Lugares de misterio y leyenda en la Región de Murcia

Lugares de misterio y leyenda en la Región de Murcia

Seis rincones malditos o marcados por la tragedia que están más cerca de lo que te imaginas

Iván Rosique
IVÁN ROSIQUEMurcia

El territorio murciano está esculpido por la Historia. En ocasiones algunos puntos quedan marcados por los mitos y los ecos del pasado. Lugares enigmáticos, cargados de secretos, que han estimulado la imaginación de los murcianos durante años. Repasamos la historia y las leyendas que esconden algunos de ellos.

Sanatorio de tuberculosos de Sierra Espuña

En las alturas del Parque Regional de Sierra Espuña, a principios del siglo pasado, se construyó un monumental edificio que desde los años 30 sirvió para acoger a centenares de enfermos de tuberculosis. Su remota ubicación no es casual: en la época, los tratamientos eran muy precarios y el índice de supervivencia era bajo, de modo que el papel del sanatorio era principalmente el de contener la enfermedad y evitar nuevos contagios mientras los ya infectados agonizaban en sus camillas. La masificación de cadáveres fue tal que en el cementerio de Alhama tuvo que habilitarse un depósito.

Con la llegada de los antibióticos, la tuberculosis dejó de ser una sentencia de muerte casi segura y en los años 60 la situación era ya tan favorable que el lugar dejó de funcionar como centro hospitalario. No dio frutos ninguno de los intentos de recuperarlo, primero como orfanato y después como albergue juvenil, y el edificio fue clausurado definitivamente en 1995.

Fue después de su abandono y progresiva decadencia cuando comenzaron a proliferar los rumores sobre apariciones, puertas que se cierran solas y otras actividades extrañas en su interior. Uno de los casos más sonados fue el de un grupo de militares que, durante unas maniobras, se vieron obligados a pasar la noche en el sanatorio. El encargado de montar guardia acabó despertando a sus compañeros cuando la emprendió a tiros contra, según testificó, una aparición translúcida de color verdoso.

En 2006 la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas realizó un estudio en el antiguo sanatorio y reveló algunas psicofonías (grabaciones de audio de origen inexplicable) que se registraron en sus tétricas estancias. «Nos gritaban que nos fuéramos de allí, en otras nos insultan y en otras hace referencia a las enfermedad que allí mataba a la gente. En una, por ejemplo, se escucha la palabra tísica, que era como antes se les llamaba a los enfermos de tuberculosis», declaró Fran Márquez, investigador de la SEIP, en un programa de televisión.

Aunque el recinto está vallado, no son pocos los 'exploradores urbanos' que regularmente desafían la prohibición de acceso para conocer de primera mano este lugar que tantas habladurías ha inspirado.

Interior del Teatro Romea.
Interior del Teatro Romea. / Nacho García / AGM

Teatro Romea de Murcia

El teatro más señorial y emblemático de la ciudad de Murcia también tiene su leyenda negra, que se remonta a las gestiones que el Ayuntamiento llevó a cabo durante la mitad del siglo XIX. Según reza, el edificio se levanta sobre unos terrenos expropiados al antiguo convento de Santo Domingo donde la comunidad tenía un cementario y algunos huertos. Esta ofensa desató la ira de los frailes dominicos, que maldijeron el proyecto con la predicción de tres incendios.

Dos incendios ya se han hecho realidad. El primero de ellos tuvo lugar en la madrugada de 1877 y se saldó únicamente con daños materiales. Sí hubo una víctima mortal en el segundo incendio, que volvió a arrasar el teatro 22 años después. Providencial era el título de la obra que había en cartel tan funesto día: la zarzuela 'Jugar con fuego'.

Aún quedaría pendiente un tercer incendio que, según la maldición de la que habla la leyenda, produciría una masacre durante una función con todo el aforo vendido y calcinaría el edificio hasta los cimientos. Para evitarlo se ha convertido en tradición dejar en taquilla siempre alguna entrada sin vender.

Fachada del Palacio de Guevara.
Fachada del Palacio de Guevara. / David Giner / AGM

Palacio de Guevara de Lorca

Conocida como la 'Casa de las Columnas', el barroco Palacio de Guevara es una de las edificaciones más bellas y con más historia de Lorca. También es uno de los puntos de la Región que más han atraído a los investigadores de 'lo oculto', intrigados por las afirmaciones de que algunas noches se pueden escuchar los cascos y el relinchar del caballo de don Juan de Guevara, el tiránico noble que mandó construir el palacio y que, según dicen, era aficionado a cabalgar dentro de sus estancias.

En 2011, aprovechando que el edificio tuvo que ser desalojado tras los terremotos de Lorca, miembros de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas se adentraron con sus equipos con el objetivo de obtener pruebas de esta actividad paranormal. No se volvieron con las manos vacías. Sus cámaras captaron interferencias inexplicables en una zona muy concreta de la escalera principal. Pero sus grabaciones más peliagudas fueron algunas psicofonías que parecían ser gritos de niños, llantos y una misteriosa voz que decía «tengo miedo».

Casa del Santo Oficio.
Casa del Santo Oficio. / Iván Rosique

Tribunal de la Inquisición de Alcantarilla

Tan solo un relieve con el escudo del Santo Oficio y una pequeña ventana a ras de suelo, la única fuente de luz de lo que una vez fueron los calabozos, revelan la historia que hay detrás del actual Archivo Histórico Municipal de Alcantarilla.

Este edificio que hoy luce una hermosa fachada restaurada acogió el Tribunal Comarcal de La Inquisición entre los siglos XVII y XVIII. Entre sus muros se juzgó a mujeres acusadas de brujería, además de otros pecados contra natura de la época como la sodomía o la prostitución, y sus mazmorras fueron escenario de los lamentos de los condenados antes de ser trasladados hacia su encuentro con el garrote vil.

En la actualidad Alcantarilla sigue haciendo honor a su pasado como 'pueblo de brujas'. Uno de los actos centrales de sus fiestas es el juicio y la quema de una bruja, en recuerdo de los juicios inquisitoriales que tenían lugar en la ciudad.

Orfanato de El Valle

De los muchos rostros de la Guerra Civil, el de los niños que quedaron huérfanos como resultado de la contienda es especialmente triste. En 1940, tras el fin de la guerra, se les dio cobijo en un orfanato ubicado junto a la carretera de acceso al Valle Perdido. Allí cientos de niños golpeados por la tragedia recibieron techo y alimento, pero a cambio eran sometidos a una educación falangista extremadamente estricta, donde los castigos y las palizas eran habituales durante las primeras décadas.

Las instalaciones fueron abandonadas definitivamente tras la muerte de Franco en 1975 y hoy son una ruina que a duras penas se mantiene en pie. El suelo ha cedido en varios puntos de los pisos superiores y buena parte del techo se ha derrumbado. El jardín posterior ha sido reclamado por la naturaleza y la piscina donde antaño los pequeños pudieron olvidar sus penas se ha convertido en un pozo de agua corrompida.

Es un lugar siniestro que parece haber asimilado entre sus muros el sufrimiento de los huérfanos. Su fama de lugar embrujado es suficiente para atraer a algunos curiosos que de vez en cuando se aventuran, a pesar de la inseguridad, para comprobar si es cierto que en su interior se pueden experimentar algunas sensaciones extrañas. Lo cierto es que es inevitable caer presa de cierto desasosiego al recorrer el lugar, quién sabe si por la influencia de fuerzas oscuras o por algo tan terrenal como el serio peligro de derrumbe que amenaza a cada paso.

Alrededores del Castillo de la Concepción
Alrededores del Castillo de la Concepción / Pablo Sánchez / AGM

Castillo de la Concepción de Cartagena

Los muros de esta antigua fortaleza fueron testigos de una tragedia medieval digna de un cuento de Bécquer. Según cuenta la leyenda, doña Sol fue una dama noble que estaba perdidamente enamorada de don Mendo, miembro de una familia de peor posición. Rechazado por la familia de ella, don Mendo marchó a la guerra con la esperanza de ganar fortuna y regresar merecedor de la mano de su amada. No contaba con que los padres de doña Sol aprovecharían su ausencia para casarla con un caballero italiano, Don Rodrigo Rocatti de Alvear.

Pasaron varios años de infeliz matrimonio hasta que doña Sol recibió noticias de don Mendo, que seguía vivo pero había sido apresado por los moros. Los remordimientos por haber accedido a las presiones familiares la llevaron a intentar liberarlo, pero sus gestiones llegaron a oídos de su marido. Consumido por los celos, don Rodrigo la mandó emparedar viva tras una pared de la fortaleza. Doña Sol se resignó a morir, no sin antes maldecir a su esposo, que murió veinte días después de forma fulminante.

No hay pruebas históricas que avalen la veracidad de este cuento, pero algunos empleados del castillo han asegurado sentir presencias inexplicables e incluso, en declaraciones publicadas por el programa 'Cuarto Milenio', haber visto una misteriosa figura nebulosa intruduciéndose entre los ladrillos de los muros, además de sonidos extraños y anomalías en los sistemas eléctricos.

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