«La fábrica de la seda era un símbolo para San Antón y para toda la ciudad»

Pedro Martínez Meseguer./Nacho García / AGM
Pedro Martínez Meseguer. / Nacho García / AGM

Pedro Martínez Meseguer. Investigador y escritor

Antonio Botías
ANTONIO BOTÍASMurcia

Después de trabajar durante casi medio siglo en el Colegio Oficial de Farmacéuticos, Pedro Martínez Meseguer sintió la necesidad de regalar a su barrio, aquel que le vio nacer, una joya literaria. La idea le surgió mientras contaba a los nuevos vecinos de San Antón cómo era el barrio aquel que solo ya recuerdan unos pocos, así como las tradiciones y la industria, que también la tuvo en la recordada fábrica de la pólvora. Así surgió 'Sanantonerías. Esto y aquello', una obra que ayer, arropado por decenas de amigos y familiares, presentó Pedro en Murcia y que, además del recorrido por la ciudad que perdimos, incluye también cómo discurre la vida en la actualidad en ese barrio que lo vio nacer, donde se enamoró de su esposa, donde acostumbra a leer y a pintar cada día y donde también han crecido sus hijos, nietos y bisnietos. A todos dedica esta flamante obra.

-¿Cómo se le ocurrió la idea de escribir esta obra?

-Hablando con los nuevos vecinos que han llegado en los últimos años, me preguntaban sobre diversos temas referidos al barrio. Y a todos les contestaba yo con doble agrado. Para satisfacer su curiosidad, por un lado, y también para evocar tiempos que ya quedan muy lejanos. Y algunos de estos vecinos me sugerían la posibilidad de reflejar en un libro cuanto habían escuchado en mis historias. Así que me animé a hacerlo para que todos los que lo deseen puedan conocer mejor el barrio.

-¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas?

-El libro se subtitula 'Esto y aquello', es decir, la vida del barrio en estos momentos con su bullir manifestado en instituciones, colegios y numerosos establecimientos de índole diversa. Pero además, incluyo también cómo se desarrollaba la vida hace ochenta años, cuando en esta zona vivían la décima parte de habitantes que hay en la actualidad.

-¿En que ha cambiado más el barrio desde aquellos tiempos hasta la actualidad?

-Le pongo un ejemplo. En la portada del libro aparece la foto de una larga tapia que protegía naves dedicadas al proceso de elaboración de la seda. Esta factoría proporcionaba trabajo a buen número de personas. Era un símbolo para el barrio y también para toda la ciudad. Esto y una añorada vida apacible pueden ser el cambio más sorprendente experimentado en el barrio.

-¿Qué considera que ha aportado el barrio de San Antón al resto de la ciudad de Murcia?

-Podría resumirlo de una forma breve: el enorme crecimiento de la ciudad por el Norte se inicia y realiza al expandirse, precisamente, el barrio de San Antón.

-¿Qué echa más de menos de aquellos tiempos antiguos?

-Los huertos, sin duda alguna, y ahí me planto.

-¿Qué tradiciones recuerda con más cariño?

-Tuve una desconexión con el barrio porque pasé varios años en Madrid estudiando y solo regresaba en vacaciones. Un recuerdo tradicional por delante de otros era la forma en que se realizaba la matanza del cerdo.

-¿Considera necesario que se fomenten más nuestras costumbres?

-El paso del tiempo, como resulta lógico y evidente, va imponiendo ineludibles cambios, siempre determinados por influencias y circunstancias. Se trata de los llamados agentes externos. Lo que considero del todo escasamente tolerable, por otro lado, son las malas maneras, la descortesía, esto es, la mala educación.

-¿Cómo se vivían estas fiestas navideñas que acaban de pasar en su juventud?

-(Risas). Suelo decir, sin descubrir nada, que igual que se viven ahora: comiendo y bebiendo. En la actualidad, sin embargo, se disfrutan más en la calle. Por ejemplo, a la Misa de Gallo acudía muchísima gente.

- ¿A quién o quienes les dedicaría esta obra?

-En el libro figuran dos dedicatorias. Por un lado, la obra se la dedico a todos mis vecinos, a los antiguos y a los más recientes, para que se sientan acogidos. La segunda dedicatoria, en mi opinión más íntima, si me lo permite, es para todos aquellos, idos y vivos, de los que me siento deudor en afecto.

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