Las terrazas de los bares, en el punto de mira

Aspecto de las terrazas instaladas en la plaza de Calderón, reducidas a la mitad en los últimos meses, por la ordenanza./PACO ALONSO / AGM
Aspecto de las terrazas instaladas en la plaza de Calderón, reducidas a la mitad en los últimos meses, por la ordenanza. / PACO ALONSO / AGM

El Ayuntamiento ha impuesto 36 multas a los hosteleros por incumplimiento de la ordenanza municipal. Las partes implicadas negocian la flexibilización de la norma para adaptarla a la realidad, ya que solo una veintena de negocios la cumplen

I. RUIZLORCA

El Ayuntamiento y los hosteleros están en tregua y trabajan para flexibilizar la ordenanza municipal por ocupación de terrenos de uso público con terrazas, que en los últimos seis meses ha acarreado a los empresarios 36 sanciones por no acatarla. En su mayor parte son multas de 1.500 euros. Algunos acumulan dos y temen la tercera, considerada muy grave, que lleva aparejado el pago de hasta 3.000 euros. Ahora, que ha comenzado el buen tiempo, las plazas están a rebosar pero los hosteleros con servicio exterior tienen miedo, porque la mayoría incumple la normativa.

El principal problema está en el número de mesas que se autorizan por terraza, fijado en un máximo de 20. No puede haber más de 80 personas y la superficie tope de ocupación es de 100 metros cuadrados, el 50% de la acera o plaza donde esté instalada. Los puntos calientes, los que más conflictos generan con los vecinos, son la plazas de Calderón, Condes de San Julián con calle Fiscal Martínez Blanco y plaza Pueblo Saharaui.

La norma, que entró en vigor en 2015, es demasiado restrictiva, según los hosteleros, que la ven imposible de cumplir. «Queremos que haya rigurosidad pero que sea más asequible para nosotros», dice el presidente de la asociación de hosteleros, Hostelor, Francisco Jesús Abellaneda. Muchas de las terrazas se han visto reducidas a la mitad con la consiguiente reestructuración de personal y la pérdida de puestos de trabajo.

Conciliar el descanso de los vecinos, el paso de personas con discapacidad en plazas y calles y el ocio de los ciudadanos es el deseo de todos, pero está resultando muy complicado de ajustar. Solo una veintena de negocios de hostelería han obtenido licencia de apertura. «Es casi imposible conseguir una licencia teniendo en cuenta además que cualquier cafetería o restaurante no puede tener televisión y que los locales con licencia musical tienen prohibido instalar mesas en la calle».

«Hay cuestiones mejorables»

El concejal de Patrimonio, Francisco García, reconoce que «hay cuestiones mejorables en la ordenanza. Tenemos redactada buena parte de la modificación que será más realista, dada la experiencia práctica de su aplicación». Con el consenso de vecinos y asociaciones de personas con discapacidad , «que han sido las más exigentes hasta ahora», desvela García, se relajarán asuntos controvertidos como la distancia entre las mesas, el espacio que ha de quedar libre para transitar con comodidad con una silla de ruedas o un carrito de bebe.

García niega ir en contra de los hosteleros. La ordenanza entró en vigor hace casi tres años, y tras muchos avisos, sugerencias y requerimientos y una larga moratoria para la adaptación, ahora han comenzado a imponerse las multas.

Otro de los conflictos está provocado por los veladores y carpas, «muchas con problemas para airearse adecuadamente». Algunas tendrán que ser retiradas por estar ancladas al suelo y bloquear el paso de servicios de emergencia ante un incendio o una urgencia sanitaria. En puntos concretos como el casco histórico, la ordenanza es aún más restrictiva en el ámbito de la estética y el ornato público. Se prohibe la publicidad en sombrillas y mobiliario y el color ha de ser claro y homogéneo.

Las quejas de las comunidades de propietarios son duras, «acusan al Ayuntamiento de inacción, no se sienten amparadas», lamenta el concejal de Patrimonio, Francisco García. Algunos están hartos y han acudido al Defensor del Pueblo. «El ruido es algo que no se puede evitar en los lugares donde hay terrazas, pero hay que ser estrictos con el horario de cierre para garantizar el descanso de los vecinos, es fundamental, pero algunos hosteleros no lo quieren ver».

La falta de información ha provocado que «no tengamos claro qué es lo que no hay que hacer para no ser denunciados», asegura el presidente de los hosteleros, Francisco Jesús Abellaneda. A los empresarios les gustaría que la modificación para flexibilizar la normativa entre pronto en vigor porque «estamos sufriendo mucho». Añade que es urgente que las autoridades aclaren «si quieren una ciudad turística o desangelada, con la limitación de terrazas».

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