Incautan un centenar de plantas de 'maría' en un chalé de Fortuna

Policías locales, ayer, en el registro del chalé de Las Kalendas. / LV

La Policía Local y la Guardia Civil arrestan a dos hombres y a una mujer en un invernadero clandestino en la urbanización Las Kalendas

Jorge García Badía
JORGE GARCÍA BADÍAMurcia

Una patrulla rutinaria de seguridad ciudadana de la Policía Local destapó por casualidad un invernadero clandestino de marihuana en la urbanización Las Kalendas de Fortuna. Unos agentes, según fuentes de la investigación, se percataron ayer de que uno de los chalés podría haber sufrido un robo «porque presentaba signos de haber sido forzado», pero al acercarse a la puerta no hallaron rastro de ningún caco, sino un fuerte olor a 'maría'.

«En la casa no había nadie, pero se podía escuchar cómo estaban funcionando unos ventiladores», señalaron las mismas fuentes. La Policía Local solicitó apoyo de la Guardia Civil y, a primera hora de la mañana, se montó un operativo de vigilancia sobre la marcha para ver quiénes eran los dueños del inmueble. En cuanto un coche aparcó frente a la puerta, los agentes abordaron a la mujer y los dos hombres que se bajaron del vehículo.

En el interior del inmueble hallaron un invernadero con todo tipo de tecnología: extractores de humo, lámparas para potenciar el crecimiento de las plantas... Los investigadores comprobaron que el chalé era una tapadera «porque los muebles estaban apilados, y en el cuarto de baño había decenas de sacos de tierra, abono y sustratos». Además, cada una de las tres habitaciones estaban dedicadas al cultivo de la 'maría'. La Policía Local y la Guardia Civil se incautaron de un centenar de plantas de cannabis.

Uno de los sospechosos aseguró que cultivaban las plantas «para producir semillas de cáñamo para su posterior venta de manera legal». Pero tal argumento no convenció a los agentes, y arrestaron a J.D., de 46 años (de Cádiz), J.H.P., de 39 años (de Archena) y a S.K.H. de 47 años (de Madrid), por un supuesto delito contra la salud pública. El traslado de las plantas en remolques fue grabado por unos vecinos, que, en tono jocoso, comentaban: «¡Qué pena de matas!»

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