«Los horarios de trabajo están diseñados para hombres que no tienen ganas de llegar a casa»

La experta en educación y escritora Carmen Guaita./Cristina Bezanilla
La experta en educación y escritora Carmen Guaita. / Cristina Bezanilla

«Defiendo la igualdad en la diferencia. Quiero ocupar el puesto al que me lleven mis ganas y mi capacidad, pero quiero mantener mis intereses de mujer», señala la maestra, escritora y ensayista Carmen Guaita

Fuensanta Carreres
FUENSANTA CARRERESMurcia

Maestra por encima de todo, activista de la escuela pública, ensayista, escritora y licenciada en Filosofía, Carmen Guaita ocupó durante trece años la vicepresidencia nacional del sindicato Anpe. Defensora de lo que llama «igualdad desde la diferencia», argumentará su convencimiento de que las mujeres deben ser iguales en lo profesional, y diferentes en lo personal, en su ponencia en la Semana de las Mujeres 'MU y MU', promovida por el Ayuntamiento de Murcia y 'La Verdad'. Será el miércoles a las 18 horas en el Auditorio Víctor Villegas.

-Se define como una activista de la enseñanza pública...

-La educación es mi vida. Di clase 23 años y después estuve trece años trabajando para los profesores como vicepresidenta del sindicato Anpe, pero quería jubilarme en la enseñanza, así que estos últimos cinco años de mi vida profesional estoy de nuevo en el aula, con mucha felicidad. Todas las redes son fundamentales, pero la escuela pública garantiza el derecho a la educación y merece la pena apostar por ella.

«En los institutos vivimos un retroceso en los avances de igualdad, quizá porque no estaban consolidados»

«La brecha salarial también es un problema de puñetazo en la mesa, que es algo que nos falta»

-Acaba de regresar a las aulas; imagino que las habrá encontrado cambiadas. Una de las quejas que más se escucha entre los docentes en los últimos años es el creciente incremento de actitudes machistas, desde el control a través del WhatsApp a la hiperfeminización...

-Es como si estuviéramos viviendo un retroceso de los avances en la igualdad, a lo mejor porque no fueron nunca verdaderos avances o porque no estaban consolidados. Hay una especie de interés de las grandes cadenas de comunicación de masas, en las series..., en presentar de nuevo a la mujer objeto, que es la que tiene espacio en algunos programas de televisión, la imagen que presentan cantantes y modelos, excesivamente condicionada al aspecto físico, con una sexualidad muy agresiva. Yo lo he hablado con mis alumnas porque me preocupa muchísimo la vuelta de la mujer objeto, pero excluyente. En los años cuarenta, la mujer más bella del mundo, Hedy Lamarr, fue la inventora de Internet, y ahora creamos un modelo en el que la igualdad real no es tal. Sobre todo es la mujer objeto, la mujer sumisa... A los chicos se les vende el mensaje de la hiperlatinización, los peores tópicos del macho latino, y me preocupa muchísimo; se escucha en las letras de las canciones, de los rap... Me preocupa mucho que no seamos capaces de encender una luz roja de alarma porque está pasando algo serio.

-Llama la atención que eso ocurra en un ámbito, el educativo, vigilante de la igualdad, y entre una generación en la que la mayoría de referentes femeninos son de mujeres profesionales e independientes.

-Sí, es una generación que además tiene impresa en el ADN la igualdad. Los adolescentes de hoy tienen una gran cantidad de avances impresos en el ADN, como la democracia y el derecho a la igualdad. Sin embargo son muy vulnerables e inmaduros y no tienen capacidad de cribar. Tener impreso en el ADN el derecho a la igualdad y a la vez tararear un rap que habla de una violación no tiene sentido. Necesitan un filtro, y lo tenemos que poner los adultos. Están sumergidos en las contradicciones con las que les bombardeamos.

-La protagonista de su novela 'Jilgueros en la cabeza', Eulalia Requena, es una profesional brillante, pero sujeta a estereotipos, siempre un paso atrás... ¿Representa a una generación?

-Es una mujer con una doble vertiente en su vida. Una es la profesional, y es una profesional como la copa de un pino, pero por otro lado, en su vida privada, mantiene como ocurre muchas veces el estereotipo de mujer agradable, sumisa... Mensajes antiguos que perviven en muchas mujeres. A mí me ha sorprendido la cantidad de mujeres identificadas con Eulalia, profesionales de éxito que en su vida privada mantienen ese estereotipo, que me lo han contado al leer la novela.

-Son decenas de vicerrectoras, pero apenas una rectora; centenares de juezas de instrucción, pero pocas en estamentos superiores, y así, en todos los ámbitos profesionales ¿Por qué no pasan de esa retaguardia de la vanguardia?

-Los americanos se refieren al 'habla de las mujeres' como una forma de lenguaje. El 'habla de las mujeres' es ese momento en el cual, en una reunión, la mujer antes de hablar dice: 'Bueno, a lo mejor estoy equivocada, pero...'. Esa forma de empezar a afirmar lo que quieres decir es como dar un paso atrás, y muestra un titubeo, una inseguridad. Cuando me di cuenta, me observé a mí misma y vi que yo también lo hacía. He tenido que evitarlo esforzándome. Es algo que está impreso.

-Llama también la atención que en un ámbito tan femenino como la docencia, con mayoría de mujeres, fuera usted la primera vicepresidenta de un sindicato nacional. Incluso los portavoces de las organizaciones de estudiantes son mayoritariamente hombres.

-Sucede porque tenemos que darnos cuenta de que es un hecho que los hombres están en la cúpula. Y es el hombre el que tiene que abrir la puerta y decir 'pasa'. Podemos llegar hasta arriba, pero si en la cima hay un hombre, él te tiene que decir 'pasa tú delante'. Eso quiere decir que los avances de la mujer son avances de las personas y necesitan a la otra parte de la humanidad comprometida con esos avances. Para la igualdad necesitamos que los hombres la entiendan y la apoyen. Necesitamos desde el hombre generoso que sí comparte la doble jornada contigo, que eso sí lo tiene hoy la gente joven. Cuando eso sucede, hombres y mujeres se equiparan en competencias, aciertos y errores. Pero hace falta el hombre.

-En los resultados de PISA, frente a las tasas de abandono, en los índices de rendimiento las chicas despuntan. ¿En qué momento se descuelgan, o se autoeliminan?

-Hay psicólogos que lo llaman 'falla sociológica', como si al llegar a la cima una grieta del terreno se tragara a las mujeres. Hoy mismo, practicando con mis alumnos la Democracia, han elegido como presidenta del Gobierno a una niña, que es la más brillante y conciliadora de la clase. En la vida real a esta niña le costará, y esa grieta sociológica probablemente se la llevará. En la carrera de la ambición el terreno de la mujer está lleno de trampas. A muchísimas mujeres los puestos altos no les compensan. Los horarios hechos por y para los hombres, las dificultades de conciliación hechas por y para los hombres. A pesar de todo, creo que si somos capaces de controlar todo eso, las mujeres, las niñas, van a arrasar. La coeducación ha sido un avance inmenso.

-Las enseñanzas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemática por sus siglas en inglés) son las identificadas con mayor proyección de futuro y demanda laboral. Sin embargo, solo las cursan un 25% de chicas. ¿A qué obedece esa brecha?

-Es difícil saberlo. En un programa de radio presento a mujeres que han dejado legado en la ciencia, y la mayor parte tienen un retrato robot de características muy particular, y es que han podido desarrollar su curiosidad y su vocación social. Tenemos un gran reto en el acercamiento de las mujeres a la ciencia; el principal problema es que llevamos miles de años de retraso. Hay también una gran falta de referentes, y por eso tenemos que hablar de ellas. Ese campo está abierto a las mujeres, y entraremos.

-Quizá también es una de las razones de la brecha salarial...

-La brecha salarial también es un problema de autoestima de la mujer, de defensa individual de los propios derechos. De puñetazo en la mesa, que es algo que nos falta. Tenemos muy calado el mito de la supremacía, de que nosotras estamos de favor o estamos de cuota. También es agotador ser pionera. Las chicas jóvenes tienen que luchar por ellas mismas.

-Medidas de discriminación positiva, como becar a las cien estudiantes con mejor expediente para que cursen carreras técnicas, ¿le parecen una solución?

-Son apropiadas siempre y cuando sean temporales. A la larga disminuyen la autoestima de la mujer. Cuando no sabes si estás en un lugar por ti misma o por la cuota, tu autoestima sufre.

-Entre esas trampas en el camino a las que se refería, el cuidado de los hijos tiene un peso determinante.

-Yo creo que ni siquiera es una trampa, es un gran privilegio. Las mujeres debemos tener derecho a hacerlo, a poder conciliar y a tener un horario de trabajo racional. A ver si de una vez por todas modificamos esa cantidad de horas de permanencia en la empresa en las que los trabajadores están mirando el 'Facebook' porque no se pueden ir de la mesa de trabajo. Debemos tener derecho a alcanzar las metas y los objetivos como mujeres. Yo defiendo la igualdad en la diferencia. Quiero ocupar el puesto al que me lleven mi capacidad y mis ganas, pero quiero mantener mis intereses de mujer. A mí me gusta estar con mis hijos, poder abrazar a mi madre a diario. ¿Por qué tendría que renunciar, porque los horarios de trabajo están diseñados para señores que no tienen nada que hacer cuando llegan a su casa y que ni siquiera tienen ganas de llegar a su casa? La verdadera falla, esa grieta que nos traga a las mujeres, la cubriremos cuando podamos decir: 'Soy una mujer, he terminado mi trabajo. Hasta mañana'. Que podamos hacer nuestro viaje, es que yo voy a la pelu también, me gusta ir bien peinada, y poderlo decir a la vez que defiendes el feminismo, es la meta.

-Hablará en Murcia sobre la igualdad en la diferencia. ¿Cómo toma forma?

-Las mujeres hemos estado mucho tiempo encerradas en el corsé de la feminidad; había unas actitudes y pautas que cumplir. El feminismo, para romper ese corsé, construyó otro, que es el de la igualdad por la igualdad. Esta etapa está pasada y el retroceso en la conquista de las mujeres puede deberse a que no hemos sabido romper ese otro corsé y decir: estas son mis capacidad, mi talento, y lo que puedo aportar. Y como soy una mujer me vais a respetar mi vida de mujer. Voy a dar el 100% de mi capacidad. Iguales en lo profesional, distintos en lo personal. En un movimiento feminista excluyente, las mujeres que no renunciamos a la parte masculina de la humanidad, queremos derechos intrínsecos a desarrollar las facetas de la personalidad compleja y rica de cualquier mujer, por la cantidad de rasgos característicos a los que no queremos renunciar. Sí necesitamos una igualdad efectiva en lo profesional y personal.

-En ese retorno a las aulas, ¿ha encontrado a los niños cambiados? ¿Y a las familias?

-Los niños siguen siendo maravillosos y el trabajo docente también. Sí he notado un cambio muy grande en las familias. Una desorientación grande de los padres, y el sentido común que hace falta para educar a un hijo no lo encuentro. Es como si se dejaran llevar solo por el momento presente. Los niños están sobreprotegidos en lo banal y abandonados en lo esencial.

-Las negociaciones para el Pacto Educativo han arrancado. ¿Cree que se alcanzará?

-Es importantísimo y se debería alcanzar. La escuela se ha desengañado de que pueda ocurrir. La escuela vive una revolución de métodos educativos que ha dejado atrás a la política y que se está desarrollando con la buena voluntad y profesionalidad de los profesores.

-Ese cambio de paradigma educativo, basado en un aprendizaje activo y menos memorístico, avanza imparable en los colegios...

-La escuela está en un momento maravilloso, que brota porque hay que dar respuesta a los alumnos. Cuando el escolar llega a las nueve de la mañana al colegio puede llevar una hora y media interactuando con una pantalla, con sonidos, luces, bombas que explotan... y de repente no me puede encontrar a mí con la tiza blanca y la pizarra verde porque se duerme. A la fuerza hay que buscar lo que conecte con su interés real. El profesor ya no es la única fuente de conocimiento. Ahora es un alquimista que transforma las cosas de las que un niño se entera fuera de la escuela en algo que tenga sentido y forme un marco de conocimiento. Junto con la transmisión de valores. Tenemos que luchar por los cambios metodológicos y por defender nuestra esencia y dignidad como docentes.

-El acoso escolar es otro gran reto de la escuela.

-Es muy complicado porque se desarrolla en un ecosistema en el que los adultos no entramos, y cuando dicen que los padres y los profesores somos los últimos en enterarnos, es verdad. La única manera de actuar es creerse que esto está pasando, abrir ojos y oídos, escuchar a nuestros hijos y alumnos y hacer prevención. No podemos esperar a que salga un caso de 'bullying', porque entonces es tarde.

-El acosador, ¿también necesita ayuda?

-Por supuesto, es un niño con desajustes muy graves, que te quita el sueño. La víctima merece y tiene derecho a ser atendida, pero si no trabajamos sobre los problemas del niño acosador, no hacemos nada. Los dos son alumnos tuyos.

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