«Me levantaba agotado, pero lo achacaba a los horarios y al estrés»

Julián Caballero, jefe de la Unidad del Sueño del Morales Meseguer, coloca la mascarilla de la CPAP a Ángel César Navarro en presencia de su pareja, María Jesús Muñoz.
/Javier Carrión
Julián Caballero, jefe de la Unidad del Sueño del Morales Meseguer, coloca la mascarilla de la CPAP a Ángel César Navarro en presencia de su pareja, María Jesús Muñoz. / Javier Carrión

Como la mayoría de afectados, Ángel César Navarro arrastró la enfermedad durante años sin ser consciente del problema

J. P. P. MURCIA

Ángel César Navarro pasó años, décadas, arrastrando su sueño por las esquinas de la oficina, de su casa o de allí donde estuviera. «Por las mañanas me levantaba agotado, y así pasaba todo el día. Por la noche ya no podía con mi alma», recuerda. Su trabajo como diseñador gráfico se resentía, pero también su vida social. Ver una película entera era imposible; salir a cenar con los amigos exigía todo un esfuerzo para no cerrar los ojos antes de los postres. Su médico de familia achacaba el agotamiento a los horarios y al estrés. «Me decía que si me levantaba a las seis y cuarto de la mañana y me acostaba a las doce de la noche, era normal lo que me sucedía».

Como suele ocurrir en esta enfermedad, fue su pareja, María Jesús Muñoz, la que se dio cuenta de lo que sucedía. «Además de los ronquidos, notaba que dejaba de respirar durante varios segundos, hasta que le daba un golpe con el codo y cambiaba de posición», recuerda. Como Ángel no terminaba de creer lo que le contaba su mujer, María Jesús optó por grabarlo con el móvil. Cuando se vio, ya no tuvo dudas. Terminó en la Unidad del Sueño del Morales Meseguer, y desde hace un año lleva una CPAP, una máquina de presión positiva que insufla aire a sus vías respiratorias, impidiendo que se cierren mientras duerme. Llevar el aparato ha sido una bendición no solo para él, también para su mujer. «Hace muy poco ruido, y no molesta. Desde luego, mucho menos que los ronquidos de antes», confiesa.

Ángel César Navarro tiene ahora 51 años. Ha ganado en calidad de vida, aunque este invierno ha tenido que abandonar la CPAP porque no conseguía acostumbrarse al chorro de aire, que al bajar la temperatura exterior le resultaba demasiado frío. Por eso ha vuelto a la consulta del Morales Meseguer, donde se le ha facilitado un humidificador para tratar de solventar el problema. Confía así en poder volver a dormir a pierna suelta, libre de la apnea que durante años saboteó su sueño.

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