«Jumilla es un cruce de caminos al que siempre desearás volver»

Mari Carmen Núñez.
Mari Carmen Núñez. / LV

Mari Carmen Núñez. Experta en enoturismo de Bodegas Juan Gil

GUSTAVO LÓPEZ

Ni imaginaba Mari Carmen Núñez que, después de licenciarse en Periodismo y ejercer la profesión, habría de aventurar sus pasos hacia el mundo del vino. Y lo hizo gracias a la confianza que los dueños de la Bodega Juan Gil, de Jumilla, pusieron en ella. No les defraudó. Al frente del departamento de enoturismo, cada vez más en boga en la Región, revive sus primeros pasos al frente de una de las bodegas más prestigiosas de Murcia. Y también los nuevos retos a los que se enfrenta el sector en los próximos tiempos.

-¿Cómo llega al mundo del vino?

-Durante años trabajé en el periódico de mi pueblo. Pero llegó una época de cambios en mi vida y decidí volver a estudiar, me formé en vitivinicultura, tuve la suerte de conocer a grandes personas del mundo del vino, como es mi amigo Bartolo Abellán y la Familia Gil, que me apoyaron en el camino.

-¿Alguna vez pensó que este sería su futuro profesional?

-Cuando lo pensé ya estaba metida en él y, sinceramente, ya no veía mi futuro sin estar vinculada a este sector, en mi caso particular, a la gran familia a la que estoy unida por el vino.

-Las mujeres prevalecen en este sector hasta hace poco ocupado tan solo por hombres...

-Sí. Entiendo que lo que ha pasado es que todos hemos ido madurando, quitando tabúes y dejando que sea la capacidad de cada cual la que determine si se es válido o no independientemente del sexo. Creo que debemos seguir avanzando todos y esta pregunta llegará un día en el que no necesitará plantearse, porque se aceptará con toda la naturalidad del mundo.

-Se encarga del Departamento de Enoturismo de un grupo empresarial tan importante como Juan Gil Bodegas Familiares. Eso es una auténtica responsabilidad.

-Una gran responsabilidad y un orgullo. No es fácil gestionar este apartado. Juan Gil ha crecido mucho en muy poco tiempo, pero seguimos siendo una empresa familiar, un equilibrio difícil que creo que mantenemos cuando suceden estas dos cosas: quienes nos visitan se despiden con cariño, con un aplauso, aunque esté mal decirlo, y a la vez, los jefes se preocupan cada día de saber si ha ido bien, si a la gente le gusta, si nos falta algo. Desde el inicio, para nosotros este ámbito de la empresa no se encaró como una opción de negocio, sino como una forma de dar servicio a las personas que tenían interés en conocer algo más sobre ese vino.

-¿Y qué se hizo?

-La familia adaptó la bodega, planteada para hacer vino de forma eficiente pero no para visitas, hasta concebir espacios que a nosotras, hablo de Natalia y Verónica, que formamos este departamento, nos permiten atender a las muchas personas de infinidad de lugares que se acercan hasta nosotros.

-Con un trabajo que requiere tanta implicación día a día, ¿cómo consigue compaginar su profesión con su vida personal?

-Con esfuerzo. Lo importante es ser feliz con lo que uno hace cada día. Cuando uno hace aquello que le hace crecer como persona, su entorno crece con él. En mi caso, tengo dos hijos pequeños y es complicado conciliar las dos cosas, pero cada día tienen de su madre. El segundo aspecto para conseguirlo es contar con apoyo. Mi padre me enseñó el camino para conseguir mis sueños, ahora tengo a mi madre y a mi familia, que siempre han dejado que cumpliera mis metas.

-¿Cómo ve el presente del vino de Jumilla? ¿Y el futuro?

-Creo que es ilusionante y ese punto es lo que le hace especial y diferente a su pasado. Cuando uno lo tiene todo y no cree en lo que tiene, es como si no tuviera nada. Ahora seguimos teniéndolo todo, viticultores muy profesionales y honrados, excelentes uvas, mejores bodegas y además creemos en nosotros, sí, el presente es ilusionante y el futuro, si seguimos trabajando, será mejor seguro.

-Si tuviera que invitar a un amigo a venir a Jumilla, ¿qué argumentos utilizaría?

-Acompáñame a mi pueblo, en ese que se hace el vino que se ha colado en tu casa para acompañarte en los momentos especiales y también los cotidianos. Un lugar de parajes áridos, que se trabajan con las manos de la gente que ama su tierra, con tesón, con esfuerzo, con amor; un lugar que embriaga los sentidos por sus tradiciones, por su gastronomía, por su cultura, por su historia y por sus manifestaciones festivas; Jumilla, un cruce de caminos que no te dejará indiferente y al que sin duda desearás volver.

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