El envejecimiento de la población se ceba con el Valle de Ricote, Abanilla, Aledo y Moratalla

El envejecimiento de la población se ceba con el Valle de Ricote, Abanilla, Aledo y MoratallaGráfico

La escasez de oportunidades y el aislamiento en zonas rurales acentúan la huida de los jóvenes

ZENÓN GUILLÉN y JUAN RUIZ PALACIOSMurcia

La población murciana no es de las más mayores de España en comparación con otras provincias, tal como revelan los últimos datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2017. Sin embargo, existen municipios en la Región que sitúan sus tasas medias de vecinos mayores de 65 años al mismo nivel de envejecimiento que las zonas rurales del país, donde se sufre la falta de jóvenes. Un problema que se focaliza especialmente en el Valle de Ricote, Abanilla, Aledo y Moratalla.

Hasta una cuarta parte de la población de varios núcleos pertenece a la llamada tercera edad, lo que eleva al 16,8% la media regional de este colectivo, destacando las diferencias entre el interior y el litoral. Sin duda, todo un desafío para garantizar la supervivencia de aquellos lugares en el futuro. Mientras tanto, Murcia, Cartagena y Lorca, junto a sus áreas de influencia, se salvan de la quema.

El pueblo de Ricote, que da nombre al valle morisco del río Segura, ocupa el primer puesto del 'ranking' regional en cuanto a población envejecida, con un índice del 26,8% sobre el total de sus 1.315 habitantes. El Ayuntamiento de la localidad ha puesto en marcha varias iniciativas para atraer a gente joven, como una bonificación en el IBI para familias numerosas, descuentos del autobús para universitarios y módulos formativos, y una guardería municipal con cuota reducida. El alcalde, Celedonio Moreno, admite que «el principal problema que hace que los jóvenes se vayan de nuestro pueblo es la ausencia de oportunidades laborales. Por eso, hemos pedido ayuda a las administraciones regional y nacional, para que impulsen políticas que permitan afianzar nuestra población».

«Ojós ha ido perdiendo población; no hubo ningún nacimiento en 2014 y 2015», explican los sociólogos

A Ricote le siguen Ulea, con un 26,2%; Abanilla, con un 25,4%; y Ojós, cuya tasa asciende a 24,9%. «Se trata de municipios que sufren desde hace décadas el problema de la falta de jóvenes, que se agrava cada vez más por la ausencia de oportunidades de trabajo y la carencia de infraestructuras», explica el profesor del departamento de Sociología de la Universidad de Murcia (UMU) y miembro del Consejo de Dirección del Instituto Universitario de Investigación en Envejecimiento, Marcos Alonso Bote Díaz. De hecho, en el pequeño pueblo de Ojós no hubo nacimiento alguno ni en 2014 ni en 2015.

Mención aparte merece el caso de Villanueva del Río Segura, que está experimentando un crecimiento paulatino en los últimos cuatro años, con un salto positivo de 206 vecinos desde 2014, hasta alcanzar los 2.650 habitantes. Así, su tasa de población mayor ha descendido hasta el 16,1%. Y otras localidades como Fortuna y Santomera sí están consiguiendo crecer, lo que deja sus tasas de envejecimiento en solo el 14,4% y el 12,4%, respectivamente.

«Dos problemas que nos preocupan son la pobreza y la exclusión social en los mayores», señalan los expertos

Otro ejemplo revelador es el que representa Aledo, cuyos habitantes fluctúan desde 2013 por debajo del millar. Así, su tasa de mayores se sitúa en el 24,8%, muy por encima de las que tienen sus dos núcleos vecinos en Sierra Espuña, Totana, con apenas un 13,8%; y Alhama de Murcia, con un 15%.

Falta de oportunidades

«Ricote, Ojós, Ulea, Aledo, Moratalla y Abanilla son los municipios de la Región con una mayor tasa de envejecimiento», señala Bote. «En estas zonas existe un proceso acumulativo; una tendencia que se viene produciendo en los últimos cuarenta años», añade. El sociólogo hace hincapié en que «hay dos factores íntimamente relacionados que potencian que los jóvenes se marchen a otros lugares: el carácter rural de estos municipios y su aislamiento con respecto a los grandes núcleos. Existe una clara falta de infraestructuras y de oportunidades». Todo ello, apunta, «provoca un efecto dominó. La gente joven se marcha, no hay parejas que quieran tener hijos, baja la natalidad y solo van quedando personas mayores».

Según los expertos de este grupo de investigación de la UMU, «Ojós, históricamente, ha ido perdiendo población continuamente. Y las cifras son alarmantes también en Ricote, donde en los últimos 20 años se ha reducido la población en unos 300 habitantes. No hay reemplazo poblacional». Bote puntualiza que «los análisis de población son muy apocalípticos, tanto en la Región como en el resto de España. A lo largo de la historia, hay pueblos en los que la población ha acabado por desaparecer. A menos que se produzca un repunte de la economía, en los citados municipios llegará un momento en que solo vivan personas mayores».

Las siguientes localidades alineadas en este incremento del envejecimiento se encuadran en las comarcas del Noroeste y Río Mula. En la primera, se encuentra el caso de Moratalla, con un comportamiento demográfico estancado -en el límite ya de los 8.000 habitantes- que se agrava como consecuencia de un término municipal extenso y diseminado, en el que las personas mayores representan un 23,5%. De hecho, dicho registro es claramente superior al que cosechan las localidades de su entorno, Calasparra (19,4%), Cehegín (19,3%), Bullas (18,8%) y Caravaca de la Cruz (17,9%). Por lo que respecta a la segunda, solo el municipio de Mula se salva de la amenaza de un envejecimiento excesivo, con una tasa del 15,8%, frente a lo que ocurre en Albudeite (20,3%).

En Pliego (20,1%) y Campos del Río (19,2%) se constata la excesiva dependencia de la actividad agraria, junto al escaso desarrollo industrial, lo que reduce mucho el mercado de trabajo y obliga a los jóvenes a marcharse a otros lugares en busca de nuevas oportunidades. Y, por lo que respecta al resto de territorios del interior de la Región, el Altiplano logra mantenerse en un buen índice en cuanto al porcentaje de personas mayores: Yecla resiste con un 15,4% y Jumilla, con un 13,9%. También la Vega Alta dispone de tasas bajas: Cieza se queda en el 16,1%; Archena, en el 15,1%, Molina de Segura cuenta con un 11,9%; y Las Torres de Cotillas, con un 12,8%.

El clima, otro factor

En cuanto a la zona de costa y el Campo de Cartagena, sobresale el caso de Torre Pacheco, que representa la menor tasa de población mayor con apenas un 11%. Pero, según los sociólogos, el clima es otro de los factores que hay que tener en cuenta. «Mazarrón, por ejemplo, es un pueblo envejecido. Existe una importante actividad económica, pero muchas personas deciden irse a vivir allí su jubilación. Por eso crece la tasa en este municipio costero, porque el buen clima también influye», expone Bote. «Además, un territorio que recibe a extranjeros es un territorio vivo».

En el Instituto Universitario de Envejecimiento se desarrollan distintas líneas de investigación atendiendo a diferentes escenas: desde el punto de vista biológico al psicológico y emocional. «Hay lagunas importantes que se tienen que cubrir. Una de ellas es que la sociedad sigue teniendo, aunque cada vez menos, una percepción de la vejez peyorativa», apuntan los sociólogos. «Y otro problema es el aislamiento y la soledad que sienten muchos mayores. Creen que están solos y hay que fomentar iniciativas para que se relacionen con otros mayores», señalan.

Bote añade que «también nos preocupan factores como la pobreza y la exclusión social en el envejecimiento de los mayores. Es un problema que no tiene que pasar desapercibido».

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