La Verdad

Una puerta de la colegiata estaba dedicada a los tres patronos de Irlanda

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Sobre los nichos aparecen los nombres de los santos irlandeses que se iban a colocar. / Sonia M. Lario / AGM

  • La restauración desvela los nombres de Santa Brígida, San Patricio y San Columba en las hornacinas de la puerta del carrerón

Un secreto bien guardado o un cambio de opinión de los promotores de la colegiata de San Patricio, pero lo cierto es que al construir la puerta de acceso al templo desde la plaza de España, por el carrerón, los artistas que trabajaban en ese momento grabaron en la piedra del frontón triangular, situado sobre los nichos del segundo cuerpo de la puerta, los nombres de San Patricio, en el centro que es el más grande, y de Santa Brígida y San Columba, en los dos laterales.

Si la puerta se terminó en 1586, fecha que figura grabada también y que ahora sale a la luz, se pueden hacer cábalas sobre el momento en que se taparon esos rótulos y se colocaron en los nichos las imágenes actuales, que son una Inmaculada, en el centro; San Francisco de Asís, a un lado, y San Antonio de Padua, al otro, pero sin añadirles los nombres.

La justificación de que los lorquinos dieran el nombre de San Patricio a su mejor iglesia, es bien conocida y se debió al triunfo en la batalla de Los Alporchones el 17 de marzo de 1452, pero los otros dos santos irlandeses parece que no pegaban ni con cola en las tradiciones locales. Brígida y Columba fueron los continuadores de las tareas evangelizadoras de San Patricio en la verde Eire. Los restos de los tres están enterrados en Downpatrick y comparten el patronazgo de Irlanda.

La fachada de mediodía de la colegiata, que se había configurado como un homenaje a los orígenes del Cristianismo en Irlanda, quedó al final más del gusto español y las esculturas que ocupan las hornacinas son, como ya se ha indicado, una Inmaculada flanqueada por dos santos franciscanos, el fundador de la orden, San Francisco, y San Antonio, el santo taumaturgo que mayor aceptación tuvo entre los fieles durante centenares de años. Una capa de pintura o enlucido sobre los nombres grabados en piedra fue suficiente para que se olvidara la primitiva intención.