Paquita se queda sin casa y sin sustento

Paquita Carreño, este jueves, en la puerta de su casa. /Edu Botella / AGM
Paquita Carreño, este jueves, en la puerta de su casa. / Edu Botella / AGM

Una vecina de Las Torres de Cotillas pierde su vivienda y su bar por una deuda que su exmarido contrajo hace 30 años con un prestamista

MARAVILLAS PALOMINOMurcia

Paquita tiene 65 años y es propietaria de una casa y un bar anexo en el torreño barrio de La Condomina. Sus clientes son escasos, sólo sus vecinos y alguna patrulla de Policía Local en su descanso, pero las ganancias le ayudan a sobrevivir hasta que tenga derecho a una pensión. Ayer, sin embargo, esta vecina se quedó con los dos pies en la calle. Fue desahuciada de su casa por una antigua deuda con un prestamista que ella asegura que no adquirió.

«Yo no he pedido préstamos. Es un señor que le dio un dinero a mi exmarido y ahora dice que esto es suyo», explica. «Si me lo hubiera dicho con tiempo, le hubiera pagado. Hace ya 29 años y yo me enteré hace cuatro o cinco. A raíz de ahí estoy luchando, porque a mí no me echan por propietaria, a mí me echan por inquilina», cuenta Paquita, mientras espera nerviosa la llegada de la comitiva judicial, bien arropada por sus vecinos. «Estamos esperando la resolución de un juicio al prestamista por presunta estafa, falsedad documental y falsificación de firmas», recalca su hija, que no se separa de ella.

En contexto

Paquita lleva en su casa y regentando el bar desde que es suyo, adquirido por su suegro, su marido y ella misma. Ella ha pagado sus impuestos como propietaria hasta que el verdadero dueño le exigió la firma de un contrato de alquiler, para, según remarcó su letrado, Alfonso Vidal, «poder desahuciarla por incumplimiento de contrato». Ella se negó. «Estuvieron amenazándome para que firmara. Yo no sé leer ni escribir, así que me puse en contacto con el abogado, que me dijo que ni se me ocurriera firmar».

La pelea en los tribunales arrancó hace un año y, aunque en un primer momento se rechazó la demanda de desahucio, este miércoles una pareja de guardias civiles se presentó en su puerta para avisarla de que el jueves acudirían una quincena de agentes para ejecutar el desahucio.

Sufrió un desvanecimiento

A las doce del mediodía se personó la comitiva judicial, junto a la abogada del demandante, con el objetivo de proceder al desahucio. Una veintena de agentes de la Guardia Civil y la Policía Local les acompañaban. Paquita les esperaba en su puerta, donde rompió a llorar y se desvaneció. Algunos de sus vecinos se apresuraron a meterla en casa, mientras otros llamaban a Emergencias.

La comitiva decidió entonces entrar. Poco después, los agentes formaron un pasillo y comenzaron a sacar gente de la vivienda. En el interior solo se escuchaban ruegos.

Cuando llegó la ambulancia para atender a Paquita, solo quedaban guardias civiles en el interior. Poco después, permitieron entrar a su hija, a la que habían sacado tras un fuerte forcejeo. Una segunda ambulancia tuvo que acudir al barrio de La Condomina para atender a dos vecinas que sufrieron desvanecimientos ante la tensión vivida. «Vámonos para la casa. Vámonos, que no quiero ver salir a la Paquita», clamaban algunos de los vecinos de la zona con un evidente disgusto.

Los sanitarios se marcharon, pero no así Paquita. «Le han dicho que tiene que ir al hospital, pero no quiere dejar su casa», explicó un portavoz de la familia. Finalmente, esta vecina apareció, arropada por su hija y bien agarrada a su delantal, con una palabra de agradecimiento a los agentes que la habían atendido y otra de reproche hacia la abogada del prestamista, que esperaba su salida para poder tomar posesión de la vivienda. Este desahucio deja sin hogar a Paquita, pero también a su hijo y a sus nietos de 7 y 8 años.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos