«Mi investigación señala a los autores del robo de la Cruz de Caravaca»

«Mi investigación señala a los autores del robo de la Cruz de Caravaca»

Antonio Alcaraz Martínez. Investigador y escritor

Antonio Botías
ANTONIO BOTÍASMurcia

Antonio Alcaraz Martínez (Murcia, 1949) asegura haber descubierto uno de los grandes enigmas de la historia de la Región: quién o quiénes robaron la Cruz de Caravaca en un caso que jamás fue resuelto. Polígrafo curioso, ha escrito y publicado en diversos campos, desde la ciencia ficción, 'Tal vez mañana' (Editorial Marte, 1974), a las ciencias de la educación, la historia y la grafología. En su última publicación, 'Misterios del Camino de Santiago' (Ed. Punto Rojo, 2014) se recreó en la magia de la senda jacobea. Ahora, en 'El increíble y misterioso robo de la Vera Cruz de Caravaca' pretende revelar cuánto se oculta tras la desaparición de esta reliquia custodiada con celo durante 800 años.

-¿Cuándo y por qué surgió su interés por este tema?

-En el año 2014, acababa de publicar mi libro 'Misterios del Camino de Santiago' y una cosa lleva a la otra. Después de patear repetidamente la senda jacobea, decidí hacer el Camino de la Vera Cruz de Caravaca. Cuando me documentaba para realizarlo sufrí unos aguijonazos en mi impenitente espíritu curioso: ¿Qué es lo que veneraban los peregrinos allí? ¿Qué ocurrió con la desaparecida cruz primitiva? ¿Quién la robo y por qué?

-¿Qué novedades aportará en su próxima obra al respecto?

-Es una investigación absolutamente independiente. No he buscado que ninguna institución o persona que en el pasado pudiera estar relacionada con el tema la patrocinara. No he desechado a priori ninguna hipótesis. No tenía prejuicios ideológicos; solo me interesaban los hechos. Durante tres años, el estudio bibliográfico lo contrasté con entrevistas, investigaciones en juzgados, archivos, hemerotecas... De modo complementario, pero novedoso, incorporé finalmente el estudio grafológico de la personalidad de los principales sospechosos. Este dato vino a confirmar la hipótesis a la que había llegado.

-¿Cree que en su día se investigó en profundidad?

-No se investigó hasta donde se podía. No se llevaron a cabo actuaciones importantes. Determinados poderes impidieron hacerlo. Sirvan de ejemplo los nueve folios arrancados del sumario (1934-1959) y la falta de importantes documentos que son mencionados en las declaraciones de los testigos.

-¿Ha descartado la tesis de que fue la Iglesia Católica la que retiró la pieza para protegerla?

-No he descartado a ninguno de los sospechosos: Iglesia, ayuntamiento, cofradía, masonería, templarios, banda internacional de ladrones de obras de arte, cazadores nazis de reliquias, delincuentes comunes... Pero, aún teniendo en cuenta los antecedentes, son los hechos quienes han señalado finalmente a los culpables.

-Vamos, que se atrevería a apuntar quiénes fueron los autores del robo.

-En mi libro 'El increíble y misterioso robo de la Vera Cruz de Caravaca', de próxima presentación en Librería Diego Marín, señalo a los protagonistas de la desaparición o robo de la Cruz, del relicario y de la reliquia. La obra es un ensayo de intriga del que no debo contar el final. En ella daré los datos objetivos para que el lector llegue a sus propias conclusiones, pero también ofreceré mi hipótesis, señalando a los autores del robo.

-¿Considera que la Cruz se encuentra en España?

-La investigación apunta diversos destinos de la Vera Cruz, dentro y fuera de España, así como también la posibilidad de que fuera desguazada y vendidos separadamente el oro y la preciosa pedrería (diamantes, rubíes y topacios).

-¿Cree usted que algún día se aclarará este suceso?

-Modestia aparte, considero que mi investigación -que es deudora de otras anteriores- aporta mucha luz de cómo sucedieron los hechos: el quiénes, el por qué y el cómo de este histórico robo. Me ha faltado averiguar el exacto paradero actual. Las autoridades podían haber hecho algo más al respecto, yo no. Recuerdo aquel que dijo «si tuviera poder aparecería la Cruz en veinticuatro horas». Este caravaqueño fue asesinado, como también el juez que intentó reabrir el caso. Yo, como escribo cuarenta años después, un atemorizado anónimo denunciante de los hechos, no pretendo ganar la gloria de Dios en vida.

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