El escolar en el eje de su propio aprendizaje

Carmen Pérez, con sus alumnos de segundo de Infantil./P. Alonso
Carmen Pérez, con sus alumnos de segundo de Infantil. / P. Alonso

Carmen Pérez Maestra en Puerto Lumbreras

Fuensanta Carreres
FUENSANTA CARRERESMurcia

La sangre que brotó de la pequeña brecha que Luis se hizo en el patio de su colegio de la pequeña pedanía lumbrerense de El Esparragal revolucionó a sus compañeros, de cuatro años, y jaleó su curiosidad innata. Encendida la chispa de la motivación, su maestra, Carmen Pérez, decidió que era un argumento tan bueno como otro para llevar hasta el aula su concepto social de la educación, atenta a los retos que rodean a los chicos, convertidos en agentes de cambio. La sangre de Luis dio para que los niños diseñaran en clase una campaña para incentivar la donación de sangre entre sus vecinos, que saltó los muros de la escuela hasta la guardería y el Ayuntamiento y terminó sensibilizando a todo el pueblo a través del trabajo de los chicos. «Analizaron los componentes de la sangre, idearon un 'rap' para convencer a los vecinos de la importancia de donar sangre, realizaron códigos QR con sus mensajes, pintaron las pancartas...», resume la maestra, que aplica en el aula el Aprendizaje Basado en Proyectos (orientado a resolver problemas concretos). Los chicos, de segundo curso de Infantil, enfrentan este trimestre otro reto: alcanzar la sabiduría de una abuelita africana para resolver el gran problema del continente: la falta de agua. Trabajando por equipos, en rincones del aula según su interés, los niños van acumulando puntos. Enfrascados en su juego, y sin ser conscientes de ello, por el camino aprenden geografía, vocabulario, ciencias naturales, biología, sociales, y toman conciencia de los problemas que enfrenta un mundo global. «Lo hacen estimulados y motivados, conectados con sus intereses, y de una manera, en movimiento, que se ajusta mucho más a su desarrollo natural que estar sentados en su pupitre escuchando una lección».

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