El fiscal pide cuatro años de cárcel al chófer del autobus de Bullas por imprudencia grave

Miembros de los servicios de emergencias, heridos y víctimas, junto al autobús accidentado el 8 de noviembre de 2014./Guillermo Carrión /AGM
Miembros de los servicios de emergencias, heridos y víctimas, junto al autobús accidentado el 8 de noviembre de 2014. / Guillermo Carrión /AGM

Acusa a Norberto V.G.V. de «omitir elementales deberes de cautela», por salir de la autovía con «una velocidad excesiva y sin la atención debida»

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZ

Cuatro años de prisión. Esa es la pena más grave a la que se enfrenta Norberto V.G.V., el conductor del autobús que el 8 de noviembre de 2014 sufrió un accidente a la altura de la Venta del Olivo (Cieza), en el que perdieron la vida catorce vecinos de Bullas y otros 42 pasajeros sufrieron heridas, diez de ellos muy graves. El Ministerio Público, que acaba de presentar en el juzgado su escrito de calificación provisional, le atribuye de esta forma un total de catorce delitos de homicidio por imprudencia grave y otros 42 delitos de lesiones por imprudencia grave, al considerar que cuando abandonó la autovía A-30 y penetró en un carril de deceleración, para tomar la carretera hacia Calasparra, «omitió elementales deberes de cautela, al hacerlo a una velocidad excesiva para el tramo y sin la atención debida, a consecuencia de la fatiga acumulada por un exceso en la conducción».

A juicio del fiscal delegado de Tráfico de la Región de Murcia, Pablo Lanzarote, las investigaciones que a lo largo de más de tres años se han impulsado desde el Juzgado de Primera Instancia a Instrucción número 4 de Cieza han permitido esclarecer las razones por las que, en su opinión, el conductor perdió el control sobre el autobús y este acabó precipitándose por un desnivel de 10,5 metros, con el trágico balance ya reseñado. Básicamente, tres habrían sido las circunstancias que se habrían solapado hasta desembocar en el siniestro: un supuesto exceso del tiempo legal de conducción, una desatención derivada de la fatiga y un exceso de velocidad al recorrer el tramo de salida de la autovía.

Fallecieron 14 vecinos y otros 42 sufrieron lesiones, 10 de ellos muy graves

Entre los días 7 y 8 habría acumulado un exceso de conducción de 1 hora y 27 minutos

Viaje de carácter religioso

El relato de hechos de la Fiscalía arranca con el contrato que la parroquia Nuestra Señora del Rosario de Bullas cerró con la empresa Taxistas Reunidos SL para realizar un viaje a Madrid, el citado 8 de noviembre de 2014, con el fin de visitar el convento de la Aldehuela, en el que se veneran las reliquias de Santa Maravillas. La citada firma puso a disposición de los excursionistas un autobús propio, un Volvo, y otro de la empresa José Ruiz Campos, marca DAF, con tres conductores, entre quienes figuraba Norberto V.G.V., de 57 años y vecino de Caravaca de la Cruz.

El trayecto de ida se desarrolló sin incidentes. Y en el de vuelta, que comenzó hacia las 19 horas, Norberto se puso al volante del autobús DAF a partir de Honrubia, hacia las 21.15 horas. Durante una hora y 52 minutos, el chófer guió el vehículo sin contratiempo alguno, a una velocidad que en ningún momento superó los 100 km/h. Fue hacia las 23.09 horas cuando el autobús llegó a la altura de la Venta del Olivo y Norberto tomó la salida 89 hacia la carretera RM-714, Jumilla-Caravaca de la Cruz.

Norberto, el conductor, tras pasar por el juzgado.
Norberto, el conductor, tras pasar por el juzgado. / Vicente Vicéns/ AGM

Es en este punto donde el fiscal Lanzarote acusa al conductor de haber «omitido elementales deberes de cautela», lo que le habría llevado a circular por esa vía de deceleración a una velocidad excesiva. Esas aparentes circunstancias habrían motivado que no se percatara de la proximidad de la bifurcación existente al final de la vía, de forma que cuando accionó el pedal del freno era tarde y ya, incapaz de controlar el autobús, tomó el carril equivocado en dirección a Jumilla -no hacia Caravaca-, y fue a chocar contra una valla de protección y a precipitarse por un desnivel.

Aunque era noche cerrada, había buena visibilidad y la calzada se encontraba en condiciones. Ello no evitó que el autobús llegara al inició del último tramo a una velocidad de 83 km/h, cuando en ese lugar estaba limitada a solo 40 km/h, y que, finalmente, impactara contra la barrera lateral a 65 km/h.

En su intento de parar el vehículo, Norberto dejó una huella de frenada de 21,8 metros y otra señal de derrapaje de los neumáticos traseros derechos.

Aunque en el trayecto de regreso, el conductor solo había estado sentado frente al volante una hora y 52 minutos, los investigadores de la Guardia Civil han considerado que incurrió en un exceso de conducción diaria de una hora y 27 minutos. Ello se debe a que se analizaron los servicios que prestó desde el día anterior, 7 de noviembre, a las 16.40 horas. De esta forma, Norberto V.G.V. llegó a acumular entre esos dos días una conducción total de 11 horas y 27 minutos hasta el momento del accidente, «sin mediar un descanso diario normal, reducido o de al menos siete horas».

A causa del siniestro fallecieron 14 pasajeros y otros 42 sufrieron heridas, diez de ellos muy graves. El fiscal considera que el acusado incurrió en imprudencia grave, por lo que reclama una pena de cuatro años de prisión y seis años de privación del carné de conducir.

«¡No frena, no frena!», gritó el conductor antes del siniestro

Los investigadores han podido constatar que el autobús se encontraba en buenas condiciones, ya que había pasado la ITV apenas dos días antes del siniestro y, además, se comprobó que el freno de servicio o de pedal funcionaba correctamente, como también el de mano. La única duda se deriva de que los destrozos que sufrió el vehículo impidieron establecer si el tercer sistema de frenado del que disponen los autobuses, el llamado 'Retarder', estaba en perfecto estado. Algo que tampoco fue posible determinar sobre el ABS o antibloqueo.

Lo cierto es que el conductor declaró ya en su primer interrogatorio que los frenos no le habían funcionado y que incluso llegó a gritar «¡no frena, no frena!». Algo que fue corroborado por varios testigos. Es de prever que una de las circunstancias que habrá que esclarecer en el juicio será si pudo existir un fallo en el freno 'Retarder', que se activa mediante una palanca situada junto al volante, de forma que cuando Norberto pisó el pedal del freno de servicio ya era demasiado tarde.

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