Los expertos alertan de que el tabaco «es tan adictivo como la heroína»

Asistentes a la sesión de ayer del ciclo 'Cuida tu salud', en el Aula de Cultura de Cajamar./A. D. / EFQ
Asistentes a la sesión de ayer del ciclo 'Cuida tu salud', en el Aula de Cultura de Cajamar. / A. D. / EFQ

Advierten del peligro que supone para la sociedad y el medio ambiente, y recuerdan que en la Región se cobra la vida de 2.750 personas cada año

BENITO MAESTREMURCIA

Ni adicción ni vicio, el tabaquismo es una enfermedad crónica que solo en la Región de Murcia mata a 2.750 personas al año, un dato que podría reducirse a la nada si se adoptaran más políticas restrictivas y un factor más importante: el interés de los propios fumadores. «La dependencia al tabaco es grave y provoca la misma adicción que la heroína», advirtió José María García Basterrechea, jefe de sección de Drogodependencias del servicio de Medicina Interna del Hospital Reina Sofía y director de la unidad de deshabituación en dependencias de tabaco y alcohol del Hospital Quirónsalud Murcia, ayer, en la séptima sesión del ciclo 'Cuida tu salud', que organiza 'La Verdad', con el patrocinio de Quirónsalud Murcia y ElPozo, y la colaboración de la Consejería de Salud.

Los jóvenes caen en las garras de este hábito nocivo entre los 14 y 18 años, más ellas que ellos, principalmente «para ligar o sentirse comunicativo», argumentó, para a continuación alertar de la peligrosidad de las caladas: «El humo que se inspira contiene 7.000 productos y nicotina». «No quiero transmitir datos que asusten, pero se tiran 4,5 trillones de colillas al medio ambiente al año y se estima que habrá 1.000 millones de muertes a lo largo del siglo XXI», mencionó. En esta línea, García Bastarrechea ilustró algunos trastornos motivados por los cigarrillos, como la decoloración dental o el incremento de la impotencia sexual en hombres a partir de los 40 años.

Con todo, envió un mensaje optimista a ese 70% de fumadores que sí quiere dejarlo: «Es posible», al tiempo que añadió: «Pero no fácil». No obstante, animó a empezar el proceso a la vida saludable con pequeños trucos en casa, como retrasar el instante de encender un cigarrillo o ampliar las zonas sin humos.

«El cerebro de un fumador funciona igual que el de un adolescente, que tiene un deseo y va a por él»

En constante relación con el público, el experto puso el acento en los beneficios que aporta el abandono de este hábito, que se aprecian desde los primeros instantes. Por ejemplo, solo a los 20 minutos de apagar el cigarrillo la presión arterial se normaliza, a las 24 horas siguientes disminuye el riesgo de sufrir muerte súbita y a los cinco años se reduce a la mitad la probabilidad de paro cardíaco. También mejora la estética (desaparece el mal aliento) y la economía del hogar, de media, unos 1.440 euros al año. «El tabaco es una pequeña hipoteca», comparó.

Sobre las aportaciones de la psicología clínica al proceso de deshabituación del tabaquismo, tomó la palabra Joaquín Conesa Pérez, especialista en Psicología Clínica, Sofrología y Sofroanestesia del Hospital Quirónsalud Murcia, quien ayuda a dejar de fumar a las personas que lo proponen o por recomendación médico, en el caso del paciente oncológico.

Cuando el usuario no presenta una patología dual (tabaquismo y otra enfermedad), el tratamiento arranca con la terapia conductual, que consiste en hacer deporte o manualidades para despejar la mente, apartar las cajetillas de tabaco de la vista... «Es fácil y las personas responden bien», confesó el cartagenero. El siguiente paso es la terapia cognitiva, con herramientas para que el paciente sea fuerte cuando esté solo ante el peligro, puesto que «su cerebro funciona igual que el de los adolescentes, quienes tienen un deseo y van a por él». Grosso modo, «los fumadores lo tienen bien amueblado, salvo esa conducta, precedida por un pensamiento, que les supera y se convierten en adolescentes», subrayó. En ese momento, Conesa entra en juego con toda la infantería. «Si nosotros atacamos ese pensamiento, de irracional a racional, estamos dando herramientas para que pueda reflexionar en los instantes previos a encender el cigarrillo».

La última etapa es la sofrología, la parte que estudia la consciencia y la conquista de los valores existenciales del ser. En total, el tratamiento dura cinco sesiones, siempre que no hayan complicaciones. Se hablaría de caso fallido si se prolongara entre 15 y 20 sesiones.

«Solo el 3-5% de las personas que intentan solas dejar el tabaco, lo consiguen», indicó Antonio Domínguez Domínguez, especialista en Salud Pública y coordinador de la Unidad de Deshabituación Tabáquica del Ayuntamiento de Murcia. Este programa, en el que pueden participar los empadronados en el municipio a través de su médico de cabecera, ofrece una atención personalizada a cada usuario. «En la segunda consulta (a la semana siguiente del primer encuentro) ya apreciamos el grado de cumplimiento y compromiso que tienen los usuarios», confesó. Con el objetivo de poner una pica en Flandes, se utilizan diferentes 'armas', como fármacos, esprays bucales o chicles, que «son eficaces y, aunque no necesitan receta, es aconsejable que se consulte con el farmacéutico por si hubiera contraindicaciones y para hacer un buen uso». Según Domínguez, este programa tiene que intentarse entre dos y tres veces.

Además, el especialista mostró su rechazo al uso del cigarrillo electrónico, debido a que genera problemas respiratorios y no sirve para dejar de fumar.

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