La subestación eléctrica de San Antonio suma nuevos apoyos para evitar el derribo

Un estudio reivindica su protección como emblema de la arquitectura industrial moderna

Miguel Rubio
MIGUEL RUBIO

La antigua subestación eléctrica acaba de recibir otro respaldo para evitar que termine reducida a escombros. Los arquitectos Jerónimo Granados González y Francisco José Fernández Guirao ven en esas instalaciones, ya fuera de servicio y pendientes de su desmantelación, «un emblema de la arquitectura moderna de la Región» y consideran que las autoridades competentes deberían plantearse su conservación.

Sus argumentos vienen recogidos en una ponencia que presentarán a finales de mes en el décimo primer Congreso Internacional Historia de la Arquitectura Moderna Española, en Navarra. La investigación, titulada 'La modernidad formal de la subestación eléctrica de Lorca', indaga en los orígenes de esta infraestructura, fruto del aumento de la demanda eléctrica de principios de los sesenta, y mantiene que a nivel constructivo la edificación muestra claras influencias de la arquitectura norteamericana y europea de la mitad del siglo XX. «Siguiendo el ejemplo de arquitectos como Mies van der Rohe, Craig Ellwood y Pierre Koenig, o firmas como S.O.M., se apostó por el empleo de formas volumétricas rotundas, construidas mediante elementos prefabricados, estructura metálica y cerramientos de ladrillo, en una distinción clara de elementos portantes y paños de cerramiento, casi una arquitectura de piel y huesos», describen los autores.

En definitiva, y de ahí su importancia, la subestación, un diseño de los ingenieros Sánchez Conde, M. J. Manella y J. J. Jofré, supone un cambio radical con respecto a la arquitectura industrial tradicional. Según Granados González y Fernández Guirao, «las piezas arquitectónicas que conforman el volumen edificado se descomponen en elementos independientes, que muestran su función y su carácter, de manera claramente racionalista tanto en planta como en volumen». El Plan de Paisaje Urbano de Lorca ya propuso en 2015 la conservación de la antigua central transformadora, «probablemente el único ejemplo de arquitectura industrial del movimiento moderno» de la ciudad, argumentaba el documento. Desde la Dirección General de Bienes Culturales admiten que verían «con buenos ojos» catalogar dicho complejo con el fin de dotarlo de algún tipo de protección, aunque de momento dicho departamento de Cultura no se plantea promover dicha medida.

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