Javier Cervantes

Cervantes, en el detector ATLAS del CERN./JCV
Cervantes, en el detector ATLAS del CERN. / JCV

Murcia, 1994. Ginebra (Suiza) Gestiona el software de lo que puede ser el nuevo acelerador de partículas del CERN, el FCC.

«Solo me planteo seguir aprendiendo y dejar la mejor huella posible»

Aún tiene muy presente en la memoria Javier Cervantes aquel caluroso día de 2016 en que abrió el correo en su ordenador y comprobó que había sido seleccionado para participar en un programa de estudiantes de 14 meses en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), en Suiza. «Comencé a gritar y a saltar de alegría por la casa, y llamé corriendo a mis padres para darles la noticia, aún temblando por la emoción». No se puede negar la ilusión que transmite este joven de 23 añitos por su trabajo, que desarrolla en uno de los epicentros de la investigación científica mundial. Sin haber sido «el típico niño que sabía programar desde la escuela», reconoce, lo cierto es que Javier Cervantes se graduó en Ingeniería Informática con Premio Extraordinario de Fin de Carrera y ahora cursa a distancia el Master en Big Data que implantó hace unos años la UMU y que «compagino como puedo con el trabajo».

Después de colaborar en el grupo de desarrollo de software asociado a los revolucionarios experimentos del CERN (ATLAS, CMS, ALICE), en noviembre del año pasado consiguió un nuevo contrato para gestionar el 'cerebro' informático del Futuro Colisionador Circular (FCC). «Un experimento aún en fase de estudio de viabilidad que, de construirse, daría como resultado un nuevo acelerador de partículas con un total de 100 kilómetros de perímetro (el actual acelerador LHC cuenta con 27). Es un proyecto muy ambicioso y un gran reto en distintos campos de la ingeniería, pues estaría situado bajo tierra cruzando el lago Leman y varios kilómetros de montañas cercanas. En este proyecto colaboro también en la parte de desarrollo de nuevos programas capaces de gestionar las grandes cantidades de datos que produciría este experimento, usando técnicas de 'Machine Learning' -o aprendizaje automático-, de manera que sean más eficientes». Resumiendo, Cervantes facilita la labor diaria de los científicos encargados de estudiar las simulaciones y los análisis de datos obtenidos al hacer colisionar las partículas «sin que tengan que preocuparse por las herramientas que utilizan». Entre todos colaboran, aunque sea en una «pequeñísima parte», con el descubrimiento de los secretos del universo y el avance de la ciencia.

Admirador de Elon Musk, sueña con crear su propia empresa y que «tenga un gran impacto positivo en la sociedad»

«Solo me planteo seguir aprendiendo y dejar la mejor huella posible», admite Cervantes, que menciona a su novia -Laura- y a sus padres como «los grandes culpables de que haya llegado hasta aquí». Amante de la naturaleza y de las montañas nevadas de los Alpes, que le permiten esquiar cerca de su casa cuando le place, admira a Elon Musk y sueña con crear su propia empresa para que esta «tenga un gran impacto positivo en la sociedad». De hecho, el mundo que se imagina en una década está «repleto de gente con ganas de colaborar para una sociedad mejor». Repleto de gente como el propio Javier Cervantes. ¿Un Elon Musk murciano?

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