«Ser gogó no es solo bailar, también significa animar y conocer a tu público»

Tom Cayano.
Tom Cayano. / Edu Botella / AGM

Tom Cayano Bailarín y gogó

MINERVA PIÑERO

Desde que viajó a España con veinte años para disfrutar de las vacaciones, Tom Cayano adopta la piel de policías, bomberos y gánsters mientras su cuerpo se mueve en sintonía con los ritmos comerciales impuestos tanto por grandes locales como por familiares despedidas de soltera. Cautivado por el mundo del espectáculo, decidió quedarse dentro de las fronteras españolas para dedicarse plenamente a su pasión. Mientras que durante la semana se encarga del compás de sus clases de zumba, los fines de semana acompaña a orquestas nómadas y se adentra en la nocturnidad del baile.

-Bailarín de alturas subido a tarimas. ¿No tiene vértigo?

-Bailando con o sin barra, nunca lo he sentido. Cuando estoy en una plataforma, solo pienso en disfrutar del momento, de mi vocación, de bailar. Puede que me haya resbalado alguna vez desde que comencé a trabajar por la noche para poder mantenerme cuando vine a España, pero nunca me he caído. Los deslices suelen surgir cuando eres principiante, periodo en el que no sabes calcular la anchura y el tamaño de las plataformas.

-¿El baile más incómodo?

-Sucedió en Alicante. Cuando llegamos, la empresa que nos contrató nos repartió ropa bastante transparente. Nadie me avisó de que con aquellos trajes de faraón debería haber llevado otro tipo de ropa interior. Como consecuencia, bailé bastante preocupado pensando en cómo me observaba el público. Normalmente, suelo llevar puesto pantalones muy ajustados, botas de militar altas, colgantes y pulseras.

-Botas que han pisado tarimas tanto europeas como americanas. ¿Por cuáles prefiere deslizarse?

-Prefiero las europeas y, en concreto, las españolas. Aunque he estado en ciudades como Orlando y países de la talla de Italia, Portugal, Suiza y Alemania, no hay nada mejor que trabajar en España, donde el público es más cálido. Cuando viajamos al extranjero, casi siempre suavizamos las coreografías.

-Expone su físico. ¿Necesita cumplir algún requisito?

-Aunque hace años existían requisitos específicos como la altura, el cuerpo o tener una cara agradable, actualmente existe de todo: desde altos y guapos gogós que no saben moverse, hasta profesionales que tienen peor físico pero que saben mostrar más picardía bailando. A lo largo de mi carrera profesional he conocido gente que lleva ciertos rellenos en la ropa interior para impresionar, pero, basándome en mi experiencia, creo que es más importante saber seguir los ritmos de la música que cumplir unas medidas físicas específicas.

-¿Cómo afronta ciertos atrevidos peligros que aguarda la noche?

-Normalmente, esos peligros aparecen en las despedidas de soltera. Conforme la noche avanza, surgen las propuestas indecentes. Nunca me he involucrado en ninguna: en el momento en el que cruzas la línea, ensucias tu imagen, y, seguramente, también tu futuro. Algunas personas, por dedicarnos a esta profesión, nos ven como simples símbolos sexuales. El mundo de la noche funciona con el boca a boca y, al final, se recomienda al verdadero profesional. Para escaparme de estas situaciones les digo que tengo pareja, que estoy casado, o propongo otro tipo de plan, como quedarme a bailar un rato más.

-Dejando a un lado las despedidas, ¿se siente mejor valorado en otros ambientes?

-En las grandes discotecas, en las que el único camino que solemos recorrer transcurre desde la tarima hasta el camerino, nos contratan como suplementos. Damos un plus a la fiesta, somos como artistas invitados que no se relacionan con el público, situación en la que no me siento cómodo. Prefiero la cercanía del público, hablar con los clientes y animarlos a que se unan al espectáculo, como suelo proponer en los pequeños locales de los pueblos.

-En cuanto al ritmo de vida, ¿se inclina por el brasileño o el español?

- Lo que más echo de menos de Brasil es la libertad de hacer lo que quiera cuando me apetezca. Dentro de las fronteras españolas, corremos en una constante contrarreloj detrás del dinero, se vive por y para la moneda. En mi país, tengas o no dinero, eres feliz, la gente disfruta del día a día.

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