«Con humor, la magia es un pretexto para que la gente participe y disfrute»

Rubén Ortega./La Verdad
Rubén Ortega. / La Verdad

Rubén Ortega. Mago

MINERVA PIÑERO

Cuando tenía 12 años, aprendió a hacer desaparecer y aparecer diversos objetos con la ayuda de su tío. Durante su juventud, colmaba los bolsillos de las chaquetas de cartas, pelotas y pañuelos para sorprender con un truco de magia a la mesa más cercana del bar al que entraba. Asentada su vida laboral como directivo, el mago mexicano Rubén Ortega presenta hoy 'Magia', espectáculo audiovisual en el que el público viajará a través de diversas disciplinas como la cartomagia, el escapismo, el mentalismo o la numismagia en la Fundación Caja Mediterráneo de la capital, a las 20.00 horas.

-Cambió España por México en 1999. ¿En qué se diferencia la magia latinoamericana de la europea?

-En la forma del espectáculo. En el país de los burritos, una de las comidas que más echo de menos, la puesta en escena es más ostentosa, y, como si fuera una obra de teatro, los magos utilizan muchas luces, efectos y sonidos. Todos los eventos suelen ser, en cierto modo, más escandalosos, hasta las fiestas de cumpleaños de los niños, actos en los que el payaso contratado acude tanto con técnicos para la música, como con material de iluminación.

-¿Crea o imita sus trucos?

-Normalmente, escojo los juegos que me gustan de otros magos y les doy un toque personal. No soy partidario de copiar a otros profesionales, pero es inevitable realizar este proceso. La clave está en adaptar el truco imitado al carácter que tiene cada persona. Para preparar mi espectáculo, me centro más en la creatividad del guión: con humor, la magia es un pretexto para que la gente participe, se ría y disfrute.

-¿Alguna vez ha pasado miedo encima del escenario intentando escapar, por ejemplo, de un tanque de agua?

-No. De hecho, nunca he realizado el tipo de escapismo que pueda causar daños, o que resulte peligroso. No tengo la condición física atlética que se necesita, y, además, me dan miedo las alturas. No me planteo utilizar ni camisas de fuerza, ni tanques. Por ello, en el momento de las grandes ilusiones, sustituyo la clásica caja en la que se corta a una chica por otra de cartón, y cambio los cuchillos por paraguas. Mi espectáculo se enfoca al humor y se adapta a todos los oyentes, incluidos los niños.

-Explicará al público diversas disciplinas de la magia. ¿Cuál es la más difícil?

-La manipulación, especialidad en la que suelen aparecer objetos en las manos, ya sean cartas, pelotas o abanicos. Tampoco suelo practicarla, pero en 'Magia' haré un número con huevos: aparecerán, desaparecerán, se multiplicarán y se transformarán.

-¿Y la que más le gusta?

-La magia infantil. Muchas veces utilizo un libro en blanco y negro que después se colorea, por ejemplo, con los colores de la ropa que llevan los niños. Como es la disciplina que más me llena y en la que mejor me lo paso, formo parte de la Fundación Abracadabra de magos solidarios en Murcia y Cartagena, entidad que hace magia en los hospitales. Me encanta sacarles una sonrisa.

-¿Hasta qué punto es real el mentalismo?

-Tiene parte de ilusión, de realidad y de psicología humana, pero es algo que solo puede responder quien lo vive. Durante mi espectáculo, el público tendrá un sueño en común que será desvelado al final del encuentro.

-¿Y la magia en general?

-Cuando no entiendes cómo es posible que pase algo y te quedas sorprendido, se convierte en realidad. Existe para quien lo siente, como el amor.

-Ha organizado un festival de magia que comenzó en septiembre. ¿Qué eventos se desarrollarán durante los próximos meses?

-En diciembre se realizará una gala de magos murcianos para demostrar el talento de la Región, y en enero vendrá Carlos Adriano, un mago infantil que los más pequeños no pueden perderse.

-¿Participarán magas?

-Solo contamos con una mujer, también murciana adoptada, como es mi caso. Procede de Venezuela y se trasladó a España hace dos años. Desconozco el porqué, pero hay pocas magas.

-¿Cómo ha respondido Murcia a la magia?

-Bien, aunque aún está despegando. Como el teatro y la música, es un arte escénico que debería tener un hueco fijo en la agenda cultural. Parece que los auditorios se olvidan de su existencia. Si conseguimos que funcione, viajaremos por más comunidades.

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