La Verdad

Rotundo triunfo de Conchi Ríos en Lorca

Conchi Ríos, este sábado en Lorca.
Conchi Ríos, este sábado en Lorca. / D. GINER / AGM
  • El coso de la ciudad acogió un festival benéfico para la sociación Jesús Moreno, un niño con parálisis cerebral

La torera Conchi Ríos, que cortó los máximos trofeos, fue la triunfadora indiscutible del festival taurino celebrado este sábado en Lorca a beneficio de la asociación Jesús Moreno, un niño de la ciudad con parálisis cerebral, en la que los demás actuantes empataron a dos orejas.

Se lidiaron seis novillos de Madroñiz, el último como sobrero, y uno de El Ventorrillo, lidiado en tercer lugar, todos manejables y colaboradores, excepto el quinto, que ha sido deslucido. El mejor, el cuarto, premiado con la vuelta al anillo. La plaza registró más de tres cuartos de entrada en una tarde calurosa.

Al finalizar el paseíllo, se ha guardado un minuto de silencio por el niño Adrián Hinojosa, que quería ser torero pero falleció de cáncer hace ahora una semana.

Rafaelillo, el más veterano del cartel, estuvo muy resuelto ante su oponente, en tandas sobre todo con la mano diestra, al aprovechar las buenas condiciones del astado por este pitón.

Morita, que llevaba varios años apartado de los ruedos pero quiso colaborar con el festival, se lució en dos tandas al natural en una faena que fue de menos a más a medida que el diestro confió en sus posibilidades y en las buenas condiciones del morlaco.

Miguel Ángel Moreno no llegó a entender a su primer oponente y se sacó la espina con el que regaló como sobrero, en el que compuso la figura con varias series, sobre todo por el pitón izquierdo, que tuvieron continuidad con un toreo templado que llegó a la concurrencia,

Conchi Ríos armó una revolución en la plaza desde el saludo capotero a la verónica, que levantó al público de los asientos, hasta la estocada fulminante con la que acabó con su astado, y entre el principio y el fin de la faena, unas series al natural, largas, templadas y con la mano muy baja.

Filiberto estuvo sobrio en el quinto de la tarde, que fue el más deslucido del festejo, y en el que aunque lo intentó, no llegó a rematar faena. Por su parte, el novillero Parrita demostró que a poco que los toros le ayuden puede llegar a ser una figura del toreo. Le tocó en suerte un astado correoso de una extraordinaria fijeza y que solo veía la muleta del espada, a la que acudió con boyantía en una lidia que transcurrió sobre todo con la mano zurda, aunque cuando se echó la muleta a la diestra, también ejecutó dos series de muletazos de gran calidad.

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