en las pensiones, pero una funcionaria se limitó a interpelar sobre el contenido de este reportaje. Tras explicárselo pidió al periodista que reiterase la pregunta con un email al correo genérico del organismo. Cuatro días después, el Consulado sigue sin aclarar nada.

Los retrasos en las pensiones no son el único problema con el que lidian los venezolanos que residen en España, también pueden llegar a esperar tres años para renovar el pasaporte. El motivo lo aclara en tres palabras Verónica Barcenilla: «Nos consideran apátridas». La presidenta de Avemur explica que ha mantenido reuniones con el Instituto Murciano de Acción Social «rogándole ayudas para las personas de la tercera edad, hay gente de 65 años que estaban jubilados y han tenido que volver a trabajar en el campo en la Región para comer».

Verónica se marchó de su país en 2007. «Tenía que garantizarle una calidad de vida a mi hijo». Cruzó el charco sin nada y ahora se gana la vida como administrativa, pero sigue sin olvidarse de los suyos. «Todos los meses me gasto 250 euros en enviar medicamentos para la hipertensión de mi abuela y productos básicos, como harina de trigo, azúcar, café, atún, maíz...».

Ni antes en su país, cuando era militante del partido opositor Proyecto Venezuela, ni ahora en la Región, ha dejado de luchar contra el régimen. Desde Avemur colaboró con la consulta popular organizada por la Mesa Venezolana de la Unidad Democrática, en la que los venezolanos residentes en 52 ciudades españolas votaron en contra de la reforma de la Constitución de 1999 que promueve Maduro.

La Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE) en la Región denunció en un comunicado que el Ayuntamiento de Murcia «cediese» un espacio público para colocar las urnas y «posicionándose del lado de quienes han llevado la violencia al país». Incluso mostraron su «solidaridad con el legítimo Gobierno de Venezuela» y calificaron a los organizadores de la votación de «golpistas». Este diario pidió a UJCE que le pusiera en contacto con algún venezolano partidario de Maduro para escuchar sus argumentos, pero no fue posible: «En nuestra organización no milita nadie con el perfil que solicitas».

A Verónica le duele reconocer que no puede regresar a su país: «No podré volver porque estaba en el partido opositor, me considero una exiliada más. Allí no hay poderes públicos, es una dictadura total».

- ¿Se sienten ignorados por la comunidad internacional?

- Muchísimo. Lo primero que tendría que haber es un bloqueo internacional porque se están incumpliendo los derechos humanos.

«Mi hermana era un amasijo de huesos, tenía cáncer y cuando llegaron las medicinas tenía metástasis por todo el cuerpo» Francis Chacón

La precariedad del país la empujó a traerse a Murcia a su madre porque le habían diagnosticado un cáncer cervical. «Ahorita estoy mejor», explica Cipriana, de 69 años. No aparece en ninguna foto en este reportaje porque no quiere sufrir represalias del Gobierno de Maduro, ya que tiene una empresa de educación y alterna estancias en la Región, para recibir tratamiento, con viajes a Venezuela para supervisar su negocio. «Nada más llegar al aeropuerto el guardia te pide un impuesto por entrar a tu país, en octubre de 2016 pagué 200 euros. Eso te garantiza que no te asalten». Los venezolanos residentes en la Región explican que muchos de sus familiares no salen del país porque un vuelo puede llegar a costar 12 millones de bolívares y los salarios oscilan entre 168.000 y 250.000 bolívares.

El que no piensa en volver a coger ningún vuelo, en este caso para regresar a su tierra, es el informático que en su momento llevó la seguridad digital del partido Alianza Bravo Pueblo. «Recibí varias llamadas amenazándome, decían que me iban a meter preso y que iban a herir a mi esposa y mis hijos». No necesito mucho más para huir rumbo a Madrid en noviembre de 2012. No revela su nombre ni en qué municipio de la Región reside por temor «a los sicarios».

«Mi esposa y yo vivíamos en una urbanización de clase media y una vecina murió amordazada solo para robarle el coche» Luis Hernández

Este venezolano se ocupaba de crear servidores seguros para la formación política. «Tenía que encriptar todos los correos que salían del partido porque el Gobierno nos espiaba; detecté direcciones IP conectadas a servidores exteriores». Tras cinco años de «exilio» define a España «como mi segunda patria», pero reconoce que sus hijos siguen preguntándole cuándo volverán a reunirse con el resto de la familia en Venezuela. «Yo quiero que crezcan en mi país, pero ahora mismo hay un 'narcogobierno', los narcotraficantes son los que mandan».

«La primera vez que entré en un mercado en Murcia me puse a llorar porque había mucha comida» Gabriela Chacón

Pone como ejemplo de las ilegalidades que se cometen los paquetes de comida y medicinas que no han llegado a sus allegados. «En la aduana están pendientes de todo lo que llega de España y se lo quedan, hace un año dejé de enviar cosas».

- El pueblo y los partidos de la oposición han tomado las calles de Venezuela, ¿cómo acabará esto?

- Estamos en la meta y Maduro y su pandilla tienen que renunciar. Vamos a reconstruir el país.

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