José Sosa Martínez El emigrante que trajo las flores

José Sosa Martínez El emigrante que trajo las flores

A mediados de los 70 la Región apenas producía tres millones de flores al año. La media anual ronda ahora los 300 millones de unidades, cien veces más. La explicación a este enorme salto se encuentra en Francia. Allí, concretamente a Niza, emigró desde Puerto Lumbreras en torno a los años 60 José Sosa Martínez, y junto a él otros muchos murcianos del Alto Guadalentín, que como se verá también son claves para este historia.

Sosa, que falleció ayer, un día después de cumplir 76 años, trabajó durante ocho en el país vecino para un empresario de flores. Sus habilidades llamaron la atención de Henri Blanc, creador junto a Alexander Barberet de Barberet & Blanc, una exitosa mayorista de esquejes para flores. La compañía encontró en el lumbrerense al agente que necesitaban para expandir sus productos en el Sureste de España.

José Sosa regresó en 1974 para vender a los agricultores de Alhama, el Campo de Cartagena y Almería esquejes de clavel y asesorarles. En aquella época el material procedía de los cultivos que la empresa tenía cerca de Niza, pero en vista del éxito del negocio, la firma optó por crear los primeros invernaderos locales. Corría el año 1982.

Antonio Sosa regresó de este modo a su tierra con el conocimiento y el dinero suficiente bajo el brazo como para abrir el nuevo negocio. No era el único, junto a él muchos otros vecinos de la zona que habían emigrado a Francia volvieron entonces con un pequeño capital con el que reestablecerse en Murcia. El negocio del clavel, a partir de los esquejes que les procuraba Sosa, parecía ideal: «apenas se necesitaban 2.000 o 3.000 metros de cultivo para que una familia viviera de esto durante aquellos años», recuerda Antonio Sola, actual gerente de Barberent & Blanc en Puerto Lumbreras.

Como se trataba de antiguos emigrantes que no contaban 'a priori' con terrenos, les resultó ideal que solo hiciese falta adquirir fincas mínimas para tirar adelante. El momento coincidió además con el desarrollo de los sistemas de riegos impulsados por la reciente llegada del Trasvase Tajo-Segura. El agua de la nueva infraestructura no llegaba a la zona, pero sí los conocimientos que esta impulsó, aclara Emilio Cano, también de Barberent & Blanc.

De este modo, añade Sola, «el clavel, que se pagaba bien, fue un cultivo de iniciación para multitud de productores que luego se adentraron en cultivos de otras flores y plantas más complejas». Una muestra de esas creaciones adorna hoy el féretro de José Sosa. Descanse en paz.

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