Huéspedes de cuatro patas

Antonio Lozano, junto a cuatro de los perros que se hospedan en el centro MascotaJardín. / Vicente Vicéns / AGM

Los hoteles caninos vuelven a rozar el 100% de ocupación tras el repunte del turismo, posicionándose como la mejor opción contra el abandono

MARAVILLAS PALOMINOMurcia

Cuando uno se va de vacaciones, los preparativos se hacen interminables: contratar el hotel, preparar la maleta, planificar un botiquín, reconsiderar lo no necesario de esa maleta, sentarse encima de la maleta para poder cerrarla, preparar la mochila (cargador y batería externa -por si acaso-, paquete de pañuelos -consejo de tu madre-, pasaporte y DNI), avisar a la vecina para que te riegue las plantas... Lo dicho, el cuento de nunca acabar. Pero la lista se hace un poco más larga y complicada si a todo eso le añadimos una mascota.

Dependiendo de qué tipo de mascota tengamos, la cuestión será más o menos fácil de resolver. Un pájaro o un hámster es fácil dejarlo a un amigo -no se mueve de su jaula y con pocas indicaciones puede resolverse- y un gato puede sin problemas quedarse en casa, siempre que un vecino esté dispuesto a echarle un vistazo y comprobar que todo va bien. Quizá sean los perros los animales más problemáticos, ya que requieren al menos dos paseos diarios y un nivel de atención un poco superior, un compromiso que no todo el mundo puede estar dispuesto a adquirir, o el dueño de la mascota prefiere no pedir.

Para ellos, la mejor solución de todas es hacer uso de un hotel o de una residencia canina. La diferencia entre ambos conceptos es cuestión de espacio: mientras que en las residencias los perros tienen un espacio reducido, en los hoteles este suele ser más amplio y cuenta con zona interior y exterior (estancia con terraza para el 'mejor amigo del hombre').

Aunque el negocio de los hoteles caninos ha estado de capa caída estos últimos años -si la gente no se puede ir de vacaciones, tampoco deja a sus mascotas-, este año la ocupación ha rozado el 100%. Eso sí, en periodos cortos. “Al principio la gente dejaba a sus perros unos 30 días, pero ahora el período medio de estancia es de 7 días”, afirma Antonio Lozano, cofundador del centro MascotaJardín. “Además, hay quien los deja de jueves a lunes, estrictamente el tiempo que se van de viaje”. Este hotel canino, situado en Molina de Segura, da acogida a mascotas de todas partes de España. “Si alguien viene de viaje a Moratalla de camping o a la playa, lo normal es que deje a su perro en un lugar cercano para poder visitarlo. Antes nos dejaban a sus mascotas muchos madrileños que pasaban de camino al Mar Menor, pero ahora con la retirada de banderas azules ya no vienen, y es una pérdida para el negocio”, destaca.

Antonio Lozano, junto a algunos de los perros que se alojan en su hotel canino. / Vicente Vicéns / AGM // MPD

Cualquiera puede dejar a su perro en un hotel canino, pero tiene que cumplir unos requisitos básicos: estar convenientemente vacunado y desparasitado y, en el caso de los perros potencialmente peligrosos, tener el seguro en regla y dejarlo junto al can cuando se quede. Dejar a tu mascota en este hotel canino cuesta 10 euros por noche e incluye una sesión de adiestramiento si la estancia se prorroga más de una semana. Cada día, los perros se pasean dos veces y salen a jugar por los amplios terrenos con los que cuenta la instalación -temprano en verano, para que no acusen el calor- y reciben comida 'a la carta', adecuada a cada uno de ellos. Además, tienen un veterinario 24 horas por si les pasara algo. “Cuando la gente deja aquí a su perro, que es al que ellos más quieren, es para que lo tratemos lo mejor posible, y es lo que intentamos”, afirma Antonio Lozano. Antes de dejar a sus mascotas, los dueños tienen la posibilidad de visitar el hotel para comprobar que las instalaciones son adecuadas y óptimas para sus perros.

Dejar a las mascotas en un hotel canino es un acto de responsabilidad por parte de los dueños. Antonio Lozano critica la idea arraigada en la sociedad española de que a los perros se les puede soltar con impunidad. “Si fuera obligatorio el chip, no habría tanto abandono”, señala, “pero hay gente que compra mascotas para regalarlas y no les importa que pasará si no pueden hacerse cargo de ellas”.

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