Dos investigaciones plantan cara al nitrato y la salmuera en el Campo de Cartagena

El catedrático Juan José Martínez explica la desnitrificación de la salmuera con astillas de cítricos, en la finca Tomás Ferro. / Pablo Sánchez /AGM

Los biorreactores de madera logran buenos resultados para el riego en el entorno del Mar Menor

Manuel Buitrago
MANUEL BUITRAGO

Sin ayudas oficiales, son los propios regantes y productores del Campo de Cartagena quienes están impulsado un programa de investigación para reducir los nitratos de las aguas salobres de los pozos y hacerlas idóneas para el regadío, con impacto nulo sobre el Mar Menor. La Cátedra de Agricultura Sostenible de la Universidad Politécnica de Cartagena está logrando resultados positivos en los ensayos que lleva a cabo desde octubre en la finca experimental Tomás Ferro de La Palma. En paralelo, dos empresas de tecnología desarrollan un proceso para aprovechar al máximo el agua del subsuelo, basado en la economía circular del agua, también en colaboración con la Politécnica de Cartagena.

Ambos programas tienen en común que responden a la iniciativa privada, con fondos propios, ante la falta de soluciones de los gobiernos central y autonómico. No solo eso: tienen que lidiar con las reparos de la Confederación Hidrográfica del Segura. Ha costado seis meses que el organismo de cuenca les permita usar una desalobradora para poder realizar los ensayos. El diálogo con la Administración es prácticamente nulo, cuando tendría que existir una comunicación fluida en la búsqueda de soluciones que hagan compatible la actividad agrícola y la preservación de la laguna costera.

Existe cautela y optimismo con los resultados, pero todavía hay que esperar meses para poder trabajar en continuo y a escala real, explica el profesor de la UPCT Juan José Martínez Sánchez, director de la Cátedra y miembro del Comité de Asesoramiento Científico del Mar Menor. El estudio piloto que lleva a cabo en la finca experimental consiste en el uso de biorreactores de madera para desnitrificar las aguas salobres y las salmueras. Junto a su equipo -dos becarios, un técnico y dos alumnos-, Sánchez explica que el proyecto se encuentra en la segunda fase, ensayando en contenedores de 600 litros con sustratos ya seleccionados. A escala real, se necesitarían tanques o balsas de más de cien metros cuadrados, que quedarían integrados en el paisaje como una cobertura vegetal.

Los datos aún están verdes, aunque los ensayos han rebajado los nitratos un 90%

Empezó en Estados Unidos

El proceso consiste en el uso de astillas de madera, como fuente de carbono, para que los microorganismos anaerobios reduzcan la concentración de nitratos del agua extraída previamente de los pozos. Los contenedores se inundan de agua y el carbono de la madera estimula el proceso: el resultado final es nitrato transformado en nitrógeno gaseoso que se libera a la atmósfera. La tasa de reducción de nitratos obtenida con este sistema depende de muchos factores -como el tipo de biorreactor, el tiempo de retención en los tanques y la temperatura del agua- y puede llegar a un 90% de efectividad. El uso de biorreactores de madera no es nuevo, ya que se aplicó en los años 90 en aguas del Golfo de México. No obstante, el Campo de Cartagena tiene sus propias peculiaridades, con un acuífero contaminado por los nitratos y rebosando en el Mar Menor debido al elevado nivel freático.

En los primeros ensayos de laboratorio se probó con astillas y virutas de cítricos, huesos de oliva y cáscaras de almendra, explica el catedrático Juan José Martínez. La primera opción resultó la más viable y barata, en comparación con la almendra. El viernes expuso los resultados obtenidos hasta ahora en la finca Tomás Ferro ante una audiencia formada por los impulsores y participantes de la cátedra, como los dirigentes de Coag y Fecoam, Vicente Carrión y Santiago Martínez, y de las empresas colaboradoras. También asistieron miembros del grupo de trabajo de las dos nuevas desaladoras proyectadas en Cartagena y Campoamor, entre ellos José Antonio Cánovas, José García Ruiz, Juan Peñalver y Mariano Zapata.

Fase incipiente

El catedrático de la UPCT y su equipo sienten la presión, pero la compensan con los resultados que están recopilando. «Vamos a toda prisa. Los datos aún están verdes. Estamos en una situación incipiente y no podemos hacer un informe de resultados porque se necesita un año de ensayos para comprobar que funciona. Si lo conseguimos, será muy beneficioso para el Mar Menor y la actividad agrícola del Campo de Cartagena». Opina que sería incluso un modelo exportable a otros países. Al mismo tiempo, confia en que exista mayor colaboración de la Confederación, en la parte que le compete, como es el uso de las desalobradoras y el salmueroducto que se necesitará para evacuar la salmuera. El que había, que construyó el Gobierno central, fue desmantelado hace meses por orden del Ministerio.

Los ensayos realizados hasta ahora, primero en laboratorio y después en depósitos, se han efectuado con muestras de salmuera que tenían 300 miligramos de nitratos por litro. La concentración se ha rebajado a 50. El tope legal para poder verter en el Mar Menor es de 80, señalan. Después de nueve semanas de pruebas se han conseguido datos positivos, con ocho horas de retención de la salmuera en los depósitos de biorreactores. Con el uso, la madera se va lavando y baja el nivel de carbono, por lo que hay que aumentar el tiempo de retención. Todavía falta mucho ensayo-error, pero la Cátedra de Agricultura Sostenible de la UPCT va a por todas.

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