Nuevas variedades de vid adaptadas al cambio climático

G. LÓPEZJUMILLA

El cambio climático centró la primera de las ponencias con la que se abrió la jornada, a cargo de José Ignacio Fernández, investigador del equipo de viticultura y enología del Instituto Murciano de Desarrollo Agrario y Alimentario (Imida). Fernández desveló los resultados obtenidos en los trabajos que están desarrollando desde principios del año 2000, a través de un programa de mejora de la variedad Monastrell y que está basado en cruzamientos con otras variedades, como Tempranillo, Verdejo, Barbera, Syrah y Cabernet Sauvignon. Se trata de un proyecto realizado gracias a la financiación de fondos Feder.

«El objetivo inicial fue la obtención de vides con un alto contenido polifenólico y que además estuvieran bien adaptadas a las condiciones climáticas de la zona». Para ello, partieron de variedades cultivadas en la finca Hacienda Nueva, situada en el término municipal de Cehegín, y emplearon «como madre», la variedad Monastrell, y «como padres», el resto de las variedades: Tempranillo, Syrah, Barberá y Cabernet Sauvignon.

En una primera fase de selección analizaron la calidad de la uva, y el resultado fue la elección de 44 cruces tintos y 12 blancos, de los que se han plantado veinte cepas y se han elaborado sus vinos. «En una segunda fase fueron analizados con el fin de realizar la selección final». Como resultado de este estudio, concluido en la campaña de 2017, «se han comenzado a registrar tres variedades tintas y una blanca, sin descartar otros posibles registros». En este sentido, el investigador reconoció que todo el equipo del Imida se encuentra «muy ilusionado y esperanzado con las cuatro nuevas variedades, sobre todo con la blanca que incluso supera en calidad a los verdejos».

A estas cuatro nuevas variedades ya les han puesto nombre: Myrtia, que ha dado unos vinos muy afrutados y con notas florales; Enza, que es el resultado de la unión de Monastrell con Cabernet; Gebas, que une a estas dos mismas variedades; y Calblanque, que es la de uva blanca. En definitiva, una nueva línea con variedades sin pepitas para vinificación que aportan en la recolección un menor grado alcohólico.

Según se extrae del estudio realizado, Fernández dijo que «estas variedades cumplen ampliamente con las expectativas iniciales de concentración y adaptación a la zona, donde los vinos resultantes responden a un perfil mediterráneo».

Al cierre de su ponencia, el investigador del Imida animó a todos aquellos que quisieran «a probar unas veinte cepas de estas nuevas variedades, que se encuentran a su disposición, para así poder comprobar el desarrollo en condiciones de terreno reales».

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